19 dic 2010

Madrugada




- Hola... ¿qué haces tan tarde por aquí?

- No podía dormir. Lo he intentado todo. Vaso de leche, valeriana, leer La regenta, música instrumental, ejercicio,... Nada ha funcionado. ¿Y tú qué haces aquí?

- Sabía que vendrías esta noche. Algo me lo decía. Llevo tres años viniendo, esperándote. Sabía que algún día vendrías.

- ¿Qué co...?

- No lo sé. Sólo sé que te conozco. He soñado contigo, con este momento, durante muchos meses. A veces ibas con un vestidito blanco, a veces con vaqueros desgastados, o con shorts... pero no esperaba verte en camisón y el maquillaje corrido.

- Me han despedido hace un par de semanas. Lo último por lo que me preocupo ahora es mi aspecto físico.

- Seguro que a tu vuelta la gente estará encantada de que te haya dejado. Estás preciosa, tal y como aparecías en mis sueños.

- ¿Qué dices?

- Por verte en camisón, digo.

- No seas tonto... volvamos a los sueños.

- Sé tanto de ellos como tú.

- ... La verdad es que me dan igual. Abrázame. Sólo quiero sentirte cerca. Me da igual todo lo demás.

18 dic 2010

Falsa inmortalidad

Nunca pensamos que esas cosas pasan. Nos dicen que tenemos el futuro por delante.

Estudia, por tu futuro. Debes encontrar a alguien con quien compartir la vida. Esfuérzate y verás los resultados.

¿Para qué?

Si Kike hubiera sabido que le quedaban cinco años de vida, ¿se habría metido a hacer Filología inglesa? ¿Se hubiera quedado tardes enteras frente al ordenador o la televisión? ¿No se habría arriesgado y le habría expresado sus sentimientos a la persona de la que estaba enamorado?

Nos venden la moto de la inmortalidad cuando somos tan frágiles como hojas de papel. No nos damos cuenta de que cada día que nos levantamos de la cama tenemos infinitas posibilidades.

Vete a Australia.
Compra un ferrari y condúcelo sin carné.
Experimenta con las drogas.
Acuéstate con tu vecino.
Corre desnudo por la calle.
Coge una pistola y atraca un banco.
Ve a por ella y repite todo lo anterior.

18 nov 2010

Espacios

Escribía todo seguido, sin separar los párrafos. Con frases largas, como para darle profundidad a sus reflexiones. Me ahogaba al leerlo. Para todo era así, no paraba. En la cola del cine sacaba un cuardernito y empezaba a escribir los gastos del mes. En los anuncios de la tele fregaba los platos o hacía la colada. En la cama sacaba el móvil y llamaba a su madre. No le gustaba esperar. Cuando le dije que me iba a Londres me miró con indiferencia. Cuando volví no vino a recogerme al aeropuerto. Entré en su blog, todo seguía igual. Seguía escribiendo sin espacios, sin pausas, sin dejarme respirar.

E s p e r o q u e c a m b i e s, p e ro cuandolohagasyanoestaréahíparati.

9 sept 2010

Castillos en la arena

Pasaba, el tiempo pasaba. Lenta y dolorosamente. Miraba hacia atrás y sólo deseaba poder dejar de hacerlo. Caminaba con la cabeza en alto, fijando su vista en el nebuloso horizonte donde se dibujaban las siluetas de lujosos palacios de los que había oído hablar desde pequeño. Por la cara le resbalaban gotas de sudor que iban marcando el suelo del esfuerzo acumulado. Cada paso era una pequeña victoria de la que se enorgullecía. Poco a poco aprendió a no pararse a pensar, a no mirar atrás, a no dejarse vencer por el cansancio. Pero todo era inútil. Los palacios eran sólo una vaga ilusión, un ideal quizá eternamente inalcanzable. Lo único que tenía era la tierra bajo sus pies. Su pasado, la realidad de lo accesible, su identidad. Había aprendido durante años a amar esa tierra, había construido castillos de arena y había puesto todo su empeño e ilusión en ellos. Eran inútiles, eran frágiles e incluso tontos, eran polvo que el viento se había encargado de esparcir, pero le encantaba pasar tardes, noches enteras manchándose las manos y sintiéndose un niño otra vez. El pasado, la tierra, esos castillos olvidados era lo único que tenía, y lo amaba. Él era la tierra, era polvo, era el pasado. Dejó de caminar. Se dejó caer sobre sus rodillas y besó la tierra.

7 sept 2010

Si tú no vuelves

Una cabecita se asomó de entre las sábanas y nació una sonrisa que iluminó la habitación durante unos segundos. Sus cuerpos se entrelazaron formando una extraña figura expresionista. Los dos tenían un auricular enganchado a uno de sus oídos y una suave música se transportaba hacia su interior llenando sus almas de sentimientos. Las voces hablaban de una estrella que cada noche contaba a dos enamorados que estaban separados qué tal le iba al otro.

- Esta es mi parte favorita.

La melodía de unos violines entró en la habitación desnudando sus almas y haciéndolos flotar por la ventana. Estaban cogidos de la mano y volaban. ¡Volaban!

- No me sueltes, ¿eh?

Se miraban de vez en cuando entre risas. El viento acariciaba sus cuerpos y los hacía moverse rápidamente. Sus libres cabellos bailaban sin un ritmo fijo pero constante. Ella apretó su mano con fuerza y la estrechó contra sí misma. Él le correspondió con una sonrisa tímida que decía todo. Flotaron por los cielos de la pequeña ciudad durante segundos que se hicieron minutos, que se hicieron horas, que se hicieron años, que se hicieron eternos. La música seguía siendo la protagonista, pero se iba debilitando mientras sus cuerpos caían hacia la superficie. Poco a poco iban cayendo hasta llegar a su terraza. La canción los había devuelto a su lugar de origen, había acabado, proporcionándoles un viaje mágico.

- Ponla otra vez. Porfi.

Nunca


Se encontraron en un frondoso bosque, mareados por la niebla que los rodeaba y sacudía en una fría noche de invierno.

-E… ¿eres tú?

Se acercó a él para tocarlo, pero él se apartó bruscamente.

-Pues claro que soy yo, ¿es que no me reconoces?

Detrás de su largo pelo enredado se ocultaban arañazos en su dulce rostro de niño. Estaba cubierto por una capa y apenas se le veían las manos y los pies.

- Déjame verte.

- No.

Ella se acercó más y le quiso tocar.

- ¡Basta! ¡Déjame! ¡Déjame en paz!

- Qué… ¿qué te ha pasado?

- Nada. Soy así. Siempre he sido así. Contigo me escondía, tenía miedo. Te tenía miedo.

Extendió su brazo y consiguió tocarle la cara. Él tenía la cabeza bien arriba, pero miraba hacia el fondo del paisaje, en el horizonte que se dibujaba entre los troncos de árboles. Su boca se mantenía firme y su tensa mirada tenía odio dentro. Estaba a punto de explotar.

- Mírame.

- No.

- Por favor… Mírame.

- Déjame.

- Mí…ra…

- ¡¡Basta!! ¡Déjame! No quiero saber de ti, no quiero que me toques, no quiero que me hables, no quiero que me mires, ¡no quiero nada de ti! ¡Lárgate! ¡Puta!

Ella rompió a llorar agachada entre sus rodillas mientras él se alejaba lentamente. Entendió que alguien le había arrancado el corazón y lo había lanzado lejos, muy, muy lejos.

Una voz se acercó en la noche para darle paz.

- Descansa, pequeña.

Asustada, se giró hacia la voz.

- Nunca lo tuvo.

15 ago 2010

3:00 am


Se sentó en el frío suelo de su habitación con los brazos sobre sus rodillas en silencio. Sus padres estaban al otro lado de la puerta, así como su hermana y todos sus amigos, o al menos los que se llamaban a sí mismos así. Respiró hondo, quería tranquilidad. Alzó la mirada hacia la ventana. Eran las tres de la madrugada y apenas se podían ver unas pocas luces de sus vecinos que todavía no se habían acostado. El paisaje estaba calmado desde aquel cuarto piso, no escuchaba nada salvo su propia respiración. Una lágrima resbaló por su mejilla de repente y sin razón aparente. Se sentía solo, terriblemente solo. Había estado huyendo de la soledad los últimos diez meses, pero sus esfuerzos fueron en vano, puesto que es imposible apartarse de ella y es preciso por ello aprender a quererla. Hacía un calor bochornoso, pero él tenía frío y deseó que alguien le abrazara por detrás y le pusiera su chaqueta. Quería hablar como en los buenos tiempos de corazón a corazón, sin sentir ser juzgado, sólo notando calor y un sentimiento de fraternidad que podría vencer hasta a la muerte. Quería mirar a alguien a los ojos y tocarle el pelo de forma suave sin que hubiera malentendidos por el gesto. Y quería hacerlo sin hablar, escuchando el silencio y prestando atención a las pulsaciones de su corazón. No tenía a nadie a su lado, pero recordó a alguien que algún día le dijo que estaría ahí para lo que necesitara. Cogió el móvil y marcó su número. Colgó rápidamente, no sabía qué decirle. Acto seguido recibió un pitido, era un mensaje de ella, preguntándole si estaba bien. Él no respondió, no hacía falta. Ahora sí tenía la certeza de que no estaba solo, que ella estaba por detrás de él prestándole una mantita y preocupándose porque no pasara frío. Se tumbó en el suelo y lloró con más fuerza que nunca; aquel era un sentimiento que le desbordaba.

14 ago 2010

Juego de niños




Le cerró los ojos en la calle mientras iban de vuelta a casa y lo colocó frente a ella.

"Venga, venga, que te dirijo. ¡Confía en mí!".

Él apretó los ojos con fuerza y se agarró a ella. Ella lo sujetó por los antebrazos y lo fue dirigiendo por la calle.

"¡Acera!".

"¡Te chocas!".

Sus indicaciones se oían entre carcajadas y ella notaba cómo la gente se giraba hacia ellos por la calle y miraba con una expresión asustadiza.

"¡Farola!".

Él también reía y no se notaba miedo en su rostro. Se iba chocando con el borde de la acera, farolas y coches, pero era como un niño que se divierte con un juego en el que sabe que no saldría dañado.

"¡Cuidado!".

Llegaron a su destino después de dar muchos rodeos por la placita de cerca de casa. Él llegó sano y salvo y ganó un abrazo como recompensa. Décadas más tarde miraron atrás y comprendieron que la vida es un juego, donde la felicidad se consigue confiando ciegamente en las personas que amamos.

Dos




En cuestión de segundos mi impresión de ella, formada año tras año durante toda mi vida, cambió por completo. Al oír dos, sólo DOS palabras ella se metamorfoseó completamente y pasó de ser una débil enferma a ser una víctima y que aguantó con todo y que merece toda mi admiración y apoyo. Voy conociéndola, voy identificándome con ella, y voy comprendiéndola y amándola por todo lo que ha pasado.

Las dos palabras eran malos y tratos.

11 ago 2010

Respuesta tardía


Un día en el colegio me pidieron que me dibujara a mí misma. Cogí las pinturas de la caja y me puse a garabatear sobre el papel, me sentía una artista cuando me imaginaba haciendo la tarea. Dibujé una gran cabezota a lápiz lo primero, las manos y piernas después, y me vestí con último con una faldita y un polo blanco, el uniforme del cole. Me puse una diadema y me rodeé de un paisaje verde y sonreíblemente soleado. Pasé a colorear todo con entusiasmo por lo bien que me había quedado. Los lápices de colores iban agotándose muy rápido y yo sacaba la lengua por la pasión que ya desde pequeña me desbordaba al pintar.

Cuando acabé estaba perdida de virutas, suerte que llevaba la bata. Levanté la hoja para verla con perspectiva y vi que algo fallaba. Torcí la boca y fruncí el ceño mientras mordía la parte superior del lápiz. Cuando presté atención a la gran sonrisa que me dibujé me di cuenta de mi error. Todo era falso, faltaba algo que le diera vida a aquel monigote hierático. "¡Un corazón, eso es!" Le pinté un grandísimo corazón con destellos a su alrededor en el pecho que llenó de alegría el pinturrejeado papel. "¡Pero si los corazones no se ven, tonta!" me dijo Paula. Y tenía razón. Me puse triste. Quería dibujar mis sueños e ilusiones, las cosas que había hecho de las que me sentía orgullosa, los sentimientos que guardaba dentro, mis miedos e inseguridades y todos los recuerdos que me hicieron ser como era. Pero no sabía cómo hacerlo y el dibujo seguía siendo uno impersonal e inerte que podía haber hecho cualquiera de mis compañeros.

Me levanté para preguntarle qué hacer a la señorita. "No debes preocuparte tanto por esas cosas, Irene. Eres una niña, cuando te ven mamá y papá o tus compañeros no ven todas esas cosas, porque todo eso está dentro de ti".

Dieciséis años más tarde he vuelto a ver el dibujo.

Sí lo ven, señorita.

10 ago 2010

Entre las hojas

Eran ya las cuatro de la madrugada e hice un alto en la lectura para contar las páginas que me quedaban hasta acabar el capítulo y decidir si merecía la pena o no dejar de leer para irme a dormir. Entonces vi una notita entre las páginas del libro recién cogido de la biblioteca. Era un trozo de papel de cuadros y tenía los bigotes de los agujeros de los lados sin cortar. Algo casero, "probablemente será la lista de la compra" pensé. La curiosidad me hizo abrirla rápidamente y leí una preciosa carta de amor de una hija a su madre que me conmovió:


"Preciosa. Sencilla y completamente preciosa". Pensé en la destinataria de aquel regalo que me hizo el destino. Imaginé dónde trabajaba, cómo era su hija, cuándo recibió la nota y cómo la colocó entonces entre las páginas de aquel mismo libro de psicología que yo tenía entre mis manos en aquel momento. Me sentí por unos segundos feliz al pensar que yo podría ser esa madre algún día, que podría tener una niña que me escriba que me quiere y que si no está cansada me podría contar un chiste por el camino de vuelta a casa. Guardaría todas sus notas en un cuaderno, sería mi pequeño tesoro. Gracias a ese pequeño papel imaginé la vida de otra persona con la que de algún modo he establecido contacto, deseé ser esa madre que durante unos instantes sentí ser, y comprendí el enorme valor de lo que para otra persona puede ser un papelajo cualquiera.

La noche siguiente le enseñé la carta con una sonrisa de oreja a oreja a mi madre, le conté su curiosa historia y ella me respondió con la misma sonrisa y tierna que caracteriza a las madres. Le dije que ojalá ella guardara alguna de mis cartas y me sorprendió al decirme que conservaba uno de mis dibujos que le hizo mucha ilusión recibir. Por lo visto días antes del regalo le pedí que escogiera sus pegatinas de Piolín favoritas de entre las que yo tenía para posteriormente dibujárselas como regalo de cumpleaños. Después de compartir conmigo ese emotivo recuerdo, mi madre me dio un beso en la mejilla y me despedí, tenía la necesidad de escribir sobre todo esto; sobre la relación madre e hija, sobre la importancia de una notita cualquiera, y sobre los vínculos que se pueden crear entre personas que ni siquiera se conocen.

Decidí entonces yo también dejar una nota en el mismo libro, que será esta misma entrada de blog. Después de hacerle la foto a la carta noté con asombro que el dibujo de la parte inferior no es otro que uno de Piolín. Una vez más, el mundo me ha sorprendido y he llorado de emoción. La vida es maravillosa. Espero que con mi nota otro ser humano se emocione y reflexione sobre todo esto y sienta el cariño de una desconocida que le escribe sin importante quién sea ni de dónde venga, una aprendiz que está aprendiendo a amar y a vivir en el más amplio sentido de la palabra.

7 ago 2010

La ciudad maldita

La ciudad estaba maldita. En las calles le asaltaban los fantasmas de unos cuerpos tumbados sobre el césped, sobre un banco cualquiera o paseando de la mano. La ciudad está maldita porque gritaba su nombre, porque con cada paso que daba un recuerdo la asaltaba. Tenía miedo, no sabía quiénes eran esas personas, ni por qué aquellos monstruos la amenazaban de aquella forma. Cada calle, cada cruce, cada parque, cada cafetería, cada estación y cada portal llenaban de gritos de locura su cabeza. Aturdida, L. se sentó en un asiento y le invadió la visión de una pareja besándose y sonriéndose, ella con el maquillaje completamente corrido. Se levantó rápidamente y corrió hasta dejarse caer sobre la hierba, pero ahí tampoco estaba a salvo. La ilusión de una noche estrellada y cubierta de lágrimas hizo que Lucía soltara un grito desgarrador y huyera de nuevo, esta vez a su casa. Esperaba encontrar ahí el cálido abrazo de su madre, que la protegería de todas esas visiones dolorosas e incomprensibles, pero en su casa no había nadie. Entendió que no sólo la ciudad estaba maldita sino que lo estaba todo el mundo, un universo irreal que nunca existió. rompió a llorar, se rompió en pedazos, como muchos años antes lo harían aquellos espectros.

Fátima

Era un ejercicio de confianza grupal, concretamente estábamos trabajando la empatía, y debía representar mi papel después de estar casi media hora preparándolo. El hermano de una supuesta chica, Fátima, era un drogadicto adolescente que se había ido de casa ya hacía un año. Su madre estaba enferma y Fátima no dejaba de atormentarse por no poder ayudar a su hermano. Yo era una de sus tres amigas y debía consolarla. Mis dos amigas y yo tocamos su puerta de entrada. María hizo de anfitriona, representando el papel de Fátima. Nos sentamos los cuatro a hablar sobre su situación. Al principio le costó hablar de ello, pero poco a poco fuimos capaces de que hablara. Ahí, en esa pequeña aula del sótano de la facultad, sentada frente a trece personas que miraban atentamente cómo actuábamos, sentí algo nuevo. Miré sus ojos en todo momento, observé su respiración, sus pausas, sus temblores y movimientos de manos. Ni ella era Fátima ni yo su amiga de la infancia, ni siquiera su amiga, pero los sentimientos que sentía por ella sí eran los de una amiga hacia otra. Le cogí la mano y le hablé sobre lo que pensaba, dándole esperanza para poder rehacer su vida y alejando los malos pensamientos de su cabeza. Le dije que estaría siempre para ella, a cualquier hora del día, y realmente lo sentía. Quería abrazarla, tocarle el pelo. Quería llorar con ella y secarle las lágrimas. Quería quedarnos por la noche a hablar de la vida en pijamas horribles comprados por nuestras madres. El profesor dio la orden de parar con la actuación, pero para mí nunca dejó de hacerlo. Todo había sido real y sentí que había conectado con alguien a quien paradójicamente apenas conocía como pocas veces en mi vida. En un ejercicio de grupo sentí lo que de verdad significa la amistad.

6 ago 2010

Ausencia


Tuuuuuuuuu...

Tuuuuuuuuu...

Nadie cogía el teléfono.

Tuuuuuuuuu...

Sabía que al otro lado estaba J. frente al teléfono, mirándolo de la misma manera en que lo hacía ella. Habían pasado varias semanas sin verse y temían reabrir viejas heridas. Ella no quería llamar, pero se sorprendió a sí misma esperando el pitido impaciente por encontrar un "¿sí?" al otro lado del teléfono que nunca llegó.

Tuuuuuuuuu...

Sabía que estaba al otro lado...

"Coge el teléfono"

Tuuuuuuuuu...

No obtuvo respuesta.

Clic.

Comprendió que era mejor así.

30 jun 2010

El baño

Se quitó la ropa lentamente y se miró al espejo. Llevaba puesta una sonrisa de oreja a oreja recién comprada y unos ojos brillantes que deslumbraban. Eran las cinco de la madrugada cuando se quitó el reloj de pulsera y los pendientes. Abrió el grifo de la ducha, puso la minicadena del salón y se metió en la bañera. Primero sumergió el pie derecho, pero el agua estaba tan fría que lo apartó rápidamente. Esperó a que el agua se calentara para meterse. Una vez la bañera llegó hasta arriba, cerró el chorro de agua y sacó un libro con una fotografía dentro como marca-páginas. Mientras sonaba cierta banda sonora leía y tarareaba a la vez que iba pasando las páginas. La espuma le cubría hasta el pecho y su piel se iba arrugando. Estuvo horas ahí metida, sin importarle nada ni nadie salvo ella misma y ese momento, que era para ella. Se quedó dormida absorta en sus pensamientos y cuando se despertó se notó extraña. Se le había acabado el agua, ¿qué hora sería? Se puso el albornoz y salió a la calle, seguía siendo de noche. Miró al cielo y lo vio entre las estrellas. Quiso elevarse y tocarle, congelar el momento y volar, hacerse inmortal junto a él, ver la pequeñez del mundo entre sus brazos y llorar de alegría. Abrió los ojos y corrió a subir a la superficie de la bañera, casi se ahoga.

29 jun 2010

En aquella otra vida


Si pudiera volvería a conquistarte una y otra vez para hacerlo todo más especial. Me haría llamar Cintia y tendría diecinueve. Te diría que me gusta bailar salsa y que quiero conocer a alguien que me haga volver a creer en el amor. Hablaríamos cada vez más, pasaríamos noches enteras en vilo hablando de la felicidad, de una sonrisa al despertar, de lo bonito que es ver amanecer, del dolor, de la muerte, de canciones de verano, de cine, de bragas de mercadillos, del amor. Sería espontánea y divertida, atrevida y misteriosa; te volvería loco, pensarías en mí día y noche de la misma manera en que yo pienso en ti. Seríamos tú y yo pero con otro nombre, con otra vida, sin miedos ni reproches, sin pasado ni identidad. Veámonos en aquella otra vida.

8 jun 2010

La no-última

¿Sabes... esa sensación? Cuando crees que no te quedan lágrimas ya, cuando supones haber superado todo, cuando piensas que las cosas no te pueden ir peor... y se te hace un nudo en la garganta que hace que te cueste hablar. Cuando lo intentas te sale una vocecilla, y tienes muchas ganas de llorar y soltar toda tu tristeza. Piensas que en cualquier momento romperás a llorar, pero también es posible, te dices, que quizá sea sólo un momento de debilidad, que se te pasará. De repente te cae resbalando por tu cara una lágrima y te das cuenta de que no esto no ha acabado, de que tienes muchas lágrimas todavía para esa persona, que las cosas sí pueden ir peor. Deseas cumplir tus sueños y que venga alguien a secarte las lágrimas y decirte que todo está bien... pero... no hay nadie a tu alrededor y tu único consuelo es llorar tanto que algún día tengas la certeza de que todo terminó.

Día de mierda

Ha sido un día horrible —dijo dejándose caer. Se desplomó con los brazos en cruz sobre su cama aún deshecha y se quedó inmóvil durante segundos que se convirtieron en minutos. —No, ha sido un día de mierda. Resopló y se rascó la cabeza. Cogió su mp3 de encima de la mesilla de noche y se puso los auriculares. Le dio a reproducir sin mirar si quiera la pantalla y escuchó las primeras notas de cierta vieja canción. Respiró hondo y cerró los ojos lentamente. Los acordes sonaban ininterrumpidamente, acompañando su estado de ánimo, abrazándole en aquella noche de mierda. Poco a poco se iba relajando más y más. Se dejó llevar por la melodía de una dulce canción que hacía meses que no oía. Las notas le llevaban a años atrás, cuando era capaz de esbozar una sonrisa, cuando creía tener el mundo entre sus manos y no se preocupaba por algo que echaba de menos: la felicidad. La música le transportó a otro mundo donde corría por una montaña en una tarde soleada y reía a carcajadas. Podía oler el aire fresco que rozaba sus brazos y sus mejillas, y era capaz de sentir el sabor de la victoria. La música era la única compañera que tenía a su lado para darle consuelo en momentos tanto lúgubres como afortunados y la armonía de la canción le arropaba y le daba ánimos. Escuchó palabras de aliento entre esas notas y salió un gemido desgarrador de su garganta. Conforme la canción llegaba a su fin lloró como nunca, recordando el pasado con el pensamiento de había perdido algo irrecuperable. Para... siempre. La canción terminó y paró el aparato. Ahora sólo oía sus propios lamentos, el continuo sorbido de su nariz. Estaba solo de nuevo. Volvió a darle a reproducir.

4 jun 2010

Al otro lado


Son las seis de la madrugada y alguien se despierta oyendo gritos al otro lado de la puerta. Él y ella discuten acaloradamente. Unos cuantos tacos y silencios y unos pasos que corren decididos hacia la puerta. Se oye la llave girar dos veces, un portazo y otros pasos acompañando a un leve lloriqueo. Ahora son sollozos, que más tarde pasan a un gran llanto. Él corre decididamente por la calle hacia su casa airado por la conversación, y ella llora en su cama deshecha y lamentando haber dicho algunas cosas. Al otro lado alguien escucha mientras reflexiona sobre si merece la pena pasarlo tan mal por amor y rememora el pasado de esa pareja. De cuando él le hace tallarines a ella, cuando piden pizzas los martes por la noche, cuando él imita a los japoneses y ella ríe a carcajadas, cuando ella habla de él como el hombre de su vida, cuando mientras ven una película se acarician dulcemente, cuando están solos en su cuarto en silencio porque no sienten la necesidad de hablar. Al otro lado de la puerta ese alguien concluye que el amor es maravilloso, que te hace sentir cosas fascinantes, que te hace una persona viva, alguien diferente capaz de dar todo de ti por otra persona. Ella ya ha parado de llorar; sabe que volverá.

2 jun 2010

La piedra

Iba vagando por el vasto terreno buscando un cobijo donde meter a salvo su corazón —y lo que no es el corazón. Estaba herido y quería reparar todo el dolor que le causaron. Cualquier agujero le servía —para reguardarse, me refiero. Intentaba conquistar una por una las guaridas que encontraba a su paso, contando su historia en cada pueblo, era un peregrino en busca de la felicidad eterna. Le cerraban todas las puertas —literalmente, quiero decir—, le negaban su apoyo detrás de cada una. Hacía frío, estaba desesperado y no sabía ya dónde buscar.

De repente todo se iluminó, vio a lo lejos una gran fortaleza donde podría cobijarse y corrió hacia ella; era lo que estaba buscando, era perfecto. Corría y corría y corría ilusionado hasta que ¡PLAF! tropezó con una piedra del suelo. Le podía haber dado una patada, podría levantarse y seguir corriendo, pero en lugar de eso la cogió entre sus manos con cuidado y se preguntó por qué había tenido una caída tan tonta, y, mientras reflexionaba, se preguntaba también por qué no seguía corriendo. Pensó que podría cogerla y seguir avanzando hacia el castillo, pero comprobó que era demasiado pesada. No tenía ningún valor, pero para él significó algo especial el haberse topado con ella. Se sentó sobre ella a pensar mientras veía a lo lejos la gran bandera hacia la que se dirigía y pensó que el castillo estaría siempre ahí, que hay cientos de ellos repartidos por el camino y tiene tiempo de visitarlos e incluso conquistarlos todos, uno por uno. En cambio esa piedra era única, a pesar de que no le daba nada, y podría ser movida en cualquier momento así que no tenía la seguridad de poder volver allí.

Aquella noche entendió que había estado tan cegado con la idea de poder encontrar un sitio seguro que olvidó apreciar las pequeñas cosas del camino, las que realmente hacen feliz al viajero aunque no las tuviera aseguradas. Se quedó abrazado a la piedra y pasó noches enteras en ese mismo lugar. Podría moverse libremente por los alrededores durante el día, pero siempre volvía por las noches para dormir sobre ese trocito de hierba mojada por el rocío cada mañana, porque le hacía sentir vivo.

23 may 2010

Ayer

Ayer no te podías levantar de la cama, te fallaban las fuerzas y te costaba respirar. Ayer me llamaste y te odiaste, quisiste volver al pasado, quisiste reparar tus errores. Ayer te caías sobre el suelo frío y rompías a llorar como un niño. Ayer estabas solo y todo estaba oscuro. Ayer no había hoy.

Hoy sacudes mareado la cabeza y piensas en ayer como un mal sueño. Hoy te levantas y te haces un bocadillo mientras revisas las noticias del día. Hoy lo comentas con los amigos. Hoy me niegas. Hoy es un juego, es sólo diversión hasta que encuentres otra diversión. Hoy te ríes del ayer. Hoy no hay ayer.

8 may 2010

Sombras


Las decisiones que tomamos... Nuestros actos, palabras. Nuestras miradas y gestos. Todo tiene una consecuencia. Vamos tejiendo el tapiz de nuestro destino rapida e inconscientemente y llegamos al final sin darnos cuenta. ¿Por qué? Nos preguntamos entre lágrimas, pero ya es tarde. Porque no debiste..., porque ahora sólo eres... El recuerdo del pasado es tu sombra. Caminas mirando al frente, todo va bien, pero miras hacia abajo y te das cuenta de que no te puedes separar de ella. Nunca olvides que eres vulnerable, que eres una tonta, que eres una niña.

Disfruta de cada sonrisa porque quizá sea la última.

3 may 2010

Forget-it


Desde hace un mes cada día se está cayendo uno al suelo, y con esa caída también se hunde en mi cabeza un recuerdo que se pierde. Hace dos semanas se despegó aquella tarde sentados en las escaleras, tres días después el concierto, la semana pasada tu primera felicitación de cumpleaños, ayer se cayó nuestro primer beso y hoy lo ha hecho el día en que nos conocimos. Cuando se caen los recojo y me empeño en pegarlos de nuevo, tratando de que no se pierda ninguno de esos momentos, y a la vez me pregunto por qué insisto en recolocarlos. Poco a poco se van cayendo más y con más frecuencia, y con cada caída se van quedando sin pegamento. Desgastados, algún día dejarán de sostenerse sobre la pared y todo habrá pasado. La pared quedará limpia.

29 abr 2010

Paraíso


Un lugar lleno de nubes de color rosa sobre las que andar descalza. Donde la lluvia no me moje y se respire aire fresco. Que tenga ovejitas llenas de lana a las que achuchar. Dormiré en el suelo con un vestido sencillo de color blanco sin despertador cerca. Podré hablar con gente de los cinco continentes y con grandes figuras históricas. Habrá una zona llena de bolitas de plástico de colores sobres las que abalanzarme, otra con fresas azúcaradas y nata montada y otra me transportará a las grandes ciudades del mundo. No habrá complejos. Escucharé música o los sonidos de la naturaleza con un crujir de dedos y cuando quiera protagonizaré mi propia representación teatral. Nadaré en lagos de agua cristalina y subiré montañas sin apenas esfuerzo. Sol y luna alternándose, y cuando quiera ¡PLAF! todo cambiará a mi antojo en un instante. Podré hacer una nueva salita con lápices de colores y paredes de papel, un sitio donde el suelo esté hecho de una almohada gigante y caigan continuamente pétalos de diferentes flores. Alguien me arropará si tengo frío y me dará un beso en la frente. Me sonreirá y me dirá que algún día iremos a ese lugar juntos, que mis sueños se pueden hacer realidad, que se muere de ganas por experimentar la eternidad junto a mí. Que.No.Necesita.Nada.Más.

14 abr 2010

Caída

- ¿Confías en mí?
- ...
- Es la frase de uno de mis personajes favoritos. Ayer te lo nombré. "¿Confías en mí?"
- Sí.
- ¡¡¡Pues salta!!!

Le cogió de la mano y saltaron al vacío juntos.

Asustados, caían, caían, caían. Deprisa, se precipitaban hacia la oscuridad. Lo desconocido poco a poco, conocido. El miedo iba desapareciendo con cada metro que recorrían. Las dudas se disipaban, el suelo se iba abriendo más y más, más y más. Más. Más deprisa. Más fuerte. Más doloroso. Más cerca del fin. Nada les paraba, no veían la salida, sólo querían que aquello terminara. Como fuera, pero que terminara.

- No me sueltes. Nunca. Nunca. Nun...

Sin dejar de soltarse de la mano, seguían cayendo juntos. Sus manos estaban fuertemente unidas pero la caída les iba debilitando. Entre sollozos, se dijeron que se querían. Les fallaban las fuerzas. A oscuras, se sentían aún el uno al lado del otro. Silencio, confusión y oscuridad mientras seguían cayendo.

...

Por fin, golpearon el fondo. Sus cuerpos tenían arañazos y heridas, sus huesos estaban dislocados, rotos, su sangre corría por sus brazos y piernas. Su piel se había vuelto de color amarillo. Sus manos... no sentían sus manos, no sentían nada. Un susurró rompió el silencio.

- ¿Si... gues a... quí... con... migo?

Bajo la lluvia


Una pequeña de cara desdibujada correteaba por el parque un martes por la noche. Su pelo se movía con el viento y los saltos que daba por el barro. Estaba jugando sola, pero reía, reía muy alto. Llovía y se estaba manchando los zapatos ya desgastados, pero no le importaba. A lo lejos, una señora vestida de negro le observaba sentada en silencio bajo un paraguas igualmente oscuro. Mientras lo hacía, se preguntaba por sus padres, por sus amigos, qué hacía una niña de noche sola, por qué reía de esa manera con la que estaba cayendo y el terrible frío que hacía.

La niña se detuvo bajo un árbol ancho y grande e hizo un movimiento con su mano. La señora observó cómo se quedaba pensativa durante unos segundos y se iba rápidamente. Extrañada, la señora de negro se acercó al árbol y leyó una inscripción en su tronco. Sorprendida, encontró su nombre bajo otro rodeados por un corazón. La niña los había tachado.

13 abr 2010

El último abrazo

Se levantó y se puso la camiseta rápidamente. Ella, asustada, no se podía creer que se fuera antes que ella aquella mañana. Mientras se ponía los zapatos, ella seguía sobre la cama esperando un beso en la mejilla, una caricia, un abrazo... Se iba, se iba y quizá nunca más volvería a verle. Él se quedó parado y se sentó en el borde de la cama. En silencio, no se miraron. Ella salió de entre las sábanas, se incorporó sobre la cama y se abrazaron incómodamente. Fue un abrazo frío, un abrazo de despedida, el último abrazo. Por fin se levantó. Los ojos de ella se llenaron de lágrimas y apoyó su cabeza sobre sus rodillas, no quería que le viera. Él abrió la puerta y dudó unos momentos mientras ella seguía llorando sobre la cama. Silenciosos segundos que se hicieron eternos que nunca olvidarán. Por fin, cerró la puerta. Ella pensó que volvería, que no sería capaz de irse, pensó en salir de la cama corriendo por el pasillo y abrazarle, pedirle perdón por todo el daño que le había hecho, pero oyó el portazo final de la puerta. Era el fin. Por fin ella estaba sola en su cuarto y lloró con más fuerza que nunca. Por la puerta se iba su última oportunidad de ser feliz, y ella tenía frío otra vez.

12 abr 2010

Atardecer

Atardece en el coche. Son las ocho largas y tienes cientos de kilómetros por delante. En el horizonte se dibujan las siluetas de árboles y casas que se mueven rápidamente. Intentas capturar el momento, fijar tu vista en un detalle para contemplarlo, pero no puedes. Todo pasa, todo se mueve, todo cambia. Te encanta, pero no puedes. Sacas tu cámara de fotos del bolso. Clic... et voilà! ¡Lo tienes! Pero ni siquiera la cámara ha podido parar aquel atardecer. Todo está borroso. Te lamentas y la guardas. Mientras mantienes tu mirada fija en aquel punto indefinido piensas. No tiene sentido hacer fotos, tratar de alargar en momento. Porque este momento es único, es para ti, y es ahora. Estado de ánimo puro en una imagen. La música en tus oídos suena bajito y el sol está de un color anaranjado que te hace daño a la vista. Es una escena tan normal que pasa a diario un par de veces, pero no te has fijado nunca en su belleza. Nunca lo has visto así y quieres mirarlo directamente, pero su intensidad te lo impide. Sólo queda mirar su reflejo en el asfalto, pero no te importa demasiado porque eres feliz aún sin poder guardar el momento en el bolsillo para enseñártelo cada mañana, sin poder ver el sol, sin poder volver atrás, sin poder compartirlo con alguien, sin poder abrir la puerta del coche para gritar corriendo por el campo que te encanta, que es tan bonito que te dan ganas de llorar.

¿No te da pena? ¿No te da pena?


¿No te da pena? ¿No te da pena? No. Yo fui quien quiso distanciarse por su inmadurez, por su egoísmo, por su falta de educación, por su indiferencia. Porque entro y no veo a quien veía antes. Porque ahora todo ha cambiado, y lo hará más con el tiempo. No nos contamos nada, no salimos juntos ya, podemos pasar días enteros sin hablarnos estando a un metro de distancia.

¿No te da pena? ¿No te da pena? Quizá. Supongo que es lo que suele pasar. La gente se cansa de la gente. El conocer a alguien afín a ti te da un subidón. Hablas y hablas y buscas puntos en común, piensas que quizá por fin has encontrado a alguien para ti, alguien con quien nunca dejarás de tener contacto. Tendrás unos novios y otros, estudiarás unas cosas y otras, tendrás trabajos, quizá hasta les invites a tu boda y al bautizo de tus niños. Crees que siempre habrá alguien que camine paralelamente a ti, de tu mano. Alguien a quien prestarle tu hombro y sobre cuyo hombro llorarás.

¿No te da pena? ¿No te da pena? Sí. Porque estábamos horas hablando, nos contábamos esas cosas, planeábamos un futuro, criticábamos, imitábamos, salíamos de fiesta y nos hacíamos decenas de fotos... Siento que todo eso queda ya en el recuerdo, pero en el fondo sé que puedo contar con todo eso.

Muy, muy en el fondo de la cueva se oyen unos gemidos, algo sigue vivo, y escucharlos hace que pueda seguir avanzando.

9 abr 2010

There's no place like home


De nuevo en mi cuarto. El mismo donde Puri me vestía por las mañanas. Me servía la leche ardiendo y recuerdo que me daba vergüenza decirle que pusiera la taza unos segundos menos en el microondas. Siempre íbamos al colegio con prisas por culpa de eso. Me estaba cinco minutos soplando la leche. El mismo donde lloré cuando dejé a mi exnovio una noche antes de dormir. Donde venía a mediodía cuando me escapaba del comedor porque no me gustaba ni la comida ni la compañía. Donde estudiaba incansablemente día y noche para mis exámenes de Historia del arte. Donde me senté a enseñarle fotos. Donde tantas y tantas veces he estado con mi hermana a mi lado y cualquier excusa nos servía para levantar los ojos de los apuntes y ponernos a reír. Desde donde oigo a mis padres gritar e insultarse. Desde donde lloré como una tonta porque creí que se separaban una noche en que mi hermana se acercó a mi cama y me lo susurró. El mismo donde me encierro para hablar por teléfono con mi abuela. Donde se acercó Susana a preguntarme si quería que me ayudara con mis deberes de inglés. Y el mismo desde el que hoy escribo mirando hacia atrás. Cada rincón, cada superficie, cada esquina, cada estante, cada armario me traen recuerdos indelebles. Hoy las paredes apenas tienen posters, saben que nadie vive aquí. Las mismas que un día me apretaban hasta ahogarme y hoy me abrazan cálidamente. Han pasado muchos años pero no se nota el paso del tiempo. Me pregunto si volveré a pasar mi vida entre estas cuatro paredes. Durante años he pensado que no regresaría, pero estos días me doy cuenta de que no hay nada como mi casa, mi cuna, mi reinado. E inevitablemente me pregunto qué hice mal para sentirme hoy así.

20 mar 2010

Gritar

Y gritarte que te quiero. Decirte desde el otro lado del barranco lo mucho que te necesito en mi vida, que sin ti la tierra se abre y me atrapa entre sus raíces que se me enredan por todo el cuerpo. Que quiero acariciarte, ver tu carita sonreírme sólo a mí. Mirarte a los ojos y adivinar tus pensamientos. Abro la boca y cojo aire para chillarte, pero no tengo voz. El viento sacude mi melena y tú intentas oír desde el otro lado. Finalmente se me escapa un hilo de voz y susurro que no voy a dejar de luchar. Tú me sonríes al otro lado. No me has oído, pero no te hace falta.

11 mar 2010

Mediocridad


El protagonista de esta historia no es un apuesto príncipe de un reino lejano, ni un héroe de fuerza divina y gran corazón. Es un chico normal y corriente, así es como lo describían sus amigos y allegados. No tenía un palacio, ni caballo, ni siquiera tenía dinero para ir al cine los miércoles. Era un joven no demasiado apuesto, a menudo rechazado por las mujeres a las que se acercaba. No tenía ninguna habilidad, ni destacaba por nada en concreto en el colegio. Era lo que se diría un chico mediocre que siempre pasó desapercibido.

Cierto día conoció a otra chica igualmente común, corriente y mediocre a los ojos de la sociedad. Era una chica algo más joven, de pelo rubio ondulado y una preferencia notable por el color verde. Le gustaban los pantalones pitillo, el café solo con un par de sobrecillos de azúcar, el olor a pan recién hecho, explotar las burbujas de los plásticos de embalar e irse a la cama recién duchada y con las sábanas y el pijama limpios. Para él, ella era única; se convirtió en alguien por quien luchar. A partir de ese momento él siempre estaba allí para ella ,fijándose atentamente en esos pequeños detalles que la hacían especial, ofreciéndole su apoyo , esperándola a la salida del trabajo, mandándole mensajes que no esperaban ser respondidos, compartiendo horas en silencio y quietud cuando ella se sentía sola, ingeniándoselas para conseguir dinero e invitarla a cafés solos, en interminables horas de teléfono y transporte, prestándole libros que sabía que podían ayudarla cuando se sentía decaída, robándole el sueño de noche y arropándola con su ternura de día.

De esta forma poco a poco nuestro pequeño y vulgar chico se convirtió en un gran caballero merecedor de su propio cuento. Ninguno de los dos era mediocre ya. Eran cada uno alguien incapaz de algo y de tantas cosas al mismo tiempo, nada y todo para el otro, la causa de la felicidad de otro ser humano. Héroes, al fin y al cabo, disfrazados de mediocridad.

Porque no hay personas corrientes, sino observadores mediocres.

6 mar 2010

Secretos

Se pasaba las noches escribiendo en su cuarto. A veces le daban las cinco o las seis de la madrugada en días en que se encontraba especialmente sensible, y otras se proponía quedarse para ver el amanecer desde su terracita. Escribía sobre amor, sobre celos, venganza, dudas, complicidad, inseguridad, sobre el miedo… Condensaba su vida en pequeños frasquitos de palabras que mantenían vivas sus experiencias. Nadie la leía, ni siquiera ella misma. Le gustaba sentarse frente al ordenador e ir tecleando, dejando fluir sus sentimientos hasta que no quedaba una gota de ellos para poder irse a la cama y descansar.

Una noche él encontró su ordenador encendido. Sabía que Helena se acostaba muy tarde, pero creía que era por cosas del trabajo, como ella le decía. Cuando vio la pantalla brillante en la oscuridad de la noche, como si de una aparición religiosa se tratase, se quedó petrificado unos segundos. La idea de poder acceder a sus secretos más ocultos era tan fuerte como su deseo de irse de casa para evitar violar su intimidad. Estuvo en silencio unos momentos, en tensión, hasta que por fin no pudo evitar correr hacia la mesa para saciar su curiosidad.

Se sentó y rápidamente buscó entre sus documentos. Vio cientos de archivos agrupados en carpetas: Imágenes, Trabajo, Escuela, Portfolio, Máster, Archivos recibidos, Presentaciones… ¿”Amaneceres”? Echó un vistazo allí y descubrió una gran fila de documentos. Nervioso, abrió uno de ellos y leyó las dos primeras líneas “Estoy sola en el salón, Carlos ha salido con unos amigos y me siento algo sola hoy”… Suspiró. Dudó unos instantes antes de continuar leyendo.

Siguió leyendo uno a uno los textos que desnudaban el alma de su compañera. Con cada uno se volvía un poco más débil, un poco más sabio, un poco más infeliz. Lloró mientras leía, pensó en dejar de hacerlo, pero ya estaba totalmente metido en el crimen que le estaba destruyendo. No hacía vuelta atrás. Penetró en sus secretos más profundos, sintió cosas que hasta ese día nunca había notado, reconoció sus propios errores reflejados en el estado de ánimo de Helena, lamentó no haber sabido escucharla cuando gritaba por dentro, no haber estado ahí tantas noches en que salía con sus amigos de cañas y el haber subido al piso de Patri.

Mientras leía recordó que ella siempre le había puesto buena cara cuando volvía borracho, cuando le obligaba a mantener relaciones, cuando se quejaba por la comida o cuando sus camisas no estaban limpias y planchadas. Esa noche comprendió que iba acumulando toda su tristeza durante el día, para por las noches descargar toda su rabia e infelicidad sobre el teclado.

Cuando Helena abrió la puerta le encontró temblando inclinado sobre la mesa. Estaba llorando, cubriéndose la cara. Corrió hacia él para abrazarle, pero él la apartó bruscamente y salió de casa todavía tapándose y dando un portazo. Cuando miró la pantalla del ordenador, entendió todo.

1 mar 2010

Ayer


Recuerda esos días. Una vez más, las imágenes le vienen a la cabeza.
Hay algo más
Esa cuchillada, la sangre y las lágrimas y el sentimiento de impotencia.
Lo nuestro es imposible
Se pregunta una y otra vez cómo puede haber gente así.
En cualquier circunstancia iría
Cómo le ha podido pasar a ella.
Te manipula
Cómo ha podido ser tan tonta.
No volverá a pasar
Cómo es posible que haya tan poca humanidad en un ser irónicamente humano.
Sólo quiero decirte una cosa
Si se va a volver a encontrar con personas con tanta maldad en su corazón.
Me siento liberado
Si
le
va
a volver
a pasar.

...

Vuelve la vista hacia atrás, cuando era una, sola. Limpia, con los ojos vendados, reía ignorante y feliz.

¿Te quieres casar conmigo?

27 feb 2010

Reflejo

En una habitación donde apenas llegaba la luz, él inclinó su cabeza hacia ella y se besaron. Sus labios se acariciaron tímidamente durante sólo unos instantes. Se despegaron y sus ojos se encontraron en la penumbra que los abrazaba. Ella encontró su rostro en la pupila que se clavaba en la suya. Entonces comprendió todo. Entendió por qué estaba allí esa noche, abrazada a un cuerpo que no deseaba, a una ilusión. Le gustaba mirarle a los ojos porque se veía en él. En esos ojos podía verse no sólo a ella sino también sus deseos, sus necesidades y sus infantiles miedos. Sintió que no le miraba a él, que no era él a quien amaba sino a ella misma. Siguió mirando su reflejo durante toda la noche hasta que se quedó dormida entre sus brazos. A la mañana siguiente, él se despertó solo y confundido.

Un momento eterno

Quedaron una tarde para repasar juntos el examen de estadística de primero. Estaban sentados en la biblioteca uno en frente del otro, temblorosos, pero intentando aparentar normalidad. Él hizo un movimiento hacia delante con su silla para ver los ejercicios que su amiga le escribía sobre el folio. Sus corazones latían fuertemente al mismo tiempo, y sus ojos se escondían tímidamente, refugiándose en aquella hoja de papel. Él no estaba prestando atención a las explicaciones, y aprovechó para levantarse e ir señalándole las dudas estando detrás de ella. Mientras ella hablaba en voz bajita, él estaba ensimismado en ella. Olía la colonia que llevaba ese día, de olor parecido a la miel. Su pelo brillaba como si fuera plata recién limpiada, y sus manos se movían nerviosamente sobre su falda de cuadros. A veces durante la explicación las puntas de sus dedos se rozaban o sus ojos se encontraban y se dedicaban una sonrisa prohibida. No le importaba el tema del que hablaban, estaba flotando, soñando con ella a su lado, en un estado de languidez del que no deseaba nunca salir. Quería parar el tiempo, recordar ese aroma eternamente, esa visión de su pelo y sus manos, esas caricias accidentales y el suave sonido de su voz susurrándole. Y lo consiguió recordándolo cada noche.

20 feb 2010

Identidades



Confía en mí, soy la misma persona. Soy quien te escribió aquella noche que te quería, quien te hizo estar noches enteras en vela, quien te roba el hambre y el sueño, el centro de todo tu mundo.

...

¿De verdad?

¿Debo creer que eres la misma persona? ¿O debo mejor dejar el pasado atrás y verte como alguien diferente?

¿Quién eres?

¿Quién serás?

La pequeña serpiente

Está podrida por dentro. Ríe para la foto, pero por dentro está vacía. No llora porque no sabe lo sucia que está. La sociedad le ha infectado. Veo a través de su piel y adivino que no ha luchado por nada salvo por besos arrancados. Nadie le enseñó el valor de una sonrisa. Nunca supo sobre la importancia de conocerse a sí mismo y el mundo en que ha nacido. No está sola. Como ella, millones de pequeñas bacterias se mueven caóticamente, sin destino ni equipaje, hacia una muerte a la que llegarán tras mentiras, hipocresía y un barco lleno de orgullo.

Se pone un vestido ceñido que marca sus enormes caderas y pechos. Se pinta y se hace un peinado nuevo. Se siente guapa. Sale cada sábado buscando su próxima presa y pide que sea alguien que le saque de ese lodo en que está hundiéndose desde hace años. Ya no existen ni príncipes ni princesas, pero no le importa; ella sólo busca sexo y caricias disfrazadas de amor por las noches.

Las mismas lágrimas que arrancó le serán arrancadas a ella. Una vez, y otra, y miles de veces hasta que comprenda el valor de la vida. Como serpiente, vive en un mundo árido y seco del que quizá nunca saldrá. Pero le da igual.

La pequeña seguirá arrastrándose sin preguntarse por su destino. Quizá cuando abra los ojos mire hacia atrás y recuerde todo el daño que ha hecho, pero eso no le preocupa ahora. Duerme tranquila.

7 feb 2010

Nunca


¿Te conozco? ¿Te conoces acaso tú? ¿Podemos llegar a hacerlo algún día? Hoy soy Lara Croft, pero mañana me apetecerá ser Speedy Gonzalez. “Hoy estás rara”. Y siempre seré yo. Diferentes experiencias nos hacen metamorfosearnos, distintas personas, ambientes y situaciones. Hagamos una cosa, pregúntale a cinco amigos que no se conocen entre sí que te describan y compara sus resultados. ¿Lo ves? Cada uno conoce una parte de ti, y todas son tú. Seré tu dulce niña, la destructiva guerrera, la estudiante modelo, la incansable viajera. Nunca me conocerás. Nunca. “A dry martini. Shaken, not stirred”.

30 ene 2010

Profecías


Y Casandra una vez más acertó en su pronóstico. Y Casandra una vez más fue ignorada por su pueblo. Lo que podría parecer un don, la habilidad de poder conocer el futuro, fue la causa de su suicidio. “¿Para qué seguir una vida que está predestinada a la muerte?”

27 ene 2010

Sueño dentro de un sueño


Hoy tuve un sueño. El mismo de ayer, anteayer, y todos los días de la semana y del mes. Estaba con los ojos abiertos, de pie, mirando a mi alrededor a millones de personas luchando ferozmente, como si estuviese en una guerra que lleva luchándose incesantemente durante siglos. Ellas chillaban y lloraban y ellos intentaban consolarlas y se golpeaban. Yo estaba en el centro de la explanada, sola, con los ojos temblorosos y a punto de romper a llorar. Veía humo y mucho desorden, pero alrededor de mí notaba un halo de paz. Los gritos eran ya ecos lejanos para mí, estaba sola y tenía miedo, pero al mismo me tiempo me sentía protegida. En cualquier momento podía dar dos pasos hacia el exterior y ponerme el traje de guerra, pero no podía moverme. Temía salir allá fuera, estaba cómoda. Me daba miedo la vida, y mientras pasaba de ella, ella pasaba por mí.

23 ene 2010

Relato del caballero pálido


Lo encontré de madrugada. Iba deambulando por el bosque solo, con la mirada perdida y completamente pálido. Parecía moribundo, así que me acerqué rápidamente a ofrecerle mi ayuda.

- Dime, noble caballero, ¿qué haces en mitad del bosque tan solo? ¿Qué es lo que te aflige?

El caballero levantó su vista del suelo hacia mí y me dijo con una expresión de dolor en su cara:

- Hace días que no como ni duermo. Perdí mi caballo y no tengo hogar al que volver.

Preocupado, le ofrecí pasar el día en la aldea más cercana, a un par de horas del bosque. Allí podría descansar, comer y prepararse para continuar su viaje. Entonces me relató su historia.

- Una dama me embrujó, y desde entonces camino solo sin pensar en nada salvo mi destino, la muerte. Apareció una noche de entre las sombras. Ella era luz y era calor en mitad de la confusión. Tenía el cabello negro y largo, le caía trenzado hasta su cintura. Nuestras miradas se cruzaron y supe que me amaba. Ilusionado, bajé del caballo y corrí hacia ella para tocarla. No hablamos, pero su mirada me estaba pidiendo que le siguiera. Ella caminaba delante de mí, girándose a menudo y dedicándome esa sonrisa que me enloqueció y me nubló el pensamiento. Seguí corriendo animado por su belleza, sin mirar atrás, sin pensar en las consecuencias, sin preocuparme de mi destino. Recorrí miles de pasos, pasé días persiguiendo su figura... hasta que la perdí. Llegué a un precipicio, ya no estaba. Busqué y caminé para dar con ella, pero todo volvía a ser oscuridad de nuevo y yo caí al suelo desesperado, sin fuerzas para continuar mi camino. La bella dama me embrujó y me condenó a la muerte en vida, ya no quiero reanudar mi camino. Esa visión ha sido todo lo que quería conocer en este mundo, no tengo ya razón para seguir. Así pues, te pido que me dejes morir solo en este mismo punto, donde la vi por última vez. Aún conservo las esperanzas de que vuelva a sonreirme, a ilusionarme con su presencia.

No pude hacer nada, era su decisión. Lo rodeé con una manta y le deseé suerte en su otro camino. Sus historia era aterradora... pero deseé encontrarme yo también con ella.

22 ene 2010

Mientes


Mientes, y tu corazón se va pudriendo un poquito más. Mientes, y cada mentira es un paso hacia tu propia destrucción. Sigues caminando, mirando hacia atrás las pisadas que has dejado sobre el barro. Mientes y te mientes. Te alejas del destino que te propusiste. Dejas atrás tus principios, tus emociones, el frágil niño que solías ser. Te alejas de casa, no sabes tu destino. Arrastras los pies, el cuerpo te pesa y las manos te sudan. Avanzas, y vuelves a mirar hacia atrás. Ves al niño llorar y tus lágrimas empiezan a caer también. Te cuesta ahora mantener el ritmo. Te paras. Sigues caminando. Las zancadas son ahora pequeños pasitos. El camino se hace estrecho y sigues llorando. Te arrastras, luchas por continuar, pero te fallan las fuerzas. Te desplomas sobre el lodo, estás sucio y la lluvia te empapa por completo. La lucha terminó.

20 ene 2010

5:30 am

Las cinco y media de la mañana y el mundo duerme, pero yo me acabo de despertar. Yaces sobre tu cama, arropado hasta los hombros y con esa tierna sonrisa que te aparece al mirarme. Desde aquí puedo sentir cómo a pesar de la distancia te estoy protegiendo de tus peores pesadillas. Esta noche siento que eres mi pequeño tesoro al que tengo que cuidar y alejar de todo el daño que el mundo puede hacer. Sólo sentir que te estoy abrazando, que te voy a recoger cuando caigas, que limpiaré tus heridas cuando te hieran, que puedo sostenerte cuando te balancees me hace feliz y me da ánimos para que mis sentimientos puedan seguir refugiándote. No necesito nada más si puedo pasar todas las noches de mi vida con esta sensación. No ahora. Descansa tranquilo esta noche, pequeño. No dejaré que te pudras.

19 ene 2010

Una nueva ilusión

Él se subió al autobús de vuelta. Habían pasado el fin de semana juntos, en casa de ella, que todavía lloraba al recordar todo lo que había pasado el mes anterior. Hablaban todos los días durante horas, de día y de noche, se enviaban mensajes, dibujaban, se escribían textos y leían otros juntos. Habían sido uña y carne durante esas semanas porque ella no quería estar sola. Se sentía desprotegida, muy vulnerable y frágil. No terminaba de creer que todo lo que había vivido era una mentira, que acababa de descubrir toda la mugre del corazón de su sociedad de repente. Él intentaba hablarle de otros temas para hacerle olvidarlo y ella intentaba estar fuera de casa lo máximo posible para dejar de mirar hacia atrás. Parecía un buen chico, pero no podía evitar compararle a él. Pasaron las semanas y los meses y su corazón pudo ser reparado, aunque quedaron cicatrices. La historia sirvió para que los cuatro estuvieran en su lugar. Ya no había dolor por la distancia, ya no había secretos, ya no había mentiras, ni siquiera cariño hacia él. Sólo quedaba odio en su tierno y débil corazón que aprendió a sobrevivir.

Lucía

Hoy Lucía llevaba un pañuelo recogiéndole la melena. Tenía puesto el uniforme del colegio, estaba muy mona. Tiene cinco años y ya dice que tiene un novio. No me extraña, es guapísima, tiene los ojos y los dientes de su madre y la mandíbula y la nariz de su padre. Cuando se enfada frunce el ceño y se guarda todo para dentro y se convierte en una ricura de niña. Hoy al salir del colegio ha ido contando los pasos que tardaba hasta su casa. Avanzaba cogida de la mano de su padre e iba dando pequeños saltos mientras contaba: "sesenta, sesenta y uno, ochenta, veinte, dos, cien, mil, cinco, treinta y dos...". El paisaje se alegra con su presencia, es el sol que alumbra la clase y la casa. De mayor será arquitecta, ingeniera, abogada o traductora, aunque ella dice que de mayor quiere ser simplemente rica. Es muy avispada y preguntona, y no se calla ni mientras duerme. Cuando va a venir el ratoncito Pérez a casa se pone muy nerviosa porque le da algo de miedo. Su hermano le dice que no tiene de qué preocuparse porque el ratoncito nunca hace daño, pero a Lucía le asusta la idea de despertarse inconscientemente y que el ratoncito se marche corriendo y le deje sin regalo. O peor aún, que se enfade y no vuelva. Su padre le ayudará con las matemáticas cuando sea algo más mayor, y su madre lo hará con el inglés. Su madre ve a ambos venir por la ventana, ella camina dando saltitos y él levanta sus ojos para mirar hacia la ventana. Ella no puede evitar dedicarle una sonrisa desde arriba.

18 ene 2010

Atracción y repulsa

Él era un chico tierno y dulce. Ella era una chica dulce y tierna. Él solía leer y escribir sus propios relatos. Ella solía escribir sus propios relatos y leer. A veces él escribía sobre ella y a veces ella escribía sobre él. A ambos les gustaban los pequeños detalles de la vida. Él creía en el amor y ella creía en el amor. A él le hicieron daño y a ella le hicieron daño. Lloró, y lloró también. Desde entonces nunca más volvieron a confiar en nadie. Constantemente pensaban el uno en el otro y constantemente se veían como su propio reflejo. Todo parecía perfecto, pero él era orgulloso y ella era orgullosa también.

Ambos miraban al mismo espejo, pero sólo podían percibir en el otro el fulgor de sus propios defectos; les era imposible mirar más allá de las corazas que sus heridas les habían hecho forjarse.

Sólo supieron salir adelante conformándose con saber que no estaban solos.

17 ene 2010

Tonta



- Dime, ¿por qué lloras? ¿Qué te pasa? ¡Llámame!
- Nada (Que cualquier chorrada tuya me afecta).
- Que me llames.
- Que no pasa nada (Que día y noche pienso en ti).
- Me estás asustando.
- No pasa nada, tonto (Que el pensar que te puedo perder me ahoga).
- ¿Seguro?
- Sí (Que no soporto la idea de que me ignores).
- Te quiero.
- ... (Que me duele quererte tanto)

16 ene 2010

¿Y qué más?

- Te amo.

- ¿Y eso a qué viene?

- Qué rancia eres, niña.

- Y tú qué raro. Y cursi. Y hortera. Y …

Él le besó la frente y la rodeó entre sus brazos con fuerza.

- No quiero ser morena. Ni quiero que tú seas más alto. No quiero llevar un vestido blanco ni que tú lleves vaqueros. No tenemos terraza ni la casa da a la playa. Pero la hostia te la voy a dar.

Y a una bofetada le siguió una tierna risita.

15 ene 2010

Solo(s)

Quiero que grites. Quiero que llores. Quiero que te asustes, que huyas, que tus dientes castañeteen. Que te fallen las piernas. Que enmudezcas. Que cada músculo de tu cuerpo vibre con una palabra. Quiero que me supliques, que te quedes sin fuerzas. Un texto, una imagen, un sonido, dos líneas, un silencio. Quiero que mis palabras te sacudan, que le den la vuelta a tu mundo, que enloquezcas. Quiero ser la única capaz de conmoverte, de aterrorizarte, de que descubras cosas de ti que ni imaginabas. Quiero EXCITARTE. Que tu cuerpo arda por tenerme, por tocarme, por ser SÓLO tuya. Castigarte, golpearte, morderte, arañarte. QUIERO VIOLARTE. Contaminarte. Infectarte con mi veneno. Intoxicarte de pasión. QUEMARTE. Sentirte dentro de mí. Quiero ser la única para ti. Sólo YO. Sólo a ti. Sólo solos.

Cerdo


Se levantó de la cama y cogió sus bragas. Le dio un beso en la frente, estaba amaneciendo. El muy gilipollas roncaba. Cogió las medias con cuidado de no despertarle y se miró en el espejo pequeños arañazos sobre su cuerpo desnudo. Fue una noche dura y larga. Había sido aburrido tener que fingir con él, no sabía moverse y tenía el cuerpo todavía pegagoso por sus babas. "Menudo cerdo".

¿Por qué?

¿Todavía piensas en mí las veinticuatro horas del día?

¿Sigues buscando las metáforas que te escondo entre mis susurros?

¿Todavía te llegan mis palabras a pesar de la distancia que nos separa?

¿Sigues estremeciéndote cuando te digo que te quiero?

Dime, ¿qué parte de ti se ha ido? ¿Cuál se ha quedado?

¿Acaso estás tan vacío como cuando te fuiste?

¿Por qué ya no te esfuerzas en hacerme sonreír?

14 ene 2010

Falsas apariencias


Delante de la pantalla, una vez más, abrió su blog. Hoy había escrito sobre un coche que se queda sin gasolina casi al final de la carrera. Al día siguiente sobre un vaso roto y la semana siguiente colgó un diálogo entre una persona sorda y otra muda. Nunca escribía sobre él. Todos los días revisaba la página, buscando comentarios, referencias a él, pero nunca encontró nada.

La realidad era que cada palabra escrita, cada comentario, cada foto que se sacaba, cada conversación que tenía lo hacía por y para él. Cada pequeño gesto era una invitación a hablarle, a conocerse mejor, una provocación. A amarse.

Enamorada del pasado

Llevaban años sin verse. Por fin estaban el uno frente al otro, incómodos. Aparentaban normalidad. Hablaron de lo que habían hecho esos años. Ella se había sacado unas oposiciones y había encontrado trabajo en Alemania. Él consiguió un enchufe en la televisión y se había echado novia. Ella había pasado las noches en vela pensando en lo que pudo ser. Había estado levantándose cada mañana pensando en por qué todo acabó. Intentó seguir con su vida adelante, conocer a otros chicos, pero a todos los comparaba con él y siempre salían perdiendo. Cada mañana se lavaba la cara, se peinaba, se vestía y se ponía un par de chinchetas para sujetar su sonrisa. Había buscado desesperadamente pistas sobre él. Preguntó a sus amigos, en internet, a gente de su antiguo colegio. Paseaba por su calle con la esperanza de cruzárselo. Todos los días se preguntaba cómo le iría. Se preocupó por él esos ocho largos años que estuvieron separados. Cuidó de él en la distancia, y por fin aquella noche, en aquel bar, el amor de su vida y una desconocida se encontraron. Conforme hablaban se iba dando cuenta de lo mucho que él había cambiado. Sus gestos, su manera de hablar, su olor, sus ideas eran diferentes. Atrás quedó el niño dulce que le había enseñado a amar. Había estado esperando ese reencuentro durante años para darse cuenta de que había estado todo aquel tiempo amando el pasado.