
Desde hace un mes cada día se está cayendo uno al suelo, y con esa caída también se hunde en mi cabeza un recuerdo que se pierde. Hace dos semanas se despegó aquella tarde sentados en las escaleras, tres días después el concierto, la semana pasada tu primera felicitación de cumpleaños, ayer se cayó nuestro primer beso y hoy lo ha hecho el día en que nos conocimos. Cuando se caen los recojo y me empeño en pegarlos de nuevo, tratando de que no se pierda ninguno de esos momentos, y a la vez me pregunto por qué insisto en recolocarlos. Poco a poco se van cayendo más y con más frecuencia, y con cada caída se van quedando sin pegamento. Desgastados, algún día dejarán de sostenerse sobre la pared y todo habrá pasado. La pared quedará limpia.
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