Los viernes vuelven a ser sinónimo de él.
Tienen ya un cuarto propio en mi cabeza
los nervios, la ilusión del primer encuentro,
la pequeñez de la ciudad,
el recuerdo vibrante y maldito de su piel,
el vino de por la noche, el querer exprimir el mundo
y traerle el jugo en un vaso el sábado por la mañana.
Los viernes noto en mi boca las cosquillas de su lengua
dibujando las respuestas
a las preguntas de la semana.
Los viernes traen
la pieza de puzzle que me falta.
