30 ene 2011

Los niños estaban solos - Jorge Bucay

Desde que el padre había muerto, los tiempos eran demasiado duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela se enfermaba o se ausentaba de la ciudad.

Cuando el novio de la jovencita llamó para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudó demasiado. Después de todo los niños estaban durmiendo como cada tarde, y no se despertaban hasta las cinco.

Apenas escuchó la bocina cogió su bolso y descolgó el teléfono. Tomó la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardó la llave en el bolsillo. Ella no quería arriesgarse a que Pancho se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque después de todo tenía sólo seis años y en un descuido podía tropezar y lastimarse. Además, pensó, si eso sucediera, ¿cómo le explicaría a su madre que el niño no la había encontrado?

Quizás fue un cortocircuito en el televisor encendido o en alguna de las luces de la sala, o tal vez una chispa del hogar de leña; el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rápidamente alcanzó la escalera de madera que conducía a los dormitorios.

La tos del bebé debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho saltó de la cama y forcejeó con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo.

De todos modos, si lo hubiera conseguido, él y su hermanitos de meses hubieran sido devorados por las llamas en pocos minutos.

Pancho gritó llamando a Marina, pero nadie contestó su llamada de auxilio. Así que corrió al teléfono que había en el cuarto (él sabia como marcar el número de su mamá) pero no había línea.

Pancho se dio cuenta de que debía sacar a su hermanito de allí. Intentó abrir la ventana que daba a la cornisa, pero era imposible para sus pequeñas manos destrabar el seguro y aunque lo hubiera conseguido aún debía soltar la malla de alambre que sus padres habían instalado como protección.

Cuando los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo

– ¿Cómo pudo ese niño tan pequeño romper el vidrio y luego el enrejado con el perchero?

– ¿Cómo pudo cargar el bebé en la mochila?

– ¿Cómo pudo caminar por la cornisa con semejante peso y bajar por el árbol?

– ¿Cómo pudo salvar su vida y la de su hermano?

El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado les dio la respuesta:

-Panchito estaba solo… No tenía a nadie que le dijera que no iba a poder.

28 ene 2011

Make you sm:)e


Me despierto y siento tu brazo rodeándome. No recuerdo quién soy. No recuerdo dónde estoy ni qué día es hoy. Está todo oscuro. Me pregunto si tengo que hacer algo importante hoy o si puedo de quedarme unos minutos más allí.

Recuerdo... ya recuerdo.

Abro los ojos y recupero mi identidad, aunque en realidad no la necesito. Las persianas dejan salida a pequeñas rendijas entrecortadas sobre las sábanas y mantas. Oigo tu respiración y me incorporo para abrazarte en la penumbra de la madrugada. Me acurruco sobre tu pecho y noto cómo has dejado de respirar fuerte; y ya no te oigo. Levanto la cabeza y entorno los ojos para ver los luminosos números del despertador. Son las ocho de la mañana. Calculo que hemos dormido unas cuatro horas, pero parecen cuatro minutos para mí.

Estoy muerta. Pienso que te he debido de despertar con mi movimiento. Me estrechas fuerte entre tus brazos y sonríes muy tiernamente. Estoy demasiado cansada, pero me gustaría darte un beso por regalarme cada día esos pequeños momentos. Los dos tenemos los ojos cerrados, pero no soñamos. Mientras siento el aire que expulsas sobre mi cabeza pienso que alguien debe de estar soñándonos a nosotros. No importa quién soy o qué hago. No importa nada en realidad mientras pueda seguir haciéndote sonreir así cada día cuando se asoma el día.

27 ene 2011

Squeeze


Reconozco que me equivoqué, que exprimí la naranja hasta la última gota. Reconozco que todo fue un error.

Un error que recuerdo cada día.

23 ene 2011

Hug


Todavía recuerdo tu olor, las sensaciones que tuve al abrazarte, como si fuera ayer. Me puse un poco triste, me sentía mal aunque no tenía motivos para ello. Sentía que nunca me entenderías, que nunca sentía capaz de expresarte lo que pasaba. Tenía miedo de hablar y estropearlo todo. Viniste corriendo, eso debía bastarme. Todavía lloro cuando lo recuerdo. Todavía tengo miedo de la fragilidad de la vida.

Fuego


Estabas a dos centímetros de mí, a mi derecha. Te estaba gritando, pero no me oías. Lo había hecho por ti, pero no parecías darte cuenta. Estabas viendo el espectáculo, intentabas darle sentido a esas figuras y malabares. Yo hacía tiempo que había dejado de buscarle sentido a las cosas. Pensaba en ti. Pensaba en que me gustaría tener el valor de rodearte entre mis brazos con fuerza y que mis lágrimas te mancharan la camiseta. Quería hacerlo durante horas, y que tú no te asustaras. Que me acariciaras el pelo. Que me abrazaras tú también y me dijeras que todo había acabado. Te miré, estabas sonriendo, pero no me mirabas a mí. No parecías interesado en nadie. No en mí. Volví a girar la cara para ver los movimientos del fuego, deseando que mis lágrimas lavaran todos mis problemas. El fuego estaba en mí.

22 ene 2011

Lo que queda


Al llegar a casa me ponía tus discos. Aquellos que nunca escuché. Me ponía la música para trabajar con el ordenador, para limpiar, para hacer la comida, para ducharme. Para bajar al super. Sentía que así me acompañabas; de esa forma siempre estabas conmigo. Pensaba que a la vez, quizá, tú, en algún lugar muy lejano, estarías tarareando la misma canción. Eso me aliviaba, aunque sabía que no estabas ahí. Mientras, seguía escuchando música, con la esperanza de poder algún día oírla juntos y decirte que me encanta la tercera canción del disco que antes odiaba.

17 ene 2011

Viajemos


Viajemos hacia el fondo,
perdámonos entre las ramas
y sigamos avanzando sin miedo,
dame la mano y miremos hacia delante
confiando en el otro,
descubramos nuevos paisajes
e inventémonos nombres para ellos
donde los riscos chocan y se abrazan
entre ellos,
ponte el sombrero y los zapatos
y bailemos bajo la tormenta
hasta que no recuerdes la intención, viajemos
con la curiosidad de un niño,
destapemos nuestros más abismales miedos
mientras les hacemos cosquillas,
sorprendámonos
desvistiéndonos hasta quedarnos en entrañas
lleguemos hasta el umbral
y quedémonos ahí solos
abrazados,
ebrios de pasión.

Rastrea mis huellas
y ven a cogerme,
conquístate y entrégame tu alma
a cambio de la mía

1 ene 2011

Desengaño

Como se arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué,
aunque sentí al hacerlo que la vida
me arrancaba con él

Del altar que le alcé en el alma mía
la Voluntad su imagen arrojó,
y la luz de la fe que en ella ardía
ante el ara desierta se apagó.

Aún turbando en la noche el firme empeño
vive en la idea la visión tenaz...
¡Cuándo podré dormir con ese sueño
en que acaba el soñar!

[40, XXX]

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón.
Habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?,
y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?

[32, LVII]

Este armazón de huesos y pellejo
de pasear una cabeza loca
se halla cansado al fin y no lo extraño,
pues aunque es la verdad que no soy viejo,
de la parte de vida que me toca
en la vida del mundo, por mi daño
he hecho un uso tal, que juraría
que he condensado un siglo en cada día.

Así, aunque ahora muriera,
no podría decir que no he vivido;
que el sayo al parecer nuevo por fuera,
conozco que por dentro ha envejecido.

Ha envejecido, sí ¡pese a mi estrella!,
harto lo dice ya mi afán doliente;
que hay dolor que al pasar, su horrible huella
graba en el corazón, si no en la frente.


[17, LIX]

Yo sé cuál el objeto
de tus suspiros es.
Yo conozco la causa de tu dulce
secreta languidez.
¿Te ríes?... Algún día
sabrás, niña, por qué.
Tú acaso lo sospechas,
y yo lo sé.

o sé cuándo tú sueñas,
y lo que en sueños ves:
como en un libro, puedo lo que callas
en tu frente leer.
¿Te ríes?... Algún día
sabrás, niña, por qué.
Tú acaso lo sospechas,
y yo lo sé.


Yo sé por qué sonríes
y lloras a la vez.
Yo penetro en los senos misteriosos
de tu alma de mujer.
¿Te ríes?... Algún día
sabrás, niña, por qué.
Mientras tú sientes mucho y nada sabes,
yo que no siento ya, todo lo sé.

[14, XLIX]


Alguna vez la encuentro por el mundo
y pasa junto a mí,
y pasa sonriéndose y yo digo:
¿cómo puede reír?

Luego asoma a mi labio otra sonrisa,
máscara del dolor,
y entonces pienso: —Acaso ella se ríe
como me río yo.