
Al llegar a casa me ponía tus discos. Aquellos que nunca escuché. Me ponía la música para trabajar con el ordenador, para limpiar, para hacer la comida, para ducharme. Para bajar al super. Sentía que así me acompañabas; de esa forma siempre estabas conmigo. Pensaba que a la vez, quizá, tú, en algún lugar muy lejano, estarías tarareando la misma canción. Eso me aliviaba, aunque sabía que no estabas ahí. Mientras, seguía escuchando música, con la esperanza de poder algún día oírla juntos y decirte que me encanta la tercera canción del disco que antes odiaba.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
susurros