11 dic 2013


Por la noche aparecen
tratando de mantener el equilibrio 
esperando aplausos y respuestas.
¿Será que hoy? ¿Será mañana? 
Empiezo a respirar entre sacudidas.
Apareces, te abres, te retuerces,
fuera de ti, tus ojos,
doblan la memoria al borde
de mi cuerpo.

11 nov 2013

Vela por tu sueño


Cuando te acuestes
piensa en facturas
y terremotos,
imagina a las parcas
llamando a tu puerta,
sacude la cabeza al pensar
en la ira de Zeus,
grita cuando veas a Cronos hambriento,
escapa del gigante,
cubre tus ojos del caballo celestial,
no bebas del cuerno,
roba el fuego de los dioses,
cubre tu cabeza cuando llegue
el minotaturo
o sacuda la tierra Polifemo,
sal del ataúd de Set,
escapa de Caronte,
escala la montaña más alta
huyendo del diluvio,
corre tanto como puedas
cuando veas a Hades
sin su proserpina
pero siempre susurra
su nombre desnudo
mientras luchas entre tus sábanas.
Llama y busca su consuelo.
Ella espera impaciente
al otro lado.

21 oct 2013

 

Sacude mi pecho cada mañana
me estrangula con sus finos dedos
de terciopelo el amor,
provoca heridas apenas perceptibles
que sangran por dentro, queman,
que provocan el estallido.
Proyecta palabras e inventa fábulas,
narra acompañado el amor
cuando mis ojos se despegan,
al naufragar errante en la espesa rutina
mi cuerpo entumecido,
hiere con el despertar de mi conciencia,
deja tras de sí el vacío.

17 oct 2013


Intenso escalofrío
recorre los cuerpos aturdidos
y deja sensación de confusión
en los cuerpos desnudos.

Tímido escondite
entre las sombras del presente
cuando cae la noche
y el subconsciente despierta.

Constante martilleo
en los vaivenes de la conciencia
incesante hasta que nos volvemos
y lloramos por la persecución.

El pasado a veces se sienta
junto a nosotros en la mesa
y aconseja sabias palabras
con voz ronca y hueca.

13 oct 2013

Puedo volver

 
 
En eternos cafés,
en infantiles llaveros,
en enfermos grifos,
en exageradas camas,
en desgastados coches,
en el dorado
puedo volver.

En insatisfechos clientes,
en verdes huertas,
en malas películas,
en dobles bicicletas,
en el tabaco impregnado,
en el arroz basmati
puedo volver.

En instrumentos nunca tocados,
en tapas de pulpo no gallego,
en el vino antes de comer,
en interrogativas sin acentuar,
en canciones de Serrat,
en el color azul
puedo volver.

En osadas cantidades de wasabi
en pies delcanzos sobre el parqué
en el queso para ensalada
en la crema de orujo posterior
en parquímetros
en el olor a nag champa
puedo volver.

En grandes sábanas,
en holgadas almohadas,
el las alarmas del despertador,
en buenas noches huecos
te recuerdo y recuerdo
que puedo volver.

7 oct 2013

Tras página


No puse números
porque no quise ceñirte,
pero página
tras página
contaba lo que me quedaba
(tras página)
y te dejaba motitas de mí
—mi alma se descomponía.
Con cada toque
imaginé el final,
disfruté del camino
sin pararme a pensar en el lomo
pero lo tuve cerca
(tras página)
susurrándome
(tras página)
con cada sacudida.

3 oct 2013

 

Fuera de este cuerpo
atrapada en un edénico pasado
abro los ojos:
¿por qué hace tanto frío?
¿es de noche todavía?
Silencio fantasmal.
Mi pecho te toca y gruñe,
cae desde algún océano imaginado.
Entonaciones supendidas
que sin éxito trato de abrazar
susurran despacio
palabras sin sentido
y amenazan con el grito.

19 sept 2013


Como los monstruos de los que nos hablaban de pequeños
de noche, para que nos durmiéramos
con las manos entrecruzadas los hermanos
y peluches a los pies de la cama.
Como el frío aliento antes de la caída
de una montaña rusa,
lamentando el cuerpo haberse atrevido,
queriendo volver los pasos hacia atrás.
El miedo humaniza y retuerce
aparece amenazante en la copa de vino sin terminar,
susurrando un tempus fugit con voz de ultratumba:
empequeñece
hasta al más poderoso emperador;
se posa sobre las certezas del día y de la infancia;
acorrala, destruye, estrangula,
anuncia la muerte con débil espanto
su presencia causa el llanto
de los cuerpos desnudos que suplican
hechos trizas
volver sobre sí.

15 sept 2013


Hacia atrás, hacia atrás en el tiempo
cuando éramos distantes letras sobre fondo claro
en un opresivo mundo al que llamaban ilimitado.
Hacia atrás, cuando te oía
y tú a veces también oías mis gritos en la distancia,
desgarradas señales de una inminente sepultura.
Antes de tu limpia mirada
de tu nocturno roce inesperado
y de tu sobrio cuerpo ciñendo el mío,
después de una tercera copa compartida.
Antes de las noches, de los cafés solos
pero compartidos, 
nadando a contracorriente
—a veces dejándonos ganar.
Atrás, antes de todo eso
quiero encontrarte y contarte
en un dulce susurro
lo que en nuestro primer saludo imaginamos.

28 ago 2013

Ítaca


"La sociedad estaba respaldada por los más influyentes políticos, intelectuales y los miembros de la alta divulgación anglosajona. Se estableció una conexión y apoyo hacia el liberalismo europeo en el periodo de entreguerras; algo que se pensaba que jamás podía ocurrir".

Perdida de nuevo. Despertador, ducha, café, chaqueta, folios y sonrisa. Cada noche me desplomo sobre la cama preguntando al aire quién soy, adónde voy. Las conversaciones se repiten, los sueños se alejan en el tiempo, los sentidos se aletargan, las copas se vacían, las caras se desdibujan en mi desgastada memoria.

 ¿Quién? ¿Qué? ¿Cuándo ocurrió todo esto? Pienso entre las sábanas. Y entre cabezada y cabezada la vida se resbala y se rompe. ¿Hasta cuándo?

Nunca fui una princesa ni quise un reino. No hay una Ítaca a la que regresar.

14 abr 2013


El silencio. El frío.

 No hay vapor ni taza de té. Ya no siento calor en las manos y no hay manta sobre mis hombros. Mis ojos miran mis pies desnudos. Me incorporo y camino con la hierba de verde brillante entre los dedos. Sonrío. Te olvidé. Ya es Primavera.

Lavozdelosmuertos

14 mar 2013

Eros y Psique

Según la historia, Psique era la menor y más hermosa de tres hermanas, hijas de un rey de Anatolia. Afrodita, celosa de su belleza, envió a su hijo Eros (Cupido) para que le lanzara una flecha de oro oxidado que la haría enamorarse del hombre más horrible y ruin que encontrase. Sin embargo, Eros se enamoró de ella y lanzó la flecha al mar, y cuando Psique se durmió, se la llevó volando hasta su palacio.
Para evitar la ira de su madre, una vez que tiene a Psique en su palacio, Eros se presenta siempre de noche, en la oscuridad, y prohíbe a Psique cualquier indagación sobre su identidad. Cada noche, en la oscuridad, se amaban. Una noche, Psique le contó a su amado que echaba de menos a sus hermanas y quería verlas. Eros aceptó, pero también le advirtió que sus hermanas querrían acabar con su dicha. A la mañana siguiente, Psique estuvo con sus hermanas, que le preguntaron, envidiosas, quién era su maravilloso marido. Psique, incapaz de explicarles cómo era su marido, puesto que no le había visto, titubeó y les contó que era un joven que estaba de caza, pero acabó confesando la verdad: que realmente no sabía quién era. Así, las hermanas de Psique la convencieron para que en mitad de la noche encendiera una lámpara y observara a su amado, asegurándole que sólo un monstruo querría ocultar su verdadera apariencia. Psique les hace caso y enciende una lámpara para ver a su marido. Una gota de aceite hirviendo cae sobre la cara de Eros dormido, que despierta y abandona, decepcionado, a su amante.
Cuando Psique se da cuenta de lo que ha hecho, ruega a Afrodita que le devuelva el amor de Eros, pero la diosa, rencorosa, le ordena realizar cuatro tareas, casi imposibles para un mortal, antes de recuperar a su amante divino. Como cuarto trabajo, Afrodita afirmó que el estrés de cuidar a su hijo, deprimido y enfermo como resultado de la infidelidad de Psique, había provocado que perdiese parte de su belleza. Psique tenía que ir al Hades y pedir a Perséfone, la reina del inframundo, un poco de su belleza que Psique guardaría en una caja negra que Afrodita le dio. Psique fue a una torre, decidiendo que el camino más corto al inframundo sería la muerte. Una voz la detuvo en el último momento y le indicó una ruta que le permitiría entrar y regresar aún con vida, además de decirle cómo pasar al perro Cerbero, Caronte y los otros peligros de dicha ruta (...).
Psique abandonó el inframundo y decidió abrir la caja y tomar un poco de la belleza para sí misma, pensando que si hacía esto, Eros le amaría con toda seguridad. Dentro estaba un «sueño estigio» que la sorprendió. Eros, que la había perdonado, voló hasta su cuerpo y limpió el sueño de sus ojos, suplicando entonces a Zeus y Afrodita su permiso para casarse con Psique. Éstos accedieron y Zeus hizo inmortal a Psique. Afrodita bailó en la boda de Eros y Psique, y la hija que éstos tuvieron se llamó Placer o (en la mitología romana) Voluptas.

13 mar 2013

6 mar 2013


Ella era ninfa de hielo.
Ella llevaba sobre sus hombros
el peso del letargo
y de la incomunicación.
Caminaba sobre sus pies descalzos
en estériles espirales que observaban
su hastiado movimiento.
Él, ígneo fausto de voluptuoso cuerpo,
era violentamente áspero y ardiente
desde la distancia.
Sus ojos transmitían espíritus
hacia la majestuosa figura.
El viento removió los mechones de la ninfa.
Su cristalino cuerpo se deshacía
entre sus dedos,
bajo su estrecha cintura,
sobre su císneo cuello.
Dirigió la vista hacia el fuego
a someterse con resignación:
su ansiado destino. 
I.C.

16 feb 2013


No dejes ir un día,
sin cogerle un secreto, grande o breve.
Sea tu vida alerta
descubrimiento cotidiano.
-Juan Ramón Jiménez

13 feb 2013

Lolita


«Dámela», suplicó, mostrando las palmas de mármol. Tendí la deliciosa fruta. Lolita la tomó y la mordió. Mi corazón fue como nieve bajo esa piel carmesí, y con una ligereza de mono, típica de esa nínfula norteamericana, arrancó de mis distraídas manos la revista que yo había abierto (lástima que ninguna película haya registrado el extraño dibujo, la trabazón monográfica de nuestros movimientos simultáneos o sobrepuestos). Con precipitación, estorbada por la manzana desfigurada que sostenía, Lo recorrió violentamente las páginas en pos de algo que deseaba mostrar a Humbert. Al fin lo encontró. Me fingí interesado y acerqué mi mejilla, mientras ella se limpiaba la boca con el dorso de la mano. Reaccioné lentamente ante la fotografía, por culpa de la bruma luminosa a través de la cual la observaba, mientras Lolita restregaba y entrechocaba impaciente las rodillas desnudas. Confusamente fueron surgiendo un pintor superrealista que descansaba, en posición supina, en una playa, y junto a él, en la misma posición, semienterrado en la arena, un calco de la Venus de Milo. «Fotografía de la semana» decía el epígrafe. Arrojé esa imagen obscena. De inmediato, en un fingido esfuerzo por recobrarla, Lolita se tendió sobre mí. La tomé por el fino talle. La revista escapó al suelo como un gallo asustado. Ella se volvió, se echó hacia atrás y se apoyó en el ángulo derecho del escritorio. Entonces, con perfecta sencillez, la impúdica niña extendió sus piernas sobre mi regazo. Por entonces yo estaba en un estado de excitación que lindaba con la locura; pero al propio tiempo tenía la astucia de un loco. Sentado allí, en ese sofá, me las compuse para aproximarme a sus cándidos miembros mediante una serie de movimientos furtivos. No era fácil distraer la atención de la niña mientras llevaba a cabo los oscuros ajustes necesarios para que la treta resultara. Hablaba ligero, contenía la respiración, inventaba un súbito dolor de dientes para explicar lo entrecortado de mi jadeo, y mientras tanto, fijando siempre una mirada interior de maniático en mi dorada meta, fui aumentando sigilosamente la proximidad. Como mi jadeo adquirió cierto ritmo deliciosamente mecánico, empecé a recitar, mutilándolas apenas, las palabras de una cancioncilla muy popular –Tarlatán amarillo– y arroz con leche. –La cabeza me duele– de ser tu amante... –. Seguí repitiendo esa automática nadería y mantuve a Lolita bajo su especial hechizo (especial a causa de mis mutilaciones); mientras tanto, tenía un miedo mortal de que algún acto divino me interrumpiera, me quitara esa carga dorada en cuya sensación mi ser todo parecía concentrado. Esa ansiedad me obligó a trabajar durante el primer minuto, con más precipitación de la que era conveniente. De pronto, ella tomó posesión del Tarlatán amarillo, del arroz con leche, de la cabeza doliente, y su voz se insinuó en mi canto y corrigió la melodía que yo deformaba. Era una voz musical, con dulzura de manzanas. Sus piernas se estremecieron un poco. Y allí estaba ella, reclinada contra el ángulo derecho del escritorio. Lola la colegiala, devorando su fruto inmemorial, cantando a través de su jugo, perdiendo una zapatilla, restregando el talón de su pie desnudo contra un sucio tobillo, contra la pila de revistas viejas amontonadas a mi izquierda, sobre el sofá... y cada movimiento suyo me ayudaba a ocultar y mejorar el oculto sistema de correspondencia táctil entre mi ente enfermo y la belleza de su cuerpo con hoyuelos, bajo el inocente vestido de algodón. Mis dedos escudriñadores sintieron que los pelos diminutos se erizaban ligeramente. Y me perdí en el ardor punzante, pero saludable, que como la bruma estival flotaba en torno de la pequeña Haze 1 . Que se quede así, que se quede así... Cuando hizo un esfuerzo para arrojar el resto de la manzana a la chimenea, su joven cuerpo, sus inocentes piernas sin pudor se movieron sobre mi regazo tenso, torturado, subrepticiamente laborioso, y de súbito un cambio misterioso ocurrió en mis sentidos. Ingresé en el nivel de existencia donde nada importaba, salvo la infusión de goce que fermentaba en mi cuerpo. Lo que había empezado como una distensión deliciosa de mis raíces más íntimas, se convirtió en una rutilante comezón que ahora llegaba al estado de una seguridad, una confianza, una firmeza absoluta inhallables en la vida consciente. Con esa honda y cálida dulzura así establecida y encaminada hasta su convulsión última, sentí que podía demorarme para prolongar tal incandescencia, Lolita había sido solipcizada con impunidad. El sol cómplice latía en los álamos; estábamos fantásticamente, divinamente solos. Yo la observaba –rósea, cubierta de polvillo dorado– a través del velo de mi deleite gobernado, ignorante de él, ajena a él, y el sol estaba en sus labios, y sus labios aún parecían formar las palabras de la cancioncilla, que ya no llegaba a mi conciencia. Ya todo estaba listo. Los nervios del placer estaban al descubierto. El menor placer bastaría para poner en libertad todo paraíso. Había dejado de ser Humbert el Canalla, el gusano degenerado de ojos tristes aferrado a la bota que lo echaría de un puntapié. Estaba por encima de las tribulaciones del ridículo, más allá de las posibilidades de retribución. En mi serrallo exclusivo, era un turco fornido y radiante que, con plena conciencia de su libertad, posponía deliberadamente el momento de gozar. Suspendido al borde de ese voluptuoso abismo (una delicadeza de equilibrio fisiológico comparable a determinadas técnicas artísticas), seguía repitiendo palabras sueltas –tarlatán, arroz con leche, amante, aaa... maaa... nte–, como alguien que hablara en sueños.

-Vladimir Nabokov

12 feb 2013

Crítica de la sinrazón pura


Qué podía crear nuevo no era la pregunta que se hacía cada mañana. Al llegar al trabajo sus saludos eran estereotipados, al igual que sus movimientos, sus referencias a fenómenos de masas y su forma de pensar, calco de la sociedad y el tiempo en que fue educado. Creía ser original afirmando que le gustaba viajar o determinadas películas de culto para impresionar a las chicas. A veces sacaba a la luz el discurso del "busco a alguien especial". No destacaba, no impresionaba, no decía nada nuevo, no aportaba nada que no se conociera salvo anécdotas de un sujeto que limitaba su experiencias a vivir dejándose llevar por el flujo de las circunstancias. Siempre estaba "bien. ¿y tú?". 

No se planteaba soñar, ni leer, ni escuchar, ni investigar, ni ser su peor crítico, ni buscar otro ángulo, ni florecer en alguna tierra muerta, ni hacerse preguntas que nadie le hizo. No se atrevía al conocimiento. Sería feliz, siempre y cuando no recordara que era prescindible, ignorante, estéril.

9 feb 2013


Stay with me until I fall asleep.
Stay with me.
Stay with me until I fall asleep.
Stay with me.
Stay with me until I fall asleep.
Stay with me.


6 feb 2013

3 feb 2013

Cárdena


De color cárdeno esta noche;
y mañana, si me preguntas
también cárdena seré,
pero no del mismo tono;
más cerca del morado
que del blanco o negro
estaré.
Y ayer fui cárdena también,
azul y transparente
como el agua.
Mudable, versátil, inconstante,
pero eternamente cárdena.

I. C. 

¡Libros! ¡Libros!


"¡Libros! ¡Libros!" Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: «amor, amor», y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fiódor Dostoievski padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, solo decía: «¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!». Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Federico García Lorca

1 feb 2013

Divergencia


Dejé de sentirte al soltarme la mano,
allá por el confuso e indolente octubre
tu melodía dejó de hechizar
a los ratones de Hamelín;
como en un cuento kafkiano
cuando el protagonista descubre
lo absurdo de intentar razonar
perdido en un nebloso jardín.

Tu sugestivo discurso de arrebatado hombre
perdió su fuerza en gritos al repetirse,
tus círculos desmesuradamente se abrieron
hasta abrazar una vacía identidad.
Ya no sueño con susurrar tu inmaculado nombre
ni contigo en la cama fundirme
contra pétalos de bocas de dragón
sobre los que verter nuestras copas sin piedad.

Y sin embargo reverdece el pasado
cuando te suspendes y a mí acudes,
vuelve entonces la magia y la melodía de tu flauta
para hacerme bailar ciega en la oscuridad.
Sopla y acércate a mi confuso prado
desarropando al niño que en ti escondes;
quiero ser de nuevo incauta,
perdamos los papeles, saciemos nuestra curiosidad.

I.C. 

26 ene 2013

Cuentos de Augusto Monterroso


La oveja negra

    En un lejano país existió hace muchos años una oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
    Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.


El burro y la flauta

    Tirada en el campo estaba desde hacía tiempo una Flauta que ya nadie tocaba, hasta que un día un Burro que paseaba por ahí resopló fuerte sobre ella haciéndola producir el sonido más dulce de su vida, es decir, de la vida del Burro y de la Flauta.
    Incapaces de comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su fuerte y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos, avergonzados de lo mejor que el uno y el otro habían hecho durante su triste existencia.

El grillo maestro

    Allá en tiempos muy remotos, un día de los más calurosos del invierno, el Director de la Escuela entró sorpresivamente al aula en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar, precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía mediante el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que los pájaros cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta, evidentemente el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos dulces y armoniosos.
    Al escuchar aquello, el Director, que era un Grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos.

Elogio de la fugacidad


Triste que todo pase…
Pero también qué dicha este gran cambio perpetuo.
Si pudiéramos
detener el instante
todo sería mucho más terrible.
¿Pueden imaginar a Fausto de 1844, digamos,
que hubiera congelado el tiempo en un momento preciso?
En él hasta la más libre de las mujeres
viviría prisionera de sus quince hijos
(sin contar a los muertos antes de un año),
las horas infinitas ante el fogón, la costura,
los cien mil platos sucios, la ropa inmunda
—y todo lo demás, sin luz eléctrica y sin agua corriente.
Cuerpos sólo dolor, ignorantes de la anestesia,
que olían muy mal y rara vez se bañaban.
Y aún después de todo esto, como perfectos imbéciles,
nos atrevemos a decir irredentos:
“Qué gran tristeza la fugacidad,
¿Por qué tenemos que pasar como nubes?”

José Emilio Pacheco

25 ene 2013

Reflexión sobre la literatura


Leer es un acto de rechazo en los tiempos que corren. Es rebeldía, inconformismo, ganas de ir más allá de la frontera donde la mayoría se queda. Es renuncia y es compromiso con una forma de pensar y de vivir por lo tanto que no es la que aparece en los cuentos infantiles de final feliz que adorábamos. Participamos de la literatura con personajes melancólicos, conflictivos, inadaptados sociales como nosotros (¿alguien recuerda a algún personaje literario que sea feliz y no resulte caricaturesco?). No leemos literatura para ser felices. No leemos para solucionarnos la vida. No leemos a los grandes clásicos solo por aprender. Leemos por placer; adoramos meternos en la piel de personajes indisciplinados e inconformistas que sufren y lloran porque es lo que nosotros mismos somos al fin y al cabo; terminamos identificándonos con ellos y haciendo nuestra su experiencia.

Buscamos la crítica, el análisis, meternos en otras identidades y darles la mano a personajes que a veces odiamos y a veces amamos y respetamos, pero que siempre despiertan de cualquier manera nuestra curiosidad lo suficiente como para tenernos horas sentados en una misma posición estoicamente inalterable. Pero, ¿quién dijo que ser crítico es bueno? ¿Lo bueno no es aprender a conformarse, vivir de forma sencilla y simple, dejándonos llevar por las circunstancias, sin difíciles debates morales ni grandes conflictos existenciales que persiguen al hombre desde el primero de ellos? ¿Por qué perseguimos la infelicidad?

22 ene 2013

Uno de esos días


Hoy es uno de esos días
en que no encuentro la pareja de mis calcetines,
en que el aire sopla desde detrás
y el café me lo sirven frío.
Hoy las notas suenan con mayor intensidad,
abrazo las letras de las canciones
y los textos de difuntos poetas resucitan
para darle cuerpo al vacío.
Hoy los sueños son costumbres
de un niño que se cansó de esperar.

Hace tanto que no nos sorprendermos
que hemos olvidado para qué vinimos.
Hoy es uno de esos días de responder
dándose la vuelta y volviendo la mirada:
Nada.

19 ene 2013

!!!


Hipnótico acuerdo de la mirada,
vibraciones de dos cuerpos suspendidos,
indefinible tensión de los músculos,
sublime, ingenua, pura
rendición a la voluntad;
mordisco de la edénica manzana,
suspiro de alma extraviada
que se precipita hacia el incierto abismo.
Airado fuego,
capricho de los dioses,
dulce palpitación de los sentidos
que gritan en silencio
suplicando en lágrimas por lo celestial.

12 ene 2013

Horizontal, sí, te quiero


Horizontal, sí, te quiero.
Mírale la cara al cielo,
de la cara. Déjate ya
de fingir un equilibrio
donde lloramos tú y yo.
Ríndete
a la gran verdad final,
a lo que has de ser conmigo,
tendida ya, paralela,
en la muerte o en el beso.
Horizontal es la noche
en el mar, gran masa trémula
sobre la tierra acostada,
vencida sobre la playa.
El estar de pie, mentira:
sólo correr o tenderse.
Y lo que tú y yo queremos
y el día - ya tan cansado
de estar con su luz, derecho -
es que nos llegue, viviendo
y con temblor de morir,
en lo más alto del beso,
ese quedarse rendidos
por el amor más ingrávido,
al peso de ser de tierra,
materia, carne de vida.
En la noche y la trasnoche,
y el amor y el transamor,
ya cambiados
en horizontes finales,
tú y yo, de nosotros mismos.
Pedro Salinas

8 ene 2013

Eres tinta que marca mi piel,
indeleble, fluida, literaria:
Tú 
escribes sobre mí a tu antojo,
me manchas, borras, tachas,
bailas sobre mi pecho sin capucha.
Soy níveo cuaderno, relléname 
y cubre mis márgenes con tus cartas,
tus partituras, tus susurros, tus poemas. 
Dibújame tu sonrisa, hazme arte,
fúndete conmigo
y envuélveme de negro.