Dejé de sentirte al soltarme la mano,
allá por el confuso e indolente octubre
tu melodía dejó de hechizar
a los ratones de Hamelín;
como en un cuento kafkiano
cuando el protagonista descubre
lo absurdo de intentar razonar
perdido en un nebloso jardín.
Tu sugestivo discurso de arrebatado hombre
perdió su fuerza en gritos al repetirse,
tus círculos desmesuradamente se abrieron
hasta abrazar una vacía identidad.
Ya no sueño con susurrar tu inmaculado nombre
ni contigo en la cama fundirme
contra pétalos de bocas de dragón
sobre los que verter nuestras copas sin piedad.
Y sin embargo reverdece el pasado
cuando te suspendes y a mí acudes,
vuelve entonces la magia y la melodía de tu flauta
para hacerme bailar ciega en la oscuridad.
Sopla y acércate a mi confuso prado
desarropando al niño que en ti escondes;
quiero ser de nuevo incauta,
perdamos los papeles, saciemos nuestra curiosidad.
I.C.