25 dic 2012

Me dueles


Mansamente, insoportablemente, me dueles.
Toma mi cabeza. Córtame el cuello.
Nada queda de mí después de este amor.

Entre los escombros de mi alma, búscame,
escúchame.
En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama,
pide tu asombro, tu iluminado silencio.
(...)

Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme
del suelo, de la sombra que pisas,
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños.
Levántame. Porque he caído de tus manos
y quiero vivir, vivir, vivir.
Jaime Sabines

18 dic 2012


Si el fin del mundo sobreviene
que me pille bajo las mantas,
en una improvisada tienda de campaña
sin haber hecho los deberes.
Si aquel día no te puedo ver
que me encuentren acostada
imaginando que al oído me hablas
y que te has dejado someter.
Si se hunde el tiempo,
que me fotografíen entre viejos libros,
leyendo uno tras otro en voz alta,
seguidos,
hasta caer rendida de sueño.
Si Nibiru el viernes nos visita,
que me vea en pijama y zapatillas
en Time Square
cortando el tráfico de las avenidas.
Si nos mudamos, que sea en silencio,
Con un escueto 'hasta luego,
te veré mañana a través del espejo'.

16 dic 2012

Se necesitan


Se necesitan malos poetas
que canten al amor, a la vida,
a la chica que quieren atar
en su cama vacía.
Se necesitan malos poetas
que busquen la metáfora,
la aliteración,
la asonante rima.
Se necesitan malos poetas
que escriban,
que se jacten de ser capaces
de ver más allá
de lo que otros admiran.
Se necesitan jóvenes poetas,
arquitectos de sueños,
pintores de lo imposible,
arrendadores de sonrisas.

14 dic 2012

Apareces

The world of imagination is the world of eternity.
William Blake



En el frío de la noche apareces
como un violento torbellino
por las ventanas,
entre las rendijas,
bajo mis imprudentes sábanas.
Son monstruos,
lo siento,
empieza la pesadilla de la razón
que me acobarda.
Tu aroma y las voces en mi cabeza
acarician el borde de mi colcha
y dibujan pétalos cayendo
desde la lámpara.
Mis dedos tiemblan,
buscan tocarte
y embriagarme con el jugo
de tu dócil boca.
Me miras nervioso de lejos,
cada vez de más cerca me miras,
tus ojos juegan conmigo al escondite inglés.
Tus pupilas se agrandan,
mis labios se secan,
mi vello se eriza;
el aire es denso
y la noche pasada.

8 dic 2012

Siéntate con nosotros—
dijo una de las tres voces
desde la mesa
mientras servía el té.
Cambia, transfórmate,
olvida quién has sido,
lo que dijiste y pensaste,
no juzgues y bebe de mi taza.
No preguntes, no mires,
no llores, no temas,
No pienses
y dime,
¿En qué se parece un cuervo
a un escritorio?".


Verás, éramos jóvenes y a cada paso
veinte puertas se nos abrían
susurrando nuestros nombres desgastados.

Verás, imaginábamos un futuro dilatado
del que otros viajeros nos narraron
mientras negábamos con la cabeza.

Verás, creíamos que nada era irreparable;
los bufones nos advirtieron sobre el tiempo
y nos vistieron con prendas coloridas.

Verás, fuimos necios,
escogimos el tacto de la llaga.
Nos sedujeron los cantos de las sirenas,
a patita blanca bajo la puerta
el tenue beso en la mejilla.

30 nov 2012

Cada beso está infectado,
cada tequiero bajo la ropa
emponzoñado.

12 nov 2012

Si pudiera


Si pudiera te dejaría,
te tendría como un aparato más,
serías mi dispensador de abrazos,
mi proporcionador de sueños,
el encargado de que mi cama
nunca estuviera vacía.

Si pudiera
te dejaría que me desnudaras,
me escucharías hablar sola,
cantar canciones de Pocahontas,
bailar en ropa interior por las mañanas,
escribir frente al ordenador de noche,
ver películas sesgadas.

Si pudiera
te hablaría,
te educaría con Oscar Wilde,
T. S. Eliot y Ferdinand de Saussure,
Me arroparías de noche,
me leerías un cuento,
me escribirías versos,
me compondrías canciones,
me calentarías de madrugada
si pudieras.

4 nov 2012

Reflejo


Te perdí
como pierde un padre a su hijo
el primer día de la universidad.
Cambiaste,
te convertiste en el hombre que deseé
seduciendo a las chicas
haciéndote el intelecual
hablándoles de Chomsky
y la gramática generativa;
de Ulises
y el monólogo de Molly;
de la rutina y la fidelidad.
Observaba desde el otro lado del cristal
de cierta cafetería
cómo las volvías locas
mientras veía mi reflejo en tus manos,
las mismas que le tocaban el pelo a otra
a la que le hubiera gustado conocer
a tu compañera de piso.

28 oct 2012


Me hablas de una sensación indescriptible
silenciosa como el viento,
mudable como el humo de tu cigarro,
que chilla a través de tus ojos
y se escapa precipitadamente
por tus traviesos labios.

Ellos me hablan del peligro
de la noche y sus serpientes
y recuerdo que te gusta el riesgo
de la caída libre,
el bombeo imparable en tu pecho
tan caduco como intenso.
Cuando cierren los locales, 
cuando apaguen las luces
 algún día, 
quizá algún día 
ya no me quieras llevar a casa.

21 oct 2012

Tu boca y la mía cerca, respirándonos el aliento,
mis manos trepando sobre tu gélida espalda.
Sonrisas a oscuras y respiración entrecortada
afrontando extraños miedos, retos que me acobardan.
Tensión en el aire y deseo en tu carbonizada mirada.
Tan cerca que nuestros latidos se contagian.
Hoy quiero dormir contigo,
no importa qué pasará mañana.

9 oct 2012

Nota en la nevera

Cariño:
Te he dejado en el congelador
un tupper con un beso de despedida.
Ponlo seis minutos a potencia máxima
o descongélalo antes y ponlo dos.
Si te quedas con hambre
hay un abrazo en el cajón de los cubiertos.
Lamento haberme ido así
pero tengo prisa.
Hasta otra,
Laura.

24 sept 2012


Sus cuerpos se conocen de un croissant
en cierta pastelería de nombre francés.
Ella se conforma con poco,
él dice que quiere ser su moisés.
Sus ojos lo estudian en vela
y su pulso quiere bailar desnudo
sobre la alfombra de su piel.
Besos de tequila antes del limón,
caricias con ritmo de blues,
mentes disfrazadas de incógnito;
son extraños en un viejo somier
que cuentan en silencio los días
hasta que encuentren un café templado
acompañado de nuevo
de otra mirada que baile claqué.

19 sept 2012

Teen

Tú no me querías. En el silencio de la noche, en tu mirada pétrea, en tus soldados labios me di cuenta. En tu frialdad, en tu pasividad, en tu constante posición hierática. La curva de tus pestañas, tus frágiles brazos, tu pelo enmarañado, el polvo que caía sobre ti. Las paredes me lo confirmaban, tu cepillo de dientes se reía de mí, el olor de la almohada me lo recordaba. Nuestras canciones, nuestros relatos, nuestra nueva vajilla me gritaba que no eras mío, que no era a mí a quien buscabas. Tus mensajes de vídeo con la voz apagada, los dibujos de mi habitación, la pulsera que me regalaste, la piedra sobre la que escribí nuestros nombres volvían a mí para decirme "no te quiere, no te quiere". Ya no me miras como solías hacerlo, ya no cierras los ojos cuando te beso, ya no te hago temblar, ya no me alivia rozar mis labios contra tu superficie plana y fría de la pared. He roto tu póster, he roto tu página. 

29 ago 2012


Vengo del bosque ahogado,
llego cansada y sin ganas de caminar
seducida por el olor de lo salvaje
y lo impensado,
de hambrientos seres sin domesticar.
Llego arrastrándome hasta tu cama,
me sacio y me divierto,
devoro tu néctar entre gritos
que piden, que lloran,
que extinguen el miedo.
Existo en dos direcciones,
guardo imágenes de lugares que no existen,
de escenas que nunca ocurrirán.
He olvidado a qué vengo,
busco lo improbable
y cuelgo.

De lejos. Del bosque llego.
Tiro de ti fuerte,
tan enérgicamente
que te termino hiriendo.

28 ago 2012


Me pregunto si duele,
si todavía me queda sangre.
Mi rostro está seco y mi pulso es firme.
Clavo, araño, rasco.
Me sumerjo en el abismo que alejas y abrazas
desde el olvido.
Empuño el arma y la clavo una,
dos veces,
tres hasta que emana
un surtidor de polvo, arena
e indulgente derrota
que pasea lejana.

31 jul 2012

Espeleólogos



Desde fuera se oía Creep. Abrió la pesada puerta empujando con las dos manos y le sacudió el so fucking special. Le asaltaron flashes de los buenos tiempos.

Descendió las escaleras de caracol mientras se quitaba los guantes y vio que había tres mesas ocupadas; menos gente de lo habitual. Se acercó a la barra para dar sus datos y esperó en una mesa con una Heineken entre sus manos. Aquel día no estaba especialmente triste pero había adquirido la costumbre de ir desde la muerte de su única hija. Le gustaba aquel ambiente, la sinceridad que se respiraba y poder abrirse sin pudor hacia alguien que no le iba a poner una penitencia para el perdón de sus pecados, una cara anónima que cada noche tomaba una forma diferente y estaba dispuesta a entender y, con suerte, abrazarla durante unos minutos para detener el tiempo.

No tenía una vida desgraciada, trabajaba en un banco desde hacía diez años y muchos querrían estar en su posición, pero cada noche al acostarse una terrible sensación de soledad se apoderaba de ella y la poseía hasta el momento de levantar la ventanilla a los clientes.

Se sumergió en la melodía de Born to run y Respect hasta que apareció por detrás un señor mayor con barba en su mesa. Tenía el pelo canoso y llevaba un traje gris.

Buenas noches, ¿cómo puedo llamarla?

Hola, llámeme...dudó durante unos segundos  Aretha.

Estupendo, Aretha. Yo soy Iridio   le tendió la mano  Encantado de poder compartir esta noche contigo Iridio volcó un poco de su whisky en el vaso . Y bien... ¿Qué te preocupa?



10 jul 2012

[Busco]

Busco alma con que cruzar el bombardeo. Busco dar la mano a alguien y avanzar entre cadáveres mutilados y ensangrentados, agresores y víctimas per se. Busco pasear y sonreírnos por saber que uno sabe lo que piensa el otro, ajenos al conflicto y esquivando las balas sin esfuerzo. Busco unirme en comunión y alcanzar la paz ab omni perturbatione secur. In remissionem peccatorum.

No es necesaria la creencia en un dios.

Imprescindible fortaleza espiritual y experiencia en prácticas similares recomendable.

Sursum corda.

18 may 2012

Tengo heridas
marcadas en las entrañas,
Tengo cortes aún cicatrizando;
sangrientos golpes
coagulándose en el alma.
Como una aguja
te me clavas,
me atraviesas,
me succionas,
tragas mi sangre inyectando
tu pupila aguzada
hundida en mi mirada.
Vuelvo los ojos,
me inclino horrorizada.
Te irá bien —me dices—
Esto te dejará inmunizada.

17 may 2012

En soledad,
entre relojes, trenes y take aways,
te busco,
te pienso,
como las ramas de los árboles se encuentran
en la altura.
Eres ruido y eres sombra.
Todo lo cubres, todo lo tomas,
bebes de mí y me secas hasta que caigo
rendida.
Me apagas,
me ensordeces con tu voz ronca.
No soy ningún profeta
Déjame encontrar mi dios.

7 may 2012


Como un  nucleotido más,
como un vello de mi cuerpo erizado,
como la cicatriz de mi palma,
como el sueño recurrente
del que me despierto aturdida,
como la experiencia de joven insania
que todavía quiero borrar.
Eres sugestión e hipnotismo,
lo que nunca digo y grito,
silente cuerda que vibra
sola,
desgarradora marca que duele a la vista
por la que todos preguntan,
pesada cadena que arrastro,
tinta de la loca nubilidad.
Dime, ¿no oyes el sordo quejido?
¿No estás incómodo en la sombra
revolviéndote sin descanso en mí?

4 may 2012

Fe

                  
De un portazo dijo adiós a la casa.

No hubo ni lágrimas ni palabras. En sus oídos sonaba una canción de playa que le impedía pensar sobre lo que estaba haciendo. Era mejor así. En un par de días tendría decenas de llamadas perdidas en su móvil y un par de mensajes en su correo electrónico. En dos semanas su casera la llamaría para pedirle el alquiler del piso. En tres meses se habrían acumulado un par de cartas del banco en su buzón y su compañía telefónica llamaría para comunicarle de que iba a perder su número.

Solo tenía una maleta de mano con la ropa y el neceser. No quiso dejar ninguna nota despidiéndose. Sobre la mesa de la cocina un sobre blanco se alzaba con un corazón pintado con rotulador. En su interior estaba el colgante que había llevado los últimos cuatro años junto con el  impreso del billete de solo ida para un mes más tarde . El destino lo había decidido la noche anterior navegando por las ofertas de internet. Los números y horas hablaban por sí solos, gritaban por un acto de fe.
Salió del trabajo, pasó por la misma estrecha calle que recorría todas las tardes y se detuvo ante el escaparate de la tienda para ver las fotos expuestas y los diseños que se mostraban al otro lado del cristal. Un hombre leía una revista dentro, esperando, como siempre. A veces estaba en la tienda de enfrente o en la cafetería de un par de establecimientos a la izquierda del suyo propio, matando el tiempo. El chico llamaba bastante la atención por su altura y envergadura y solían intercambiar miradas cuando ella pasaba por delante de su tienda. Por fin decidió hacerse un tatuaje. Toda su vida pensó que sería un día marcado, en una fecha señalada y con alguien especial de la mano. Pensó en hacerse algo el día de su boda, el del nacimiento de su primogénito o minutos antes de conocer la Antártida, el único continente que aún no conocía, pero aquella tarde estaba sola.

 —Hágame algo inolvidable —dejó el maletín sobre el mostrador y se sentó en la butaca subiéndose la camiseta hasta el pecho.

Estuvo toda la tarde encerrada con aquel chico grande de barba y miró decenas de diseños: letras chinas, hadas, símbolos de diferentes culturas, series y películas, dragones y otros animales mitológicos, citas de célebres autores —o no, retratos, motivos florales... Pero nada le llamaba la atención.

 —Hágame algo que no me haga recordar el pasado. Quiero tener una señal y no entristecerme por el paso del tiempo. Algo que me haga mirar al futuro sin levantar los pies del presente pese a llevar décadas la tinta bajo mi piel. Quiero algo de lo que no me pueda arrepentir nunca. Póngame cualquier cosa.

 —Pero... ¡No puedo hacer eso! Eres tú la que tiene que decidir.

 —Y yo decido que usted escoja un dibujo y me lo tatúe bajo el pecho. El cliente siempre tiene razón, ¿no?

—Voy a por tinta marrón —el chico de la barba suspiró y asintió finalmente.


29 abr 2012

De pie,
hojeando las páginas de un libro
(cómo no).
Un golpe en mi cintura
repentinamente,
tras demasiados meses de ausencia.
Dos miradas que eran tres,
que fueron cuatro en un soplo.
Me sonrió,
pero no me quiso besar:
Silencios incómodos que murmuraban sobre el pasado.
Un par de palabras correctas
a dos metros de distancia.

Como extraños en un ascensor,
"Puedes dejar el libro en mi buzón".

25 abr 2012

¿




Preguntas que temen respuesta
Aterrorizadas por salir de su refugio
Ruegos que cortan el aire y quitan
el aliento
previo al seísmo

Preguntas arrojadas al vacío
Sin esperar ser cogidas al vuelo
Liberadas en las profundidades de su abismo
Inagotables viajeras
perdidas en la inmensidad de lo atemporal

Y tú,
Mi mayor incógnita
El silencio personificado
El misterio hecho hombre
La eterna pregunta errante
Respuesta encerrada en sí misma


Eres un secreto que me susurran de noche al oído,
dormida.
El murmullo incesante que no responde cuando pregunto
«¿Qué?»

16 abr 2012


En la opaca noche los cuerpos se confunden. La hipnosis de su mirada pétrea y estrellada seduce la candorosa piel. Cada poro se abre, cada vello se eriza al contacto. Sus soplos son cortos y huelen a humo y a hojalata. La sangre bulle y pide salir a borbotones deshaciendo el hielo de sus tubuliformes ojos. Molesta la voz, interrumpida. La decadente atmósfera es pesada y neblosamente incoherente. Sus mejillas saben a húmedas brasas.

Se somete. El añil la subyuga.

Corren enajenados los movimientos, cautivos del aroma a canela, y el polvo del cabecero se sacude con el devenir, con golpes y arremetidas. El cuerpo pesa y el alma estalla en un suspiro.

Murmura el vigor, saluda a la lenidad. Somnolientos, sus pieles se rozan en un esfuerzo final y vuelven a la vida.

14 abr 2012

Perfil


Te enseñé el piso que tengo con mis compañeras, aunque probablemente ya lo habías visto y te hacías el tonto. Fuimos de una habitación a otra, haciendo bromas y poniéndonos al día hacía meses o semanas que no sabíamos del otro. Entre el salón y un dormitorio que no era el mío me empujaste contra la pared, sin aviso previo ni señales de ningún tipo. Me retuviste y te quedaste detrás de mí haciendo fuerza, con uno de los brazos sobre la pared. Quizá podría haberme girado, pero ni siquiera lo intenté. Te acercarte a mi oreja por la derecha y no te veía, pero podía oír tu respiración fuerte en mi oído. De perfil, pegada a la pared. Estuvimos unos segundos en silencio y me cogiste de la cintura suavemente. Pusiste tu cabeza cerca de la mía pero cerré los ojos, no quería mirarte. El corazón me latía enérgicamente y estaba nerviosa y relajada por tu silencio a la vez. Ya no sentía tu fuerza. Los abrí.

—No es mi habitación...

Pero a ti no te importaba.

7 abr 2012

Lo inefable


Se durmió con la cabeza apoyada en el cristal, sobre su mano. Llevaba tres horas y media de viaje y el paisaje se hacía monótono. Siempre pasaban los mismos campos, las mismas flores, los mismos cables del tendido eléctrico, los mismos árboles, la misma carretera, las mismas gotas de lluvia cayendo una y otra vez sin dar tregua.

— Baja, que te invito.

— No quiero más.

— Déjate llevar.

— ¿Qué hora es?

— Métete en mi mochila.

—Cierra los ojos y no hables.

Caricias, susurros, golpes, cosquillas y jadeos. Un hotel en la planta setenta. Un cóctel con un pianista. Un poema leído al oído. Risa nerviosa en un ascensor. Un cigarro sin acabar. Recuerdos de un baile que nunca ocurrió.

El movimiento la mareaba e imaginaba conversaciones y escenas en su cabeza sobre las que no podía escribir.

Lo inefable.

Las librerías tienen un olor especial. Cuando entro en una de ellas me invade una sensación extraña, sé que estoy en un lugar especial. Es mi santuario, el lugar a donde acudo cuando quiero evadirme. Siempre hay alguien hojeando de pie las hojas durante minutos mientras otros buscan su libro y corren a pagar. Creo que las librerías son la causa número uno de las varices; librerías y médicos deben de tener algún tipo de acuerdo para sacar tajada de ello.

Siempre hay carteles promocionales donde aparece una foto en grande de cualquier película para adolescentes o gente con dudoso criterio en general basada en una novela que va por yo-qué-sé-cuál edición. Me gustaría que hubiera carteles de imágenes a tamaño real de personajes como Bernard Marx o Holden Caufield, pero me temo que tendré que esperar a que saquen una película hollywoodiense de ellos.

Casi hay de todo: desde el padre de familia que busca un regalo para sus hijas y escoge el libro con la portada más colorida hasta el profesor de Historia del arte que quiere ampliar sus conocimientos sobre un período o artista en concreto. A menudo trato de adivinar la profesión de cada uno, sus problemas, qué libro buscan. A menudo también tengo ganas de acercarme a alguien para escuchar su historia, porque creo que detrás de cada libro hay una digna de ser compartida.

Santifico las librerías con sillones porque puedes relajarte y hojear libros. En Londres un señor se sentó a mi lado mientras yo leía en una butaca, sacó un cuadernito de hojas blancas y se puso a dibujar figuras extrañas. El caso es que nunca olvidaré a ese hombrecillo inglés ni la tarde que pasé junto a él, sin mirarnos, sin intercambiar ni un tímido hello o good afternoon. Seguramente él ni me sintió, pero yo no dejaba de mirar hacia su cuaderno y preguntarme por su historia.

Me gustan las librerías porque cada persona que veo en ellas es un libro cerrado para mí, y los libros expuestos son los testigos de otras historias entre extraños.

12 mar 2012

Idea

Miraba fijamente la pantalla del ordenador, con el pulso temblando y temiendo que lo que saliera de sus falanges se convirtiera en realidad, que sus palabras fueran semillas en la mente de aquel desequilibrado e insano manojo de sentimientos. Tenia en su cabeza una bonita y cruel historia de amor y de odio, pero prefirió tragar saliva y no apretar el gatillo que podría cambiarlo todo.

6 mar 2012


Amamos deprisa, amamos de pie y amamos de espaldas, amamos de noche, amamos lo que deseamos hasta que lo agotamos. Nos encaprichamos, perseguimos, buscamos y nos cansamos. De noche las ciudades se pintan los labios en silencio y llevan colonia bajo el escote. Prestamos nuestras medias por un par de sacudidas a tres metros en un bar. Nos emborrachamos de apetito y nos saciamos. Bullicio y afonía. Queda el asco y la decepción, la búsqueda de algo más. Apretamos la esponja contra nuestra piel y desayunamos solos con la mirada perdida. Tomamos café con las manos calientes y el alma helada. Con el anochecer vendrá otro día —nos consolamos.

3 mar 2012


Mrs Lancy se había puesto tacones de aguja aunque no sabía caminar con ellos. Llevaba semanas planeándolo, buscando el hotel más lujoso, el vino más exquisito, la lencería más sugerente y un vestido que le quitara el hipo y las ganas de hablar. Paseaba de arriba a abajo por la suite nerviosa con los brazos en alto y mirando al suelo. Los ligueros le apretaraban los muslos y el recogido le estaba tirante de modo que no quería hacer movimientos bruscos. Eran las diez y ya tenía preparada la cena sobre el mantel. Las velas llevaban veinte minutos encendidas y la habitación apestaba a fragancia de jazmín. Una y otra vez se miraba en el espejo y se inclinaba para retocarse los labios o las pestañas. Una llamada la sacó de ese estado de impaciencia y corrió torpemente a la mesilla de noche. Se desplomó sobre la alfombra magenta y las tiras de los ligueros se escurrieron. El corsé le apretaba el pecho mientras lloraba y le impedía respirar, pero ella seguía tirada sollozando. El vichissoise estaba muy frío y sus mejillas con manchones de lápiz de ojos.

19 ene 2012

Que quema


Ten cuidado, que quema dijo mientras daba la vuelta a uno de los pececillos que habíamos cogido en el río. Tenía una expresión calmada en su rostro. Era de noche y el fuego iluminaba su cara y el trocito de playa que habíamos cogido prestado para pasar la noche.

¿Y qué, si quiero hacerlo? —sólo quería picar un poco, siempre estaba muy serio, distante incluso.

Que te harás daño y llorarás, el fuego es peligroso. ¿Nunca has oído eso de que quien juega con fuego se quema? —seguía con el brazo en alto, apoyado sobre sus piernas. Estaba moreno y la luz lo favorecía, me di cuenta de ello en ese momento.

¿Y si lloro eso significa que me consolarás?

No —sonrió y apartó la vista hacia el palo que levitaba sobre la hoguera—. Te diré que eres tonta por no hacerme caso y que te lo mereces. Ya sabes.

Aún así…—hice una pausa que hizo que aumentara su interés y pusiera sus encendidos ojos sobre mí; realmente el fuego le sentaba bien— Puede que merezca la pena. En realidad sé que algo de lástima sentirás por mí. Que tu primera reacción será correr hacía mí para curarme la quemadura. Que vendrás a abrazarme y eso hará que merezca la pena la herida.

Estás loca.

Entonces no lo niegas. Lo harías.

Sabes que sí —en su mirada percibí cierta tristeza que no se molestó en ocultar—, pero no quiero hablar de eso.

Me acerqué a él. Sentí ganas de tocarle y le cogí la mano sin querer mirar sus ígneas pupilas. Estaban frías y las froté enérgicamente para consolarlas con un poco de calor.

—Me gusta el fuego. Es constante pero a la vez tiene bruscas transformaciones, como los cambios de temperamento, como las montañas rusas, como cientos de súbitas convulsiones, como la vida. Calienta las noches frías e ilumina el camino de quienes se desplazan. Durante siglos ha sido la fiel compañía noctura del hombre. Es peligroso, pero todo lo bueno de la vida tiene sus riesgos; es condición indispensable para que no cese el interés por aquellas cosas que arden de alguna manera. En cualquier momento puede apagarse la llama y dejarte frío y a oscuras, por eso es tan valioso y conviene vigilar que continúe su persistente baile—lo miré para comprobar que estaba a mi lado escuchándome—. Me gusta compartir el fuego contigo.

—Retiro lo dicho entonces. Solo eres una pirómana.

—Soy una apasionada de la vida, y tú el soplo constante que aviva mi llama.

5 ene 2012

Cinco de enero


El reloj del salón tictaquea, se oye desde el dormitorio. Faltan tres minutos para medianoche y ya llevo una hora acostada. Los regalos ya están puestos bajo el luminoso árbol, que será el único que los vea. Compramos galletitas con trocitos de chocolate y leche entera para recibir a sus majestades. Para los camellos hay bombones para que recarguen las pilas y sigan trabajando por la ciudad. No quiero que hagan ruido. No quiero que me la despierten.

El silencio, el tictac.

Como una niña espero impaciente que sea de día para poder verle la carita iluminada cuando abra los regalos.

Hoy te pido que duermas abrazado a mí, aunque siento que no podré dormir de los nervios. Como cuando tenía siete años. Como cuando aún tenía ilusión.

Magia


Estabas cerca.

Estabas tan cerca que nos tocábamos. A media noche, viendo un espectáculo rodeados de decenas de personas. Tu pierna junto a la mía y tu mirada centrada en el fuego. Miles de hormiguitas corrían por mi tripa y mi pecho porque no entendían lo que pasaba. Porque no entendía por qué no me mirabas. El fuego bailaba haciendo rápidos movimientos delante de nosotros, como un ritual mágico para que triunfara.

A veces te miraba, y a veces me mirabas tú a mí también.

Desde entonces creo en la noche de San Juan.