31 jul 2012

Espeleólogos



Desde fuera se oía Creep. Abrió la pesada puerta empujando con las dos manos y le sacudió el so fucking special. Le asaltaron flashes de los buenos tiempos.

Descendió las escaleras de caracol mientras se quitaba los guantes y vio que había tres mesas ocupadas; menos gente de lo habitual. Se acercó a la barra para dar sus datos y esperó en una mesa con una Heineken entre sus manos. Aquel día no estaba especialmente triste pero había adquirido la costumbre de ir desde la muerte de su única hija. Le gustaba aquel ambiente, la sinceridad que se respiraba y poder abrirse sin pudor hacia alguien que no le iba a poner una penitencia para el perdón de sus pecados, una cara anónima que cada noche tomaba una forma diferente y estaba dispuesta a entender y, con suerte, abrazarla durante unos minutos para detener el tiempo.

No tenía una vida desgraciada, trabajaba en un banco desde hacía diez años y muchos querrían estar en su posición, pero cada noche al acostarse una terrible sensación de soledad se apoderaba de ella y la poseía hasta el momento de levantar la ventanilla a los clientes.

Se sumergió en la melodía de Born to run y Respect hasta que apareció por detrás un señor mayor con barba en su mesa. Tenía el pelo canoso y llevaba un traje gris.

Buenas noches, ¿cómo puedo llamarla?

Hola, llámeme...dudó durante unos segundos  Aretha.

Estupendo, Aretha. Yo soy Iridio   le tendió la mano  Encantado de poder compartir esta noche contigo Iridio volcó un poco de su whisky en el vaso . Y bien... ¿Qué te preocupa?



1 comentario:

susurros