30 dic 2011

Grrsssr

Era media tarde y le vino ese gusanillo de las seis por tomar algo en compañía de un libro de Borges, estaba sola en casa y hacía algo de frío. En silencio encendió la cafetera y puso una taza bajo la salida. Mientras calculaba las cucharaditas de café que debía poner en la máquina, pensó en que aquella taza debía de ser tan vieja como ella o más. Estaba hecha de porcelana y tenía una franja azul con motivos dorados que la rodeaba, era el mismo patrón de los platos y en general toda la vajilla. Poco a poco se habían ido rompiendo y de las diez que había cuando se compraron sólo quedaba un par. Ignoraba dónde estaba su pareja.

Por fin el pilotito dejó de parpadear y pulsó la tecla que, como una batuta, dio paso al concierto de grrsssr y grsssds que tocaban los granos de café al ser triturados.

Poco a poco el café caía, cremoso y de color parqué o parquet. No le echaba demasiada leche, sólo un chorrito; lo justo para que cogiera color.

Se sentó a echar el azúcar y mientras removía la mezcla con la cucharilla pensó en él. Aquel sonido y aquel aroma la transportaron hacia un lugar que ni siquiera conocía. El curvilíneo humo que salía de la taza le hizo pensar que quizá él estuviera en ese mismo minuto preparándose otro. Se lo imaginó mirando al infinito, con la mirada perdida puesta en el horizonte y pensando igualmente en ella. Cada sorbo le traía un fragmentito de alguna de las conversaciones que algún día tuvieron. Eran frases a veces incompletas o diálogos enteros que llegaban a su cabeza como pequeños mordisquitos de bombones de diferentes sabores y cajas. Había bombones de afecto que realmente disfrutó, pero también los había de miedo que saboreó con el ceño fruncido, como al darle un limón a un niño. En apariencia eran igualmente buenos; al principio no le daba importancia o incluso le agradaban, pero con el tiempo, al pasar la lengua por sus labios le venía un sabor característico amargo, como el alcohol solo. A palo seco sabían fatal.

En un momento se acabó el café. Siempre se le quedaba corto. No pudo evitar pensar que todo en lo que pensaba corría la misma suerte y aprovechó las últimas gotas antes de seguir con su libro.

26 dic 2011

Preposición indecente

A, ante, bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, sobre, tras. Mediante y durante.

22 dic 2011

Vía 3


Una estación de tren es uno de los mejores lugares donde explorar los sentimientos humanos. Entre las prisas de unos pasajeros y de otros no tan apresurados que descansan en los bancos con la vista fija en el reloj de la pared uno puede encontrarse todos los tipos de emociones que nos invaden cuando se trata de despedirnos de alguien o volverlo a ver después de muchos meses o incluso años.

El veintidós de diciembre la estación Vialia estaba bastante llena, eran vísperas de navidad y todos habían reservado ya el ticket hacia su hogar. Las navidades son unas fiestas agridulces, dado que son días de reencuentro con la familia pero a la vez es momento de alejarte de quienes te han acompañado durante varios meses y con quienes has compartido centenas de carcajadas y momentos íntimos. Una manera de desconectar, dicen algunos. Un recordatorio del lugar de donde vinimos, respondería yo.

Alejados de la multitud, una pareja se besaba en la frontera entre el escalón del tren del coche tres y la plataforma. En cinco minutos miles de pensamientos ondulaban en la cabeza de ella. En un momento le asaltaron decenas de recuerdos que vivieron en esos intensos cuatro meses que pasaron juntos y en los que no tuvieron que decirse adiós. Mientras las lágrimas se escapaban se preguntó cuántas veces más tendría que pasar por eso, cuántos años más habrían de transcurrir hasta que ellos fueran los que se despidieran conjuntamente de sus familias. Mientras el tren se alejaba rápidamente hacia delante y decía adiós con la mano hacia el otro lado del cristal, deseó saltar en el tiempo pata no tener que decirse adiós más.

28 nov 2011

Vigilia


A veces pienso que me pones a prueba. Que soy un producto usado y con obsolencencia programada. Que crees que voy a aguantar todo y que siempre estaré ahí porque "somos nosotros".

A diario me sorprendo pensando en esa tercera vez, en qué haría, en si soportaría un tercer golpe.

En ocasiones pienso que estamos intentando revivir el sueño de una noche de verano que un día tuvimos. Tú aprietas los ojos fuerte y me pides que duerma con un abrazo cálido, que mañana será otro día mejor. Entonces te duermes dulcemente. Has hecho un esfuerzo terrible pero ahí estás ya, arropado hasta arriba, tu pecho hundiéndose y levantándose, como un bebé ajeno a todo. Yo en cambio sigo despierta, mirándote fijamente y preocupándome de que tengas un sueño largo y duradero. Tú no te das cuenta pero hago vigilia por ti.

Mañana será otro día y despertarás. Y no sé si estaré ahí para darte un beso de buenos días.

9 nov 2011

Pared


Miraba la pared mientras lloraba porque contaba toda su relación en imágenes. Estaban colgados todos los dibujos de ella y parecía tener el nombre IRENE escrito en letras grandes sobre ella. Estaba una de las postales de un viaje que hizo a Italia, cuando todavía apenas se conocían. Junto a ella, una caricatura hecha con lápices de colores que le envió por correo por su cumpleaños, cuando sólo eran mejores amigos que sentían algo irrefrenable. Aquel dibujo iba con una carta que gritaba tanto que se oían sus palabras desde fuera del sobre. Las acuarelas del pasado año, hechas cuando estaban empezando, y unos bocetos con manchas de color que ella pensaba tirar pero que él rescató para colgarlos en esa pared. También una pulsera que ella le regaló el primer mes, cuando todavía los dos tenían ilusión y todo era nuevo y por tanto excitante.

En una estantería estaba una foto de ambos en blanco y negro, enmarcada en una claqueta, como si todo aquello hubiera sido una película de amor de los años cincuenta, de esas que acaban con final feliz porque el chico consigue a la chica. De esas que no van más allá por no decepcionar. En el espejo, bajo otra de sus fotografías, ella un día más, pero aquella mañana no se reflejaba una sonrisa.

Se imaginaba entonces toda esa pared, la suya, vacía. Pensó incluso en quitar todo ella misma.

7 nov 2011

Las 25 desventuranzas


  1. Desventurado el que se despierta con la boca cosida.
  2. Desventurado el que se queda en la epidermis.
  3. Desventurado quien no sabe describir sus escalofríos.
  4. Desventurado quien ignora el poder de la palabra.
  5. Desventurado quien mira para otro lado cuando actúa.
  6. Desventurado quien es incapaz de ver más allá de sus narices.
  7. Desventurado el que toca y se limpia.
  8. Desventurado quien no se mete en otros zapatos.
  9. Desventurado el que tiene miedo.
  10. Desventurado el incrédulo.
  11. Desventurado el que lee sin entender.
  12. Desventurado el que ríe solo con la boca.
  13. Desventurado quien no presta atención a los detalles.
  14. Desventurado el antisimbolista.
  15. Desventurado el que hace de la risa su vida.
  16. Desventurado el profeta.
  17. Desventurado el silencioso.
  18. Desventurado el que no toma la iniciativa.
  19. Desventurado el que no pide pagar.
  20. Desventurado el ingrato.
  21. Desventurado el incapaz de amar las pequeñas cosas.
  22. Desventurado el que se deja comida en el plato.
  23. Desventurado el que se jacta de ser bienaventurado.
  24. Desventurado quien vive sin vivir.
  25. Desventurado el omnibanalizador.

28 oct 2011

Hace seis o siete años me dijeron que era fría como el hielo. Me lo volvieron a repetir tres años más tarde. Me rompieron el corazón y aprendí sin querer a amar, y ahora no sé cómo se para.

22 ago 2011

A.


A mi amigo. A mi amante. A mi gato. A mi psicólogo. A mi subidor de bolsas. A mi papi y el de Evey. A mi compañero de paseos a la facultad. A mi alumno. A mi rescatador. A mi secuestrador también. A mi serial advisor. A mi público. A mi hermano. A mi mayor fan. A mi muñeco antiestrés. A mi abogado. A mi cumplidor de fantasías. Al que acompaña mis cafés. A mi cosquilleante. A mi mejor peluche. Al propietario del cuello que muerdo. A quien más noches me ha robado. Al primero que me lo hizo de verdad. Al padre de mis hijos.

19 ago 2011

Bonita



No me veo, pero creo que estoy roja porque mi cara arde en llamas. No puedo parar de mover las piernas, bailo como san Vito y cuanto más pienso en ello más nerviosa me pongo. Haces que me tape la cara y que sonría histéricamente y cometa errores gramaticales que de forma estúpida me molesto en corregir. Hablo rápido y tú me cortas porque también estás nervioso. Me miras y tú dejas entrever tus dientes del mismo modo. Me imagino que tu boca es como un telón que se abre y que tu sonrisa es la función que espera el público impacientemente.

Gracias por hacerme sentir bonita.

15 ago 2011

Facebook


Me gusta cuando me tocas la mano. Estando quietos, sin pensar en nada. Me gusta cuando me das besitos en la mejilla. Me gusta llamarte gatito y que hagas purr purr. Me gusta tu idea del amor y ser parte de ella. Me gusta cuando me susurras al oído. Me gusta poder agarrarte por detrás y sorprenderte con cosquillas. Me gusta que me dejes robarte la sábana. Me gusta meter la mano en tu bolsillo. Me gusta que gires la cabeza cuando te despides. Me gusta hacerte rabiar cuando hablas con alguien por teléfono. Me gusta que tengas una foto mía siempre de fondo. Me gusta que te guste más una foto mía a la de una modelo. Me gusta sentir tu piel sobre la mía. Me gusta hacerte reír con mis tonterías de niña pequeña. Me gusta que duermas hacia mi lado aunque yo te dé la espalda. Me gusta dejarte marcas en el cuerpo. Me gusta que me hagas cosquillitas en el brazo. Me gusta que me hagas masajes con aceite. Me gusta verte despeinado al despertarme. Me gusta que me cojas de la cintura. Me gusta que tengas poca vergüenza. Me gusta empujarte contra la pared. Me gusta dejar caer mi pelo sobre tu pecho. Me gusta que te dejes morder, arañar y tirar del pelo. Me gusta que sigas peleando contra mí aunque te haga daño y te dé patadas. Me gusta cuando me tapas la boca y te la hago quitar a mordiscos. Me gusta en la silla y darte la espalda. Me gusta que te dejes gritar en el oído. Me gusta que resbales. Me gusta. Me. Gusta. Que. Me. Mires. Aunque. Tenga. Los. Ojos. Cerrados. ME. GUSTA. QUE. ME. RESPIRES. ME GUSTA. QUE. SEAS. MÍO.

6 ago 2011

Café


Quiero uno de esos cafés de tres horas, de esos que se te quedan fríos, de esos que te quita el camarero como diciendo "pide algo más o fuera". Expresso, capuchino, cortado, con leche, bombón, irlandés, vienés, moca o macciato, no me importa. De esos en que tiras el azúcar restante en la taza y empiezas a hacer dibujos mientras hablas sobre la última de Sofía Coppola. Quiero apartar los ojos cuando me mires por la vergüenza que me da que nuestras miradas se encuentren entre el humo y las luces apagadas de la noche. Quiero ese temblor en las piernas, ese que es como miles de hormiguitas subiendo y bajando por todo tu cuerpo. Esas mariposas en la tripa que revolotean incluso cuando estás sola y que te quitan el hambre y el sueño y que hacen que tus padres se preocupen por tu salud. Quiero que una sonrisa tuya haga que mis mejillas se enciendan y poder hacer lo mismo con la mía. Quiero estar una tarde arreglándome y y probándome vestidos para ti, para que al verme silbes y me digas que estoy preciosa. Quiero que acerques tu mano a la mía para apartarla rápidamente. Quiero que hagas un gesto tonto e insignificante que me haga pensar sobre ello durante días. Y quiero tomar ese café contigo todos los días, y empezar antes de que se enfríe.

16 jul 2011

Vigilia de una noche de verano


La luna era blanca y brillaba como un diamante. Era espectadora y a la vez protagonista de aquella historia de amor a la que iluminaba en una terraza a las dos de la madrugada. A pesar de ser vistas desde la ciudad, la luz de unas pocas estrellas se proyectaba a través de la sucia atmósfera. Cada una de ellas era un mundo; una aventura que vivir antes de que ellos se fundieran con la tierra y el cielo.

La ciudad dormía mientras dos jóvenes trasnochaban y contabas luces tumbados sobre el suelo. Estaban cubiertos por una manta. Hacía frío, pero merecía la pena coger un resfriado como recuerdo de aquella noche. Aquella vista.

Todo era perfecto, pero ella sólo podía pensar en cuánto le gustaría estar con él en su aldeita, desde donde se pueden ver cientos de estrellas brillando con toda su fuerza. Desde donde coger un caballo y perderse por el monte es no un privilegio. Desde donde uno aprende a amar la naturaleza. Desde donde se puede descansar de verdad y alejarse del mundo e incluso de uno mismo.

Aún así, todo era perfecto. No hacía falta ni una de esas cosas para que lo fuera. La luna cuidaba de ellos, llenísima como pocas veces, y su brillo parecía decir que le gustaba hacerlo.

30 jun 2011

Mr. Net


El tiempo se ha parado. Durante unos minutos todo era como antes, como en una película que va cogiendo polvo sobre la estantería pero que se puede elegir poner tantas veces como se quiera un día cualquiera en que sientas nostalgia. Internet ayuda a mantener los recuerdos frescos: es nuestra película. Se encarga de recordarnos quiénes fuimos y nos hace plantearnos por qué somos lo que somos. La huella que un día marcamos quedará para siempre, aun después de borrarla. Y hoy he vuelto unos años atrás, cuando yo era una niña. Una niña tonta al fin y al cabo. Una que no sabía nada de la vida. Hoy Mr. Net me ha hecho retroceder en el tiempo. Y he sentido lástima.

26 jun 2011

Espejo retrovisor


Una a una se van. Estados Unidos, Bélgica, Cantabria, Barcelona, Burgos... La vida pasa sin apenas darme cuenta. Cuando algo termina es cuando pienso que debería haber pasado más tiempo con esa persona. Cuando pienso que quizá nunca nos volvamos a ver. Con suerte me enviarán su invitación de boda para reencontrarnos. Con suerte yo también lo haga.

Y con suerte ellas también me echarán de menos a mí.

25 jun 2011

Cartofobia



Las cartas me traen malos recuerdos. No hablo de las que encuentras en el buzón con el matasellos junto a la dirección. Esas hacen ilusión y suelen tratar temas alegres. Me refiero a las notas que alguien te deja por la casa. A veces entre los libros, para que la encuentres el día menos pensado. Otras veces están sobre la mesa o en el suelo, en un lugar más reconocible. Una vez me dejaron una bajo la almohada. Fue dulce.

Pero. Esas cartas siempre tenían un pero. Eran de pseudoamor. Amor imposible, amor-desamor. Amor amargo que hacía llorar.

La última carta que recibí fue de esas. La encontré sobre el teclado del ordenador y su sobre tenía un sello de lacre en la parte delantera. Era por la mañana y su autor se acababa de ir. Fue inevitable pensar que quizá nunca volvería. Que era una carta de despedida. Que se había aprovechado de mí y era un cobarde por no decirme las cosas a la cara.

Sí, sé que es paranoico. Pero lo pensé.

Quiero superar mi cartofobia.

21 jun 2011

Patito feo



Creciste creyéndote especial. Se metían contigo por ser diferente. Por ser la más débil. Pasabas el recreo sola, en una esquina. A veces te encerrabas en el cuarto de baño y hablabas contigo misma. En casa te encerrabas en tu habitación y encendías la consola para evadirte. Para olvidar toda esa mierda. Te acostumbraste. Ya no llorabas. Ya no te importaba no tener amigos. Nunca te planteaste si eras feliz. Nunca te conociste a ti misma, ¿para qué? Te dejabas llevar por el terrible peso de la conformidad. Creaste una burbuja donde nadie te podría hacer daño. Donde nadie podría ya reírse de ti. Hiciste de tus aficiones tu modo de vida. No te importaba tu familia, ni tu novio, ni tus estudios. No fuiste a la universidad, ni siquiera te lo planteaste. Tampoco saliste de España, ¿para qué? Creciste. Malgastaste tu juventud. La vida era larga, y tu habitación tan cómoda...

Entonces maduraste; abriste los ojos. Te diste cuenta de que en la vida sólo hay dos clases de personas: los que pisan y los que son pisados. Era tu turno, entonces. Tu venganza. Ahora eras tú la que se reía de los demás. La que los miraba con desprecio. La que hacía llorar. La que mostraba tanta indiferencia hacia los demás como hacia sí misma. Te hacía sentir mejor. Te liberaba de toda la carga que soportarte durante la infancia. Pagaste tus errores con los demás.

Pero ignoras que esas personas crecerán y seguirán tu ejemplo. Y caerás y llorarás de nuevo. Y te arrastrarás pidiendo perdón. Y te dirán ¿para qué?

Siempre fuiste el patito feo. Pero tú crecerás más fea. Nunca te convertirás en un cisne.

Escribir



Hoy escribo para decir que no tengo ganas de escribir. Para gritar que estoy cansada de la misma historia. Harta de ofrecer la mano para ayudar a levantarse a alguien y que tiren de mí hacia abajo. Escribo para desahogarme. Escribo para recordarme que siempre se repite la misma historia, para no pisar la próxima vez el mismo cepo, aunque sé que lo haré. Y sé que volveré a escribir sobre ello cuando suceda de nuevo. Escribo para soltar toda la rabia y, con ello, escribo para decir que escribir es mi medicina y que mientras escribía me han entrado ganas de continuar esto llenando hoja tras hoja hasta el amanecer. De escribir hasta que haya un cambio.

16 jun 2011

16

Noches,
infinitas lunas bebiendo alcohol sobre el sofá
pensando en los residuos.

Intentando recuperarlos con cada sorbo;
deshaciendo el tiempo
recobrando lágrimas.

He recordado hoy
hacia dónde sopla el viento
a dónde nos lleva la incomunicación.

12 jun 2011

NJ



Los chasquidos se oían desde dentro y con las ventanas cerradas. Estaba leyendo y salió a ver de dónde procedían esos ruidos que se agolpaban de manera desigual. Abrió la terraza; desde su ático podía ver la noche. Hoy la luna estaba casi llena y brillaba e iluminaba la ciudad como pocas veces había hecho. Sacó la cámara, valía la pena.

Chiiiiiiiiiiiu... ¡pufff! Por fin. Dejó la cámara y se giró hacia el sonido. Vio los fuegos artificiales boquiabierta. Vio caer las finas luces de color naranja y verde sobre la catedral y sus ojos quedaron empañados. Hoy era el día.

Se sentó a ver un rato el espectáculo. A unas luces amarillas le seguían unas rojas y a estas unas violetas. Era maravilloso, innegablemente. Tanto como cada año que había bajado al río a verlo de cerca. Esta vez contemplaba desde lejos aquellas chispas y destellos ocultos por los tejadillos de sus casas vecinas. Desde muy lejos.

Cogió aire y suspiró.

Deseó que aquellas luces cesaran, que parara el ruido y la actuación. Que todos se fueran a sus casas. Entró en casa y cerró bien las ventanas. Evey apoyaba sus patitas contra el alféizar y miró por la ventana sin conseguir ver nada por la persiana. No entendía qué pasaba allá fuera, y seguramente tampoco por qué ella había vuelto a entrar tan pronto.

Ambas se resignaron y volvieron a sus cosas. La una a leer sus artículos, la otra a descansar sobre la manta.

11 jun 2011

New York, New York...


Lo tenía a dos metros. De espaldas. Lo inspeccionó con la mirada. Chaqueta negra y sombrero. Zapatos planos y atados con cordones. Pelo hacia atrás engominado, y fumador. No era como lo recordaba, pero su figura y su manera de andar era la misma que la de hace años. Era innegable, era él.

Se quedó paralizada unos segundos mientras caminaba tras él entre la silenciosa multitud de la ciudad. Nueva York es muy impersonal. La gente pasa, empuja, atropella, carraspea para pasar, te mira y con suerte te pide la hora. Siempre con la misma mueca de indiferencia. Una se siente como nadando entre la niebla, se siente tan sola que es capaz de gritar en plena Quinta Avenida. Desnuda. Una puede ir cubierta toda con purpurina por la calle, nadie le dirigirá la palabra para indicarle que carnaval pasó hace tres meses. Tiene su encanto porque todos vamos tan juntos que es imposible caerse sobre la acera.

A veces, una vez al año o cada dos si tienes suerte, te encuentras a alguien que conoces. Con mucha suerte se trata de un compañero de la infancia que está pasando las vacaciones allí, un viejo conocido o un antiguo amor del instituto que está de paso por la gran manzana.

Ahora se trataba de él. Lo último que sabía era que había estado trabajando en Londres en un proyecto que él decía que lo haría millonario. Se preguntó si esos años en Londres lo habían hecho cambiar su acento a uno más british.

Se acercó un poco más, ya casi él se podía dar la vuelta al sentir la respiración de Amanda detrás, en su nuca. La que tantas noches de verano besó. Quería conocer su olor. Se alejó un poco al comprobar que había cambiado su colonia. Esta lo hacía mucho más impersonal.

(¿Continuará...?)

9 jun 2011

Abrázame




- ¡Ven, ven, ven!

- Eres un poco pesada...

- Es que me encanta abrazarte.

- Lo entiendo, soy adorable. Pero te pasas.

- ¿Es que tú no sientes ganas de abrazarme a mí?

- Hm. No. Bueno, algunas veces. Cuando pasamos la noche en habitaciones separadas. Por las noches te echo mucho de menos. MUCHO.

- Lo sé...

- A veces te llamo desde el otro lado de la puerta. Te llamo para que vengas, para que estés conmigo. Ahí sí quiero abrazarte. Me paso las noches en vela pensando en ti, deseando que abras la maldita puerta. Pero nunca vienes.

- Bueno... a veces te oigo por las noches. A veces me despiertas, te oigo gritándome y pienso si ir. Si abrirte la puerta. Si besarte y abrazarte.

- Pero nunca vienes.

- ... Lo siento.

- Y ahora me pides que me deje. Ahora. Ahora me necesitas. Siempre es cuando tú quieres. Eres una egoísta.

- Lo hago por tu bien. De verdad. No es bueno que estemos siempre juntos. Tenemos que tener nuestro espacio. Algún día te darás cuenta.

- O quizá no. Quizá no lo haga y te odie el resto de mi vida. Y soy joven aún así que esos son muchos años.

- Qué difícil me lo pones... Créeme cuando te digo que te quiero, que te quiero. ¡¡¡QUE TE QUIERO!!!

- Sí, sí... Me lo has dicho como doscientas veces. Bueno, ¿cuándo comemos?

7 jun 2011

Tormenta


Llegó en un arrebato. No había pensado, para cuando tomó el poder sobre su cabeza estaba caminando deprisa hacia ella. El portal rojo estaba abierto, de modo que subió directamente. Llamó a la puerta. Dos veces. Y nadie le abría. A la tercera se impacientó y empezó a golpear la puerta enérgicamente, desatando toda su furia contra aquel trozo de madera. Estaba nervioso.

Justo antes de la cuarta llamada, con el dedo en el timbre, oyó unos pasos y su respiración al otro lado de la puerta.

- Abre... Por favor. Soy yo. No te haré nada. Abre... De verdad.

Ella dudó. Respiró fuerte y pensó un rato, pero finalmente abrió.

Él llegaba mojado. Estaba calado hasta los huesos. Afuera había una tormenta de verano. Tenía dibujada una mueca terrorífica en su cara, levantó los ojos y la miró directamente.

- ¿Pero qué... ?

Sin decir nada, la cogió de la cintura y la empujó contra la pared. Cerró la puerta de un golpe mientras acariciaba su muslo. Su cuerpo estaba húmedo y olía a lluvia. Su pelo chorreaba y llenaba de gotitas el parqué.

- ¿Qu... ?

Estaba muy confundida y trataba de apartarlo sin éxito. Él era muy fuerte y no le costaba retenerla ahí. Podía hacer con ella lo que quisiera.

La agarraba con sus dos manos sobre su cabeza y sus ojos se encontraron por fin entre jaleos. No se dijeron nada y supieron todo. Sus ojos hablaban por ellos, transmitiendo los sonidos que sus bocas no se atrevieron a articular.

Ella dejó de forcejear y se relajó. Comprendió lo que pasaba. Y dejó de tener miedo.

Él soltó sus manos y las bajó para acariciarle el pelo. Sintió la necesidad de acercarse a él y olerlo. Olía a miel. Era como antes.

Rompió a llorar.

Y rompió a llorar ella también.

Ven


¿Te imaginas? Tú y yo una noche en un parque. Es verano, de modo que no hace ni frío ni calor. La temperatura es ideal. Vas con un traje negro y camisa y te digo que te vas a poner perdido si te tumbas ahí, pero te da igual. Yo llevo un vestido carísimo y llevo toda la noche en el restaurante haciendo malabares para que no se arrugue al sentarme. Me empujas hacia el suelo y nos reímos mientras peleamos por quién cae después. Me cago en tu madre.

Nuestras miradas se encuentran.

Y se hace el silencio.

Y siento ese cosquilleo. Ese mismo que sentí la primera vez que te miré a los ojos.

Nos hemos puesto perdidos, pero extrañamente no me importa.

Estoy contigo, jugando sobre la hierba. Y todo lo demás no me importa. Sólo quiero que te acerques a mí y me beses. Te sonrío, ¿captas las señales?

Ven y bésame. Sobre el suelo otra vez.

10 abr 2011

Por lo que merece la pena vivir


- Oler las flores.
- Tumbarse en la hierba.
- Reencontrarte con viejas amigas tras años y comprobar que el vínculo que os une es irrompible.
- Los abrazos de más de 5 segundos.
- Las manos de mi padre.
- Soñar despierta.
- Susurrar te quiero.
- Escuchar música sin pensar en nada. Sentada. Sólo escuchando.
- Tocarle las manitas a un bebé.
- Cantar las canciones de Disney a pleno pulmón.
- Que un chico que te toque la mano.
- Los besos en la mejilla.
- Las decenas de cartas que conservo.
- El olor a pintura.
- Pasar la noche en un parque.
- Dejar secar el pelo al sol.
- Despertarte junto a alguien.
- Acariciar un cachorrito.
- Mirar un objeto y recordar toda su historia.
- Bailar a oscuras.
- Recordar el olor de las personas.
- Ir a comprar ropa y que te siente divino todo.
- Caminar de la mano.
- Hablar con mi madre hasta el amanecer.
- Llegar a casa y que me pregunten qué tal el día.
- Hacer un favor esperando sólo una sonrisa a cambio.
- Que un libro te enganche tanto que te lo leas en un día.
- Inventarte una enfermedad mental para cada uno de tus compañeros de tren.
- Ver las estrellas.
- El silencio.
- Descubrir algo en común con un desconocido.
- Meter lacasitos en la cesta de la compra.
- Leer tu diario de cuando eras un renacuajo y te daba vergüenza besar a un chico delante de sus amigos.
- Los post-it.
- Saber reírse de una misma.
- Hacer la comida para alguien con mucho cariño.
- Que cuando estés mala suba alguien a traerte un cruasán y medicinas.
- Oír la lluvia desde casa.
- Un capucchino con chocolate en forma de carita sonriente.
- Leer los cuentos de tu infancia y descubrir nuevos significados.
- Trabajar duro por algo y que tu abuela llore por estar orgullosa de ti.
- Llegar a casa de tus padres y sentir que todo sigue igual.
- La brisa.
- Un cumpleaños rodeada de la gente que te quiere.
- Que cada vez que ves un peluche te sientas querida por una completa desconocida.
- Recordarte en el suelo, mirándonos.
- Caminar descalza en la playa.
- Que alguien te pregunte qué tal y espere a oír la respuesta.
- Escribir de madrugada y sentir que el tiempo se para.
- Hundir la mano en la arena.
- El sonido de las olas.
- Dormir como si no hubiese nada más después.
- Llorar de felicidad, o por cualquier pequeña cosa que te ha conmovido, como esta lista.

20 feb 2011

Bécquer

¡Los suspiros son aire y van al aire!
¡Las lágrimas son agua y van al mar!
Dime, mujer, cuando el amor se olvida
¿sabes tú adónde va?

, pero no


Yo también me odiaría si hubiera llegado tan lejos por venganza. También me odiaría si hubiera mentido cada día con mis actos y mis palabras. Me odiaría si le hubiera dado un beso aunque fuera en la mejilla sin quererlo. Por haberle torturado. Por hacer de mis lágrimas tan sólo agua salada. Me odiaría si creyera que todo fue mentira. Me odiaría también si pensara que soy tan despiadada, egoísta, y desalmada como para hacer todo eso a sangre fría. Me odiaría si todas las entradas de blog fueran una ilusión.

6 feb 2011

Esa noche dormimos abrazados, como siempre. Me levanté antes, a las cinco de la mañana, porque entraba a trabajar. Te di un beso mientras dormías y te arropé hasta arriba.

Volví de un humor de perros, llevaba días sin hablar con nadie. Me sentía sola y te necesitaba. Tú organizaste una fiesta en casa. Vino todo el barrio. Compraste una tarta, contrataste un showman y una minicadena. Preparaste algo de picar y cócteles. Cuando llegué a casa no me lo podía creer. Era justo lo que necesitaba... Estuvimos bailando, bebiendo y riéndonos hasta las tantas.

Era tarde y la gente se fue yendo. Nos quedamos tú y yo solos en casa. Cambiaste el disco y sonó una canción lenta. Me cogiste de la cintura y empezamos a bailar pegados. Nos besamos.

Entonces te arrodillaste, tomaste mi mano, y yo dije sí, quiero.

Responsabilidad


Solo uno mismo es responsable de lo que le pase.

No hay destino, no hay tiranos, no hay nada fijo. Solo uno mismo puede conseguir su perfección. Sólo uno mismo es el responsable de moldear su vida como quiera. Solo uno mismo es el encargado de coger la piedra con la que le han apedreado y construir con ella una casa.

El que culpa a otros es un medieval. Es un cristiano viejo. Pertenece a un sistema decadente de sociedad. Fue hace seis siglos.

Relatividad, escepticismo, libertad desde el Renacimiento.

Nadie nos pone la pistola en la cabeza. Madura y asume las consecuencias de tus actos. sólo cuando lo hagas quedarás en paz.

3 feb 2011

La tristeza y la furia - Jorge Bucay

En un reino encantado donde los hombres nunca pueden llegar, o quizás donde los hombres transitan eternamente sin darse cuenta...

En un reino mágico, donde las cosas no tangibles, se vuelven concretas.

Había una vez... un estanque maravilloso.

Era una laguna de agua cristalina y pura donde nadaban peces de todos los colores existentes y donde todas las tonalidades del verde se reflejaban permanentemente...

Hasta ese estanque mágico y transparente se acercaron a bañarse haciéndose mutua compañía, la tristeza y la furia.

Las dos se quitaron sus vestimentas y desnudas las dos entraron al estanque.

La furia, apurada (como siempre esta la furia), urgida -sin saber por qué- se baño rápidamente y más rápidamente aún, salió del agua...

Pero la furia es ciega, o por lo menos no distingue claramente la realidad, así que, desnuda y apurada, se puso al salir, la primera ropa que encontró...

Y sucedió que esa ropa no era la suya, sino la de la tristeza...

Y así vestida de tristeza, la furia se fue.

Muy calma, y muy serena, dispuesta como siempre a quedarse en el lugar donde está, la tristeza terminó su baño y sin ningún apuro (o mejor dicho, sin conciencia del paso del tiempo), con pereza y lentamente, salió del estanque.

En la orilla se encontró con que su ropa ya no estaba.

Como todos sabemos, si hay algo que a la tristeza no le gusta es quedar al desnudo, así que se puso la única ropa que había junto al estanque, la ropa de la furia.

Cuentan que desde entonces, muchas veces uno se encuentra con la furia, ciega, cruel, terrible y enfadada, pero si nos damos el tiempo de mirar bien, encontramos que esta furia que vemos es sólo un disfraz, y que detrás del disfraz de la furia, en realidad... está escondida la tristeza.

Sólo por amor - Jorge Bucay

Camino por mi camino. mi camino es una ruta con un solo carril: El mío. A mi izquierda, un muro separa mi camino del camino de alguien que transita a mi lado -De vez en cuando en esta pared inmensa veo un agujero, una ventana, una hendidura...
Un día,mientras camino veo aparecer del otro lado del muro una figura que transita a mi ritmo en mi misma dirección. La miro: es una mujer hermosa-

Ella me mira. La vuelvo a mirar. Le sonrío, me sonríe.Un momento después, ella sigue su camino y yo me apuro.En la siguiente ventana me detengo un minuto.... Cuando ella llega,nos miramos a través de la ventana, del agujero....le digo con señas lo mucho que me gusta.
Me contesta con gestos...creo que me entiende...y continúo mi camino. Empiezo a correr con la vista clavada en el muro. De pronto la veo, está esperándome...le hago un gesto, ella me devuelve un beso en el aire-y sigo caminando- y la vuelvo a ver.

Es ella todo lo que necesito. Quiero pasar al otro lado del muro...pero la puerta es muy estrecha. Paso una mano, paso un hombro, hundo un poco el estómago, me retuerzo un poquito sobre mí mismo, casi consigo pasar mi cabeza...pero mi oreja derecha se atasca. Empujo. No hay forma- no pasa- Y no puedo usar mi mano para retorcerla, porque no podría poner ni un dedo allí.. .No hay espacio suficiente para pasar con mi oreja. Tengo que tomar una decisión (porque mi amada me espera ) (porque es la mujer con la que soñé toda mi vida) saco una navaja del bolsillo y de un solo tajo rápido, me atrevo a darme un corte en la oreja para que que mi cabeza pase por la puerta. Y lo consigo: mi cabeza pasa.

Pero ahora tengo el hombro el que se queda atascado. La puerta no tiene la forma de mi cuerpo. Hago fuerza..Mi mano y mi cuerpo han pasado, pero mi otro hombro y mi brazo ...no pasan..Ya nada me importa así que, tomo impulso y fuerzo mi paso por la puerta... Ya casi estoy al otro lado. Justo cuando estoy a punto de terminar de pasar, me doy cuenta que mi pie derecho se ha quedado enganchado al otro lado. Por mucho que me esfuerzo no consigo pasar. No hay forma..estoy casi al alcance de mi amada...así que agarro un hacha y apretando los dientes, doy el golpe y desprendo la pierna.

Ensangrentado a saltos apoyado en el hacha y con el brazo desarticulado, con una oreja y una pierna menos.- me encuentro con mi amada -Aquí estoy. Por fin he pasado- Me miraste- te miré- me enamoré. He pagado todos los precios por tí. Todo vale la pena en el amor y la guerra- No importan los sacrificios, valían la pena si era para encontrarse contigo mi amada. Ella lo mira mientras se le escapa una mueca- Así no-Así no quiero... A mí me gustabas cuando estabas entero.

Darse cuenta - Jorge Bucay

"Me levanto una mañana,
salgo de mi casa,
Hay un pozo en la acera,
no lo veo,
y me caigo en él.


Al día siguiente...
salgo de mi casa,
me olvido que hay un socavón en la acera
y vuelvo a caer en él.


Tercer día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
que hay un socavón en la vereda,
sin embargo
no lo recuerdo,
y caigo en él.


Cuarto día,
salgo de mi casa tratando de acordarme
del pozo en la acera,
lo recuerdo,
y a pesar de eso,
no veo el socavón
y caigo en él.


Quinto día,
salgo de mi casa,
recuerdo que tengo que tener presente
el socavón en la acera
y camino mirando el piso,
y lo veo
y a pesar de verlo,
caigo en él.


Sexto día,
salgo de mi casa,
recuerdo el socavón en la acera
voy buscándolo con la vista,
lo veo,
intento saltarlo,
pero caigo en él.


Séptimo día,
salgo de mi casa
veo el socavón
tomo carrera,
salto,
rozo con la puntas de mis pies el borde del otro lado,
pero no es suficiente y caigo en él.


Octavo día,
salgo de mi casa,
veo el socavón
tomo carrera,
salto,
llego al otro lado!
Me siento tan orgulloso de haberlo conseguido,
que festejo dando saltos de alegría...
y al hacerlo, caigo otra vez en él.

Noveno día,
salgo de mi casa,
veo el socavón
tomo carrera,
lo salto,
y sigo mi camino.


Décimo día,
justo hoy,
me doy cuenta
de que es más cómodo
caminar...
por la acera de enfrente."

30 ene 2011

Los niños estaban solos - Jorge Bucay

Desde que el padre había muerto, los tiempos eran demasiado duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela se enfermaba o se ausentaba de la ciudad.

Cuando el novio de la jovencita llamó para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudó demasiado. Después de todo los niños estaban durmiendo como cada tarde, y no se despertaban hasta las cinco.

Apenas escuchó la bocina cogió su bolso y descolgó el teléfono. Tomó la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardó la llave en el bolsillo. Ella no quería arriesgarse a que Pancho se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque después de todo tenía sólo seis años y en un descuido podía tropezar y lastimarse. Además, pensó, si eso sucediera, ¿cómo le explicaría a su madre que el niño no la había encontrado?

Quizás fue un cortocircuito en el televisor encendido o en alguna de las luces de la sala, o tal vez una chispa del hogar de leña; el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rápidamente alcanzó la escalera de madera que conducía a los dormitorios.

La tos del bebé debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho saltó de la cama y forcejeó con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo.

De todos modos, si lo hubiera conseguido, él y su hermanitos de meses hubieran sido devorados por las llamas en pocos minutos.

Pancho gritó llamando a Marina, pero nadie contestó su llamada de auxilio. Así que corrió al teléfono que había en el cuarto (él sabia como marcar el número de su mamá) pero no había línea.

Pancho se dio cuenta de que debía sacar a su hermanito de allí. Intentó abrir la ventana que daba a la cornisa, pero era imposible para sus pequeñas manos destrabar el seguro y aunque lo hubiera conseguido aún debía soltar la malla de alambre que sus padres habían instalado como protección.

Cuando los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo

– ¿Cómo pudo ese niño tan pequeño romper el vidrio y luego el enrejado con el perchero?

– ¿Cómo pudo cargar el bebé en la mochila?

– ¿Cómo pudo caminar por la cornisa con semejante peso y bajar por el árbol?

– ¿Cómo pudo salvar su vida y la de su hermano?

El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado les dio la respuesta:

-Panchito estaba solo… No tenía a nadie que le dijera que no iba a poder.

28 ene 2011

Make you sm:)e


Me despierto y siento tu brazo rodeándome. No recuerdo quién soy. No recuerdo dónde estoy ni qué día es hoy. Está todo oscuro. Me pregunto si tengo que hacer algo importante hoy o si puedo de quedarme unos minutos más allí.

Recuerdo... ya recuerdo.

Abro los ojos y recupero mi identidad, aunque en realidad no la necesito. Las persianas dejan salida a pequeñas rendijas entrecortadas sobre las sábanas y mantas. Oigo tu respiración y me incorporo para abrazarte en la penumbra de la madrugada. Me acurruco sobre tu pecho y noto cómo has dejado de respirar fuerte; y ya no te oigo. Levanto la cabeza y entorno los ojos para ver los luminosos números del despertador. Son las ocho de la mañana. Calculo que hemos dormido unas cuatro horas, pero parecen cuatro minutos para mí.

Estoy muerta. Pienso que te he debido de despertar con mi movimiento. Me estrechas fuerte entre tus brazos y sonríes muy tiernamente. Estoy demasiado cansada, pero me gustaría darte un beso por regalarme cada día esos pequeños momentos. Los dos tenemos los ojos cerrados, pero no soñamos. Mientras siento el aire que expulsas sobre mi cabeza pienso que alguien debe de estar soñándonos a nosotros. No importa quién soy o qué hago. No importa nada en realidad mientras pueda seguir haciéndote sonreir así cada día cuando se asoma el día.

27 ene 2011

Squeeze


Reconozco que me equivoqué, que exprimí la naranja hasta la última gota. Reconozco que todo fue un error.

Un error que recuerdo cada día.

23 ene 2011

Hug


Todavía recuerdo tu olor, las sensaciones que tuve al abrazarte, como si fuera ayer. Me puse un poco triste, me sentía mal aunque no tenía motivos para ello. Sentía que nunca me entenderías, que nunca sentía capaz de expresarte lo que pasaba. Tenía miedo de hablar y estropearlo todo. Viniste corriendo, eso debía bastarme. Todavía lloro cuando lo recuerdo. Todavía tengo miedo de la fragilidad de la vida.

Fuego


Estabas a dos centímetros de mí, a mi derecha. Te estaba gritando, pero no me oías. Lo había hecho por ti, pero no parecías darte cuenta. Estabas viendo el espectáculo, intentabas darle sentido a esas figuras y malabares. Yo hacía tiempo que había dejado de buscarle sentido a las cosas. Pensaba en ti. Pensaba en que me gustaría tener el valor de rodearte entre mis brazos con fuerza y que mis lágrimas te mancharan la camiseta. Quería hacerlo durante horas, y que tú no te asustaras. Que me acariciaras el pelo. Que me abrazaras tú también y me dijeras que todo había acabado. Te miré, estabas sonriendo, pero no me mirabas a mí. No parecías interesado en nadie. No en mí. Volví a girar la cara para ver los movimientos del fuego, deseando que mis lágrimas lavaran todos mis problemas. El fuego estaba en mí.

22 ene 2011

Lo que queda


Al llegar a casa me ponía tus discos. Aquellos que nunca escuché. Me ponía la música para trabajar con el ordenador, para limpiar, para hacer la comida, para ducharme. Para bajar al super. Sentía que así me acompañabas; de esa forma siempre estabas conmigo. Pensaba que a la vez, quizá, tú, en algún lugar muy lejano, estarías tarareando la misma canción. Eso me aliviaba, aunque sabía que no estabas ahí. Mientras, seguía escuchando música, con la esperanza de poder algún día oírla juntos y decirte que me encanta la tercera canción del disco que antes odiaba.

17 ene 2011

Viajemos


Viajemos hacia el fondo,
perdámonos entre las ramas
y sigamos avanzando sin miedo,
dame la mano y miremos hacia delante
confiando en el otro,
descubramos nuevos paisajes
e inventémonos nombres para ellos
donde los riscos chocan y se abrazan
entre ellos,
ponte el sombrero y los zapatos
y bailemos bajo la tormenta
hasta que no recuerdes la intención, viajemos
con la curiosidad de un niño,
destapemos nuestros más abismales miedos
mientras les hacemos cosquillas,
sorprendámonos
desvistiéndonos hasta quedarnos en entrañas
lleguemos hasta el umbral
y quedémonos ahí solos
abrazados,
ebrios de pasión.

Rastrea mis huellas
y ven a cogerme,
conquístate y entrégame tu alma
a cambio de la mía

1 ene 2011

Desengaño

Como se arranca el hierro de una herida
su amor de las entrañas me arranqué,
aunque sentí al hacerlo que la vida
me arrancaba con él

Del altar que le alcé en el alma mía
la Voluntad su imagen arrojó,
y la luz de la fe que en ella ardía
ante el ara desierta se apagó.

Aún turbando en la noche el firme empeño
vive en la idea la visión tenaz...
¡Cuándo podré dormir con ese sueño
en que acaba el soñar!

[40, XXX]

Asomaba a sus ojos una lágrima
y a mi labio una frase de perdón.
Habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino; ella, por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?,
y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?

[32, LVII]

Este armazón de huesos y pellejo
de pasear una cabeza loca
se halla cansado al fin y no lo extraño,
pues aunque es la verdad que no soy viejo,
de la parte de vida que me toca
en la vida del mundo, por mi daño
he hecho un uso tal, que juraría
que he condensado un siglo en cada día.

Así, aunque ahora muriera,
no podría decir que no he vivido;
que el sayo al parecer nuevo por fuera,
conozco que por dentro ha envejecido.

Ha envejecido, sí ¡pese a mi estrella!,
harto lo dice ya mi afán doliente;
que hay dolor que al pasar, su horrible huella
graba en el corazón, si no en la frente.


[17, LIX]

Yo sé cuál el objeto
de tus suspiros es.
Yo conozco la causa de tu dulce
secreta languidez.
¿Te ríes?... Algún día
sabrás, niña, por qué.
Tú acaso lo sospechas,
y yo lo sé.

o sé cuándo tú sueñas,
y lo que en sueños ves:
como en un libro, puedo lo que callas
en tu frente leer.
¿Te ríes?... Algún día
sabrás, niña, por qué.
Tú acaso lo sospechas,
y yo lo sé.


Yo sé por qué sonríes
y lloras a la vez.
Yo penetro en los senos misteriosos
de tu alma de mujer.
¿Te ríes?... Algún día
sabrás, niña, por qué.
Mientras tú sientes mucho y nada sabes,
yo que no siento ya, todo lo sé.

[14, XLIX]


Alguna vez la encuentro por el mundo
y pasa junto a mí,
y pasa sonriéndose y yo digo:
¿cómo puede reír?

Luego asoma a mi labio otra sonrisa,
máscara del dolor,
y entonces pienso: —Acaso ella se ríe
como me río yo.