9 nov 2011

Pared


Miraba la pared mientras lloraba porque contaba toda su relación en imágenes. Estaban colgados todos los dibujos de ella y parecía tener el nombre IRENE escrito en letras grandes sobre ella. Estaba una de las postales de un viaje que hizo a Italia, cuando todavía apenas se conocían. Junto a ella, una caricatura hecha con lápices de colores que le envió por correo por su cumpleaños, cuando sólo eran mejores amigos que sentían algo irrefrenable. Aquel dibujo iba con una carta que gritaba tanto que se oían sus palabras desde fuera del sobre. Las acuarelas del pasado año, hechas cuando estaban empezando, y unos bocetos con manchas de color que ella pensaba tirar pero que él rescató para colgarlos en esa pared. También una pulsera que ella le regaló el primer mes, cuando todavía los dos tenían ilusión y todo era nuevo y por tanto excitante.

En una estantería estaba una foto de ambos en blanco y negro, enmarcada en una claqueta, como si todo aquello hubiera sido una película de amor de los años cincuenta, de esas que acaban con final feliz porque el chico consigue a la chica. De esas que no van más allá por no decepcionar. En el espejo, bajo otra de sus fotografías, ella un día más, pero aquella mañana no se reflejaba una sonrisa.

Se imaginaba entonces toda esa pared, la suya, vacía. Pensó incluso en quitar todo ella misma.

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