
Quiero uno de esos cafés de tres horas, de esos que se te quedan fríos, de esos que te quita el camarero como diciendo "pide algo más o fuera". Expresso, capuchino, cortado, con leche, bombón, irlandés, vienés, moca o macciato, no me importa. De esos en que tiras el azúcar restante en la taza y empiezas a hacer dibujos mientras hablas sobre la última de Sofía Coppola. Quiero apartar los ojos cuando me mires por la vergüenza que me da que nuestras miradas se encuentren entre el humo y las luces apagadas de la noche. Quiero ese temblor en las piernas, ese que es como miles de hormiguitas subiendo y bajando por todo tu cuerpo. Esas mariposas en la tripa que revolotean incluso cuando estás sola y que te quitan el hambre y el sueño y que hacen que tus padres se preocupen por tu salud. Quiero que una sonrisa tuya haga que mis mejillas se enciendan y poder hacer lo mismo con la mía. Quiero estar una tarde arreglándome y y probándome vestidos para ti, para que al verme silbes y me digas que estoy preciosa. Quiero que acerques tu mano a la mía para apartarla rápidamente. Quiero que hagas un gesto tonto e insignificante que me haga pensar sobre ello durante días. Y quiero tomar ese café contigo todos los días, y empezar antes de que se enfríe.