Estoy hecha a tu medida
como las hojas lo están al viento en otoño
o la música a los oídos
y te miro como quien ve
una aurora boreal
en la distancia,
boquiabierta,
con los ojos de puntillas;
contemplo lo que serás y lo que fuiste.
Y la vida se colará por una rendija
de mi cuarto
y huiré de nuevo sin ti
a diciembre,
sabiendo que me espera una helada
con esa mirada guardada,
viva en mi memoria
con los diez sentidos puestos en su reflejo
hasta que caiga la ropa
y me deje helada hasta los huesos
y te pida la vuelta
al paraíso.