26 ene 2013

Cuentos de Augusto Monterroso


La oveja negra

    En un lejano país existió hace muchos años una oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.
    Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.


El burro y la flauta

    Tirada en el campo estaba desde hacía tiempo una Flauta que ya nadie tocaba, hasta que un día un Burro que paseaba por ahí resopló fuerte sobre ella haciéndola producir el sonido más dulce de su vida, es decir, de la vida del Burro y de la Flauta.
    Incapaces de comprender lo que había pasado, pues la racionalidad no era su fuerte y ambos creían en la racionalidad, se separaron presurosos, avergonzados de lo mejor que el uno y el otro habían hecho durante su triste existencia.

El grillo maestro

    Allá en tiempos muy remotos, un día de los más calurosos del invierno, el Director de la Escuela entró sorpresivamente al aula en que el Grillo daba a los Grillitos su clase sobre el arte de cantar, precisamente en el momento de la exposición en que les explicaba que la voz del Grillo era la mejor y la más bella entre todas las voces, pues se producía mediante el adecuado frotamiento de las alas contra los costados, en tanto que los pájaros cantaban tan mal porque se empeñaban en hacerlo con la garganta, evidentemente el órgano del cuerpo humano menos indicado para emitir sonidos dulces y armoniosos.
    Al escuchar aquello, el Director, que era un Grillo muy viejo y muy sabio, asintió varias veces con la cabeza y se retiró, satisfecho de que en la Escuela todo siguiera como en sus tiempos.

Elogio de la fugacidad


Triste que todo pase…
Pero también qué dicha este gran cambio perpetuo.
Si pudiéramos
detener el instante
todo sería mucho más terrible.
¿Pueden imaginar a Fausto de 1844, digamos,
que hubiera congelado el tiempo en un momento preciso?
En él hasta la más libre de las mujeres
viviría prisionera de sus quince hijos
(sin contar a los muertos antes de un año),
las horas infinitas ante el fogón, la costura,
los cien mil platos sucios, la ropa inmunda
—y todo lo demás, sin luz eléctrica y sin agua corriente.
Cuerpos sólo dolor, ignorantes de la anestesia,
que olían muy mal y rara vez se bañaban.
Y aún después de todo esto, como perfectos imbéciles,
nos atrevemos a decir irredentos:
“Qué gran tristeza la fugacidad,
¿Por qué tenemos que pasar como nubes?”

José Emilio Pacheco

25 ene 2013

Reflexión sobre la literatura


Leer es un acto de rechazo en los tiempos que corren. Es rebeldía, inconformismo, ganas de ir más allá de la frontera donde la mayoría se queda. Es renuncia y es compromiso con una forma de pensar y de vivir por lo tanto que no es la que aparece en los cuentos infantiles de final feliz que adorábamos. Participamos de la literatura con personajes melancólicos, conflictivos, inadaptados sociales como nosotros (¿alguien recuerda a algún personaje literario que sea feliz y no resulte caricaturesco?). No leemos literatura para ser felices. No leemos para solucionarnos la vida. No leemos a los grandes clásicos solo por aprender. Leemos por placer; adoramos meternos en la piel de personajes indisciplinados e inconformistas que sufren y lloran porque es lo que nosotros mismos somos al fin y al cabo; terminamos identificándonos con ellos y haciendo nuestra su experiencia.

Buscamos la crítica, el análisis, meternos en otras identidades y darles la mano a personajes que a veces odiamos y a veces amamos y respetamos, pero que siempre despiertan de cualquier manera nuestra curiosidad lo suficiente como para tenernos horas sentados en una misma posición estoicamente inalterable. Pero, ¿quién dijo que ser crítico es bueno? ¿Lo bueno no es aprender a conformarse, vivir de forma sencilla y simple, dejándonos llevar por las circunstancias, sin difíciles debates morales ni grandes conflictos existenciales que persiguen al hombre desde el primero de ellos? ¿Por qué perseguimos la infelicidad?

22 ene 2013

Uno de esos días


Hoy es uno de esos días
en que no encuentro la pareja de mis calcetines,
en que el aire sopla desde detrás
y el café me lo sirven frío.
Hoy las notas suenan con mayor intensidad,
abrazo las letras de las canciones
y los textos de difuntos poetas resucitan
para darle cuerpo al vacío.
Hoy los sueños son costumbres
de un niño que se cansó de esperar.

Hace tanto que no nos sorprendermos
que hemos olvidado para qué vinimos.
Hoy es uno de esos días de responder
dándose la vuelta y volviendo la mirada:
Nada.

19 ene 2013

!!!


Hipnótico acuerdo de la mirada,
vibraciones de dos cuerpos suspendidos,
indefinible tensión de los músculos,
sublime, ingenua, pura
rendición a la voluntad;
mordisco de la edénica manzana,
suspiro de alma extraviada
que se precipita hacia el incierto abismo.
Airado fuego,
capricho de los dioses,
dulce palpitación de los sentidos
que gritan en silencio
suplicando en lágrimas por lo celestial.

12 ene 2013

Horizontal, sí, te quiero


Horizontal, sí, te quiero.
Mírale la cara al cielo,
de la cara. Déjate ya
de fingir un equilibrio
donde lloramos tú y yo.
Ríndete
a la gran verdad final,
a lo que has de ser conmigo,
tendida ya, paralela,
en la muerte o en el beso.
Horizontal es la noche
en el mar, gran masa trémula
sobre la tierra acostada,
vencida sobre la playa.
El estar de pie, mentira:
sólo correr o tenderse.
Y lo que tú y yo queremos
y el día - ya tan cansado
de estar con su luz, derecho -
es que nos llegue, viviendo
y con temblor de morir,
en lo más alto del beso,
ese quedarse rendidos
por el amor más ingrávido,
al peso de ser de tierra,
materia, carne de vida.
En la noche y la trasnoche,
y el amor y el transamor,
ya cambiados
en horizontes finales,
tú y yo, de nosotros mismos.
Pedro Salinas

8 ene 2013

Eres tinta que marca mi piel,
indeleble, fluida, literaria:
Tú 
escribes sobre mí a tu antojo,
me manchas, borras, tachas,
bailas sobre mi pecho sin capucha.
Soy níveo cuaderno, relléname 
y cubre mis márgenes con tus cartas,
tus partituras, tus susurros, tus poemas. 
Dibújame tu sonrisa, hazme arte,
fúndete conmigo
y envuélveme de negro.