Está podrida por dentro. Ríe para la foto, pero por dentro está vacía. No llora porque no sabe lo sucia que está. La sociedad le ha infectado. Veo a través de su piel y adivino que no ha luchado por nada salvo por besos arrancados. Nadie le enseñó el valor de una sonrisa. Nunca supo sobre la importancia de conocerse a sí mismo y el mundo en que ha nacido. No está sola. Como ella, millones de pequeñas bacterias se mueven caóticamente, sin destino ni equipaje, hacia una muerte a la que llegarán tras mentiras, hipocresía y un barco lleno de orgullo.Se pone un vestido ceñido que marca sus enormes caderas y pechos. Se pinta y se hace un peinado nuevo. Se siente guapa. Sale cada sábado buscando su próxima presa y pide que sea alguien que le saque de ese lodo en que está hundiéndose desde hace años. Ya no existen ni príncipes ni princesas, pero no le importa; ella sólo busca sexo y caricias disfrazadas de amor por las noches.
Las mismas lágrimas que arrancó le serán arrancadas a ella. Una vez, y otra, y miles de veces hasta que comprenda el valor de la vida. Como serpiente, vive en un mundo árido y seco del que quizá nunca saldrá. Pero le da igual.
La pequeña seguirá arrastrándose sin preguntarse por su destino. Quizá cuando abra los ojos mire hacia atrás y recuerde todo el daño que ha hecho, pero eso no le preocupa ahora. Duerme tranquila.
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