20 feb 2010

La pequeña serpiente

Está podrida por dentro. Ríe para la foto, pero por dentro está vacía. No llora porque no sabe lo sucia que está. La sociedad le ha infectado. Veo a través de su piel y adivino que no ha luchado por nada salvo por besos arrancados. Nadie le enseñó el valor de una sonrisa. Nunca supo sobre la importancia de conocerse a sí mismo y el mundo en que ha nacido. No está sola. Como ella, millones de pequeñas bacterias se mueven caóticamente, sin destino ni equipaje, hacia una muerte a la que llegarán tras mentiras, hipocresía y un barco lleno de orgullo.

Se pone un vestido ceñido que marca sus enormes caderas y pechos. Se pinta y se hace un peinado nuevo. Se siente guapa. Sale cada sábado buscando su próxima presa y pide que sea alguien que le saque de ese lodo en que está hundiéndose desde hace años. Ya no existen ni príncipes ni princesas, pero no le importa; ella sólo busca sexo y caricias disfrazadas de amor por las noches.

Las mismas lágrimas que arrancó le serán arrancadas a ella. Una vez, y otra, y miles de veces hasta que comprenda el valor de la vida. Como serpiente, vive en un mundo árido y seco del que quizá nunca saldrá. Pero le da igual.

La pequeña seguirá arrastrándose sin preguntarse por su destino. Quizá cuando abra los ojos mire hacia atrás y recuerde todo el daño que ha hecho, pero eso no le preocupa ahora. Duerme tranquila.

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