27 feb 2010

Reflejo

En una habitación donde apenas llegaba la luz, él inclinó su cabeza hacia ella y se besaron. Sus labios se acariciaron tímidamente durante sólo unos instantes. Se despegaron y sus ojos se encontraron en la penumbra que los abrazaba. Ella encontró su rostro en la pupila que se clavaba en la suya. Entonces comprendió todo. Entendió por qué estaba allí esa noche, abrazada a un cuerpo que no deseaba, a una ilusión. Le gustaba mirarle a los ojos porque se veía en él. En esos ojos podía verse no sólo a ella sino también sus deseos, sus necesidades y sus infantiles miedos. Sintió que no le miraba a él, que no era él a quien amaba sino a ella misma. Siguió mirando su reflejo durante toda la noche hasta que se quedó dormida entre sus brazos. A la mañana siguiente, él se despertó solo y confundido.

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