Se levantó y se puso la camiseta rápidamente. Ella, asustada, no se podía creer que se fuera antes que ella aquella mañana. Mientras se ponía los zapatos, ella seguía sobre la cama esperando un beso en la mejilla, una caricia, un abrazo... Se iba, se iba y quizá nunca más volvería a verle. Él se quedó parado y se sentó en el borde de la cama. En silencio, no se miraron. Ella salió de entre las sábanas, se incorporó sobre la cama y se abrazaron incómodamente. Fue un abrazo frío, un abrazo de despedida, el último abrazo. Por fin se levantó. Los ojos de ella se llenaron de lágrimas y apoyó su cabeza sobre sus rodillas, no quería que le viera. Él abrió la puerta y dudó unos momentos mientras ella seguía llorando sobre la cama. Silenciosos segundos que se hicieron eternos que nunca olvidarán. Por fin, cerró la puerta. Ella pensó que volvería, que no sería capaz de irse, pensó en salir de la cama corriendo por el pasillo y abrazarle, pedirle perdón por todo el daño que le había hecho, pero oyó el portazo final de la puerta. Era el fin. Por fin ella estaba sola en su cuarto y lloró con más fuerza que nunca. Por la puerta se iba su última oportunidad de ser feliz, y ella tenía frío otra vez.13 abr 2010
El último abrazo
Se levantó y se puso la camiseta rápidamente. Ella, asustada, no se podía creer que se fuera antes que ella aquella mañana. Mientras se ponía los zapatos, ella seguía sobre la cama esperando un beso en la mejilla, una caricia, un abrazo... Se iba, se iba y quizá nunca más volvería a verle. Él se quedó parado y se sentó en el borde de la cama. En silencio, no se miraron. Ella salió de entre las sábanas, se incorporó sobre la cama y se abrazaron incómodamente. Fue un abrazo frío, un abrazo de despedida, el último abrazo. Por fin se levantó. Los ojos de ella se llenaron de lágrimas y apoyó su cabeza sobre sus rodillas, no quería que le viera. Él abrió la puerta y dudó unos momentos mientras ella seguía llorando sobre la cama. Silenciosos segundos que se hicieron eternos que nunca olvidarán. Por fin, cerró la puerta. Ella pensó que volvería, que no sería capaz de irse, pensó en salir de la cama corriendo por el pasillo y abrazarle, pedirle perdón por todo el daño que le había hecho, pero oyó el portazo final de la puerta. Era el fin. Por fin ella estaba sola en su cuarto y lloró con más fuerza que nunca. Por la puerta se iba su última oportunidad de ser feliz, y ella tenía frío otra vez.
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