Eran ya las cuatro de la madrugada e hice un alto en la lectura para contar las páginas que me quedaban hasta acabar el capítulo y decidir si merecía la pena o no dejar de leer para irme a dormir. Entonces vi una notita entre las páginas del libro recién cogido de la biblioteca. Era un trozo de papel de cuadros y tenía los bigotes de los agujeros de los lados sin cortar. Algo casero, "probablemente será la lista de la compra" pensé. La curiosidad me hizo abrirla rápidamente y leí una preciosa carta de amor de una hija a su madre que me conmovió:
"Preciosa. Sencilla y completamente preciosa". Pensé en la destinataria de aquel regalo que me hizo el destino. Imaginé dónde trabajaba, cómo era su hija, cuándo recibió la nota y cómo la colocó entonces entre las páginas de aquel mismo libro de psicología que yo tenía entre mis manos en aquel momento. Me sentí por unos segundos feliz al pensar que yo podría ser esa madre algún día, que podría tener una niña que me escriba que me quiere y que si no está cansada me podría contar un chiste por el camino de vuelta a casa. Guardaría todas sus notas en un cuaderno, sería mi pequeño tesoro. Gracias a ese pequeño papel imaginé la vida de otra persona con la que de algún modo he establecido contacto, deseé ser esa madre que durante unos instantes sentí ser, y comprendí el enorme valor de lo que para otra persona puede ser un papelajo cualquiera.
La noche siguiente le enseñé la carta con una sonrisa de oreja a oreja a mi madre, le conté su curiosa historia y ella me respondió con la misma sonrisa y tierna que caracteriza a las madres. Le dije que ojalá ella guardara alguna de mis cartas y me sorprendió al decirme que conservaba uno de mis dibujos que le hizo mucha ilusión recibir. Por lo visto días antes del regalo le pedí que escogiera sus pegatinas de Piolín favoritas de entre las que yo tenía para posteriormente dibujárselas como regalo de cumpleaños. Después de compartir conmigo ese emotivo recuerdo, mi madre me dio un beso en la mejilla y me despedí, tenía la necesidad de escribir sobre todo esto; sobre la relación madre e hija, sobre la importancia de una notita cualquiera, y sobre los vínculos que se pueden crear entre personas que ni siquiera se conocen.
Decidí entonces yo también dejar una nota en el mismo libro, que será esta misma entrada de blog. Después de hacerle la foto a la carta noté con asombro que el dibujo de la parte inferior no es otro que uno de Piolín. Una vez más, el mundo me ha sorprendido y he llorado de emoción. La vida es maravillosa. Espero que con mi nota otro ser humano se emocione y reflexione sobre todo esto y sienta el cariño de una desconocida que le escribe sin importante quién sea ni de dónde venga, una aprendiz que está aprendiendo a amar y a vivir en el más amplio sentido de la palabra.
La noche siguiente le enseñé la carta con una sonrisa de oreja a oreja a mi madre, le conté su curiosa historia y ella me respondió con la misma sonrisa y tierna que caracteriza a las madres. Le dije que ojalá ella guardara alguna de mis cartas y me sorprendió al decirme que conservaba uno de mis dibujos que le hizo mucha ilusión recibir. Por lo visto días antes del regalo le pedí que escogiera sus pegatinas de Piolín favoritas de entre las que yo tenía para posteriormente dibujárselas como regalo de cumpleaños. Después de compartir conmigo ese emotivo recuerdo, mi madre me dio un beso en la mejilla y me despedí, tenía la necesidad de escribir sobre todo esto; sobre la relación madre e hija, sobre la importancia de una notita cualquiera, y sobre los vínculos que se pueden crear entre personas que ni siquiera se conocen.
Decidí entonces yo también dejar una nota en el mismo libro, que será esta misma entrada de blog. Después de hacerle la foto a la carta noté con asombro que el dibujo de la parte inferior no es otro que uno de Piolín. Una vez más, el mundo me ha sorprendido y he llorado de emoción. La vida es maravillosa. Espero que con mi nota otro ser humano se emocione y reflexione sobre todo esto y sienta el cariño de una desconocida que le escribe sin importante quién sea ni de dónde venga, una aprendiz que está aprendiendo a amar y a vivir en el más amplio sentido de la palabra.
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