Llevaban años sin verse. Por fin estaban el uno frente al otro, incómodos. Aparentaban normalidad. Hablaron de lo que habían hecho esos años. Ella se había sacado unas oposiciones y había encontrado trabajo en Alemania. Él consiguió un enchufe en la televisión y se había echado novia. Ella había pasado las noches en vela pensando en lo que pudo ser. Había estado levantándose cada mañana pensando en por qué todo acabó. Intentó seguir con su vida adelante, conocer a otros chicos, pero a todos los comparaba con él y siempre salían perdiendo. Cada mañana se lavaba la cara, se peinaba, se vestía y se ponía un par de chinchetas para sujetar su sonrisa. Había buscado desesperadamente pistas sobre él. Preguntó a sus amigos, en internet, a gente de su antiguo colegio. Paseaba por su calle con la esperanza de cruzárselo. Todos los días se preguntaba cómo le iría. Se preocupó por él esos ocho largos años que estuvieron separados. Cuidó de él en la distancia, y por fin aquella noche, en aquel bar, el amor de su vida y una desconocida se encontraron. Conforme hablaban se iba dando cuenta de lo mucho que él había cambiado. Sus gestos, su manera de hablar, su olor, sus ideas eran diferentes. Atrás quedó el niño dulce que le había enseñado a amar. Había estado esperando ese reencuentro durante años para darse cuenta de que había estado todo aquel tiempo amando el pasado.14 ene 2010
Enamorada del pasado
Llevaban años sin verse. Por fin estaban el uno frente al otro, incómodos. Aparentaban normalidad. Hablaron de lo que habían hecho esos años. Ella se había sacado unas oposiciones y había encontrado trabajo en Alemania. Él consiguió un enchufe en la televisión y se había echado novia. Ella había pasado las noches en vela pensando en lo que pudo ser. Había estado levantándose cada mañana pensando en por qué todo acabó. Intentó seguir con su vida adelante, conocer a otros chicos, pero a todos los comparaba con él y siempre salían perdiendo. Cada mañana se lavaba la cara, se peinaba, se vestía y se ponía un par de chinchetas para sujetar su sonrisa. Había buscado desesperadamente pistas sobre él. Preguntó a sus amigos, en internet, a gente de su antiguo colegio. Paseaba por su calle con la esperanza de cruzárselo. Todos los días se preguntaba cómo le iría. Se preocupó por él esos ocho largos años que estuvieron separados. Cuidó de él en la distancia, y por fin aquella noche, en aquel bar, el amor de su vida y una desconocida se encontraron. Conforme hablaban se iba dando cuenta de lo mucho que él había cambiado. Sus gestos, su manera de hablar, su olor, sus ideas eran diferentes. Atrás quedó el niño dulce que le había enseñado a amar. Había estado esperando ese reencuentro durante años para darse cuenta de que había estado todo aquel tiempo amando el pasado.
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