Se quitó la ropa lentamente y se miró al espejo. Llevaba puesta una sonrisa de oreja a oreja recién comprada y unos ojos brillantes que deslumbraban. Eran las cinco de la madrugada cuando se quitó el reloj de pulsera y los pendientes. Abrió el grifo de la ducha, puso la minicadena del salón y se metió en la bañera. Primero sumergió el pie derecho, pero el agua estaba tan fría que lo apartó rápidamente. Esperó a que el agua se calentara para meterse. Una vez la bañera llegó hasta arriba, cerró el chorro de agua y sacó un libro con una fotografía dentro como marca-páginas. Mientras sonaba cierta banda sonora leía y tarareaba a la vez que iba pasando las páginas. La espuma le cubría hasta el pecho y su piel se iba arrugando. Estuvo horas ahí metida, sin importarle nada ni nadie salvo ella misma y ese momento, que era para ella. Se quedó dormida absorta en sus pensamientos y cuando se despertó se notó extraña. Se le había acabado el agua, ¿qué hora sería? Se puso el albornoz y salió a la calle, seguía siendo de noche. Miró al cielo y lo vio entre las estrellas. Quiso elevarse y tocarle, congelar el momento y volar, hacerse inmortal junto a él, ver la pequeñez del mundo entre sus brazos y llorar de alegría. Abrió los ojos y corrió a subir a la superficie de la bañera, casi se ahoga.30 jun 2010
El baño
Se quitó la ropa lentamente y se miró al espejo. Llevaba puesta una sonrisa de oreja a oreja recién comprada y unos ojos brillantes que deslumbraban. Eran las cinco de la madrugada cuando se quitó el reloj de pulsera y los pendientes. Abrió el grifo de la ducha, puso la minicadena del salón y se metió en la bañera. Primero sumergió el pie derecho, pero el agua estaba tan fría que lo apartó rápidamente. Esperó a que el agua se calentara para meterse. Una vez la bañera llegó hasta arriba, cerró el chorro de agua y sacó un libro con una fotografía dentro como marca-páginas. Mientras sonaba cierta banda sonora leía y tarareaba a la vez que iba pasando las páginas. La espuma le cubría hasta el pecho y su piel se iba arrugando. Estuvo horas ahí metida, sin importarle nada ni nadie salvo ella misma y ese momento, que era para ella. Se quedó dormida absorta en sus pensamientos y cuando se despertó se notó extraña. Se le había acabado el agua, ¿qué hora sería? Se puso el albornoz y salió a la calle, seguía siendo de noche. Miró al cielo y lo vio entre las estrellas. Quiso elevarse y tocarle, congelar el momento y volar, hacerse inmortal junto a él, ver la pequeñez del mundo entre sus brazos y llorar de alegría. Abrió los ojos y corrió a subir a la superficie de la bañera, casi se ahoga.
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