7 sept 2010

Si tú no vuelves

Una cabecita se asomó de entre las sábanas y nació una sonrisa que iluminó la habitación durante unos segundos. Sus cuerpos se entrelazaron formando una extraña figura expresionista. Los dos tenían un auricular enganchado a uno de sus oídos y una suave música se transportaba hacia su interior llenando sus almas de sentimientos. Las voces hablaban de una estrella que cada noche contaba a dos enamorados que estaban separados qué tal le iba al otro.

- Esta es mi parte favorita.

La melodía de unos violines entró en la habitación desnudando sus almas y haciéndolos flotar por la ventana. Estaban cogidos de la mano y volaban. ¡Volaban!

- No me sueltes, ¿eh?

Se miraban de vez en cuando entre risas. El viento acariciaba sus cuerpos y los hacía moverse rápidamente. Sus libres cabellos bailaban sin un ritmo fijo pero constante. Ella apretó su mano con fuerza y la estrechó contra sí misma. Él le correspondió con una sonrisa tímida que decía todo. Flotaron por los cielos de la pequeña ciudad durante segundos que se hicieron minutos, que se hicieron horas, que se hicieron años, que se hicieron eternos. La música seguía siendo la protagonista, pero se iba debilitando mientras sus cuerpos caían hacia la superficie. Poco a poco iban cayendo hasta llegar a su terraza. La canción los había devuelto a su lugar de origen, había acabado, proporcionándoles un viaje mágico.

- Ponla otra vez. Porfi.

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