30 jun 2011

Mr. Net


El tiempo se ha parado. Durante unos minutos todo era como antes, como en una película que va cogiendo polvo sobre la estantería pero que se puede elegir poner tantas veces como se quiera un día cualquiera en que sientas nostalgia. Internet ayuda a mantener los recuerdos frescos: es nuestra película. Se encarga de recordarnos quiénes fuimos y nos hace plantearnos por qué somos lo que somos. La huella que un día marcamos quedará para siempre, aun después de borrarla. Y hoy he vuelto unos años atrás, cuando yo era una niña. Una niña tonta al fin y al cabo. Una que no sabía nada de la vida. Hoy Mr. Net me ha hecho retroceder en el tiempo. Y he sentido lástima.

26 jun 2011

Espejo retrovisor


Una a una se van. Estados Unidos, Bélgica, Cantabria, Barcelona, Burgos... La vida pasa sin apenas darme cuenta. Cuando algo termina es cuando pienso que debería haber pasado más tiempo con esa persona. Cuando pienso que quizá nunca nos volvamos a ver. Con suerte me enviarán su invitación de boda para reencontrarnos. Con suerte yo también lo haga.

Y con suerte ellas también me echarán de menos a mí.

25 jun 2011

Cartofobia



Las cartas me traen malos recuerdos. No hablo de las que encuentras en el buzón con el matasellos junto a la dirección. Esas hacen ilusión y suelen tratar temas alegres. Me refiero a las notas que alguien te deja por la casa. A veces entre los libros, para que la encuentres el día menos pensado. Otras veces están sobre la mesa o en el suelo, en un lugar más reconocible. Una vez me dejaron una bajo la almohada. Fue dulce.

Pero. Esas cartas siempre tenían un pero. Eran de pseudoamor. Amor imposible, amor-desamor. Amor amargo que hacía llorar.

La última carta que recibí fue de esas. La encontré sobre el teclado del ordenador y su sobre tenía un sello de lacre en la parte delantera. Era por la mañana y su autor se acababa de ir. Fue inevitable pensar que quizá nunca volvería. Que era una carta de despedida. Que se había aprovechado de mí y era un cobarde por no decirme las cosas a la cara.

Sí, sé que es paranoico. Pero lo pensé.

Quiero superar mi cartofobia.

21 jun 2011

Patito feo



Creciste creyéndote especial. Se metían contigo por ser diferente. Por ser la más débil. Pasabas el recreo sola, en una esquina. A veces te encerrabas en el cuarto de baño y hablabas contigo misma. En casa te encerrabas en tu habitación y encendías la consola para evadirte. Para olvidar toda esa mierda. Te acostumbraste. Ya no llorabas. Ya no te importaba no tener amigos. Nunca te planteaste si eras feliz. Nunca te conociste a ti misma, ¿para qué? Te dejabas llevar por el terrible peso de la conformidad. Creaste una burbuja donde nadie te podría hacer daño. Donde nadie podría ya reírse de ti. Hiciste de tus aficiones tu modo de vida. No te importaba tu familia, ni tu novio, ni tus estudios. No fuiste a la universidad, ni siquiera te lo planteaste. Tampoco saliste de España, ¿para qué? Creciste. Malgastaste tu juventud. La vida era larga, y tu habitación tan cómoda...

Entonces maduraste; abriste los ojos. Te diste cuenta de que en la vida sólo hay dos clases de personas: los que pisan y los que son pisados. Era tu turno, entonces. Tu venganza. Ahora eras tú la que se reía de los demás. La que los miraba con desprecio. La que hacía llorar. La que mostraba tanta indiferencia hacia los demás como hacia sí misma. Te hacía sentir mejor. Te liberaba de toda la carga que soportarte durante la infancia. Pagaste tus errores con los demás.

Pero ignoras que esas personas crecerán y seguirán tu ejemplo. Y caerás y llorarás de nuevo. Y te arrastrarás pidiendo perdón. Y te dirán ¿para qué?

Siempre fuiste el patito feo. Pero tú crecerás más fea. Nunca te convertirás en un cisne.

Escribir



Hoy escribo para decir que no tengo ganas de escribir. Para gritar que estoy cansada de la misma historia. Harta de ofrecer la mano para ayudar a levantarse a alguien y que tiren de mí hacia abajo. Escribo para desahogarme. Escribo para recordarme que siempre se repite la misma historia, para no pisar la próxima vez el mismo cepo, aunque sé que lo haré. Y sé que volveré a escribir sobre ello cuando suceda de nuevo. Escribo para soltar toda la rabia y, con ello, escribo para decir que escribir es mi medicina y que mientras escribía me han entrado ganas de continuar esto llenando hoja tras hoja hasta el amanecer. De escribir hasta que haya un cambio.