5 ene 2012

Cinco de enero


El reloj del salón tictaquea, se oye desde el dormitorio. Faltan tres minutos para medianoche y ya llevo una hora acostada. Los regalos ya están puestos bajo el luminoso árbol, que será el único que los vea. Compramos galletitas con trocitos de chocolate y leche entera para recibir a sus majestades. Para los camellos hay bombones para que recarguen las pilas y sigan trabajando por la ciudad. No quiero que hagan ruido. No quiero que me la despierten.

El silencio, el tictac.

Como una niña espero impaciente que sea de día para poder verle la carita iluminada cuando abra los regalos.

Hoy te pido que duermas abrazado a mí, aunque siento que no podré dormir de los nervios. Como cuando tenía siete años. Como cuando aún tenía ilusión.

Magia


Estabas cerca.

Estabas tan cerca que nos tocábamos. A media noche, viendo un espectáculo rodeados de decenas de personas. Tu pierna junto a la mía y tu mirada centrada en el fuego. Miles de hormiguitas corrían por mi tripa y mi pecho porque no entendían lo que pasaba. Porque no entendía por qué no me mirabas. El fuego bailaba haciendo rápidos movimientos delante de nosotros, como un ritual mágico para que triunfara.

A veces te miraba, y a veces me mirabas tú a mí también.

Desde entonces creo en la noche de San Juan.

30 dic 2011

Grrsssr

Era media tarde y le vino ese gusanillo de las seis por tomar algo en compañía de un libro de Borges, estaba sola en casa y hacía algo de frío. En silencio encendió la cafetera y puso una taza bajo la salida. Mientras calculaba las cucharaditas de café que debía poner en la máquina, pensó en que aquella taza debía de ser tan vieja como ella o más. Estaba hecha de porcelana y tenía una franja azul con motivos dorados que la rodeaba, era el mismo patrón de los platos y en general toda la vajilla. Poco a poco se habían ido rompiendo y de las diez que había cuando se compraron sólo quedaba un par. Ignoraba dónde estaba su pareja.

Por fin el pilotito dejó de parpadear y pulsó la tecla que, como una batuta, dio paso al concierto de grrsssr y grsssds que tocaban los granos de café al ser triturados.

Poco a poco el café caía, cremoso y de color parqué o parquet. No le echaba demasiada leche, sólo un chorrito; lo justo para que cogiera color.

Se sentó a echar el azúcar y mientras removía la mezcla con la cucharilla pensó en él. Aquel sonido y aquel aroma la transportaron hacia un lugar que ni siquiera conocía. El curvilíneo humo que salía de la taza le hizo pensar que quizá él estuviera en ese mismo minuto preparándose otro. Se lo imaginó mirando al infinito, con la mirada perdida puesta en el horizonte y pensando igualmente en ella. Cada sorbo le traía un fragmentito de alguna de las conversaciones que algún día tuvieron. Eran frases a veces incompletas o diálogos enteros que llegaban a su cabeza como pequeños mordisquitos de bombones de diferentes sabores y cajas. Había bombones de afecto que realmente disfrutó, pero también los había de miedo que saboreó con el ceño fruncido, como al darle un limón a un niño. En apariencia eran igualmente buenos; al principio no le daba importancia o incluso le agradaban, pero con el tiempo, al pasar la lengua por sus labios le venía un sabor característico amargo, como el alcohol solo. A palo seco sabían fatal.

En un momento se acabó el café. Siempre se le quedaba corto. No pudo evitar pensar que todo en lo que pensaba corría la misma suerte y aprovechó las últimas gotas antes de seguir con su libro.

26 dic 2011

Preposición indecente

A, ante, bajo, con, contra, de, desde, en, entre, hacia, hasta, para, por, según, sin, sobre, tras. Mediante y durante.

22 dic 2011

Vía 3


Una estación de tren es uno de los mejores lugares donde explorar los sentimientos humanos. Entre las prisas de unos pasajeros y de otros no tan apresurados que descansan en los bancos con la vista fija en el reloj de la pared uno puede encontrarse todos los tipos de emociones que nos invaden cuando se trata de despedirnos de alguien o volverlo a ver después de muchos meses o incluso años.

El veintidós de diciembre la estación Vialia estaba bastante llena, eran vísperas de navidad y todos habían reservado ya el ticket hacia su hogar. Las navidades son unas fiestas agridulces, dado que son días de reencuentro con la familia pero a la vez es momento de alejarte de quienes te han acompañado durante varios meses y con quienes has compartido centenas de carcajadas y momentos íntimos. Una manera de desconectar, dicen algunos. Un recordatorio del lugar de donde vinimos, respondería yo.

Alejados de la multitud, una pareja se besaba en la frontera entre el escalón del tren del coche tres y la plataforma. En cinco minutos miles de pensamientos ondulaban en la cabeza de ella. En un momento le asaltaron decenas de recuerdos que vivieron en esos intensos cuatro meses que pasaron juntos y en los que no tuvieron que decirse adiós. Mientras las lágrimas se escapaban se preguntó cuántas veces más tendría que pasar por eso, cuántos años más habrían de transcurrir hasta que ellos fueran los que se despidieran conjuntamente de sus familias. Mientras el tren se alejaba rápidamente hacia delante y decía adiós con la mano hacia el otro lado del cristal, deseó saltar en el tiempo pata no tener que decirse adiós más.