18 dic 2010

Falsa inmortalidad

Nunca pensamos que esas cosas pasan. Nos dicen que tenemos el futuro por delante.

Estudia, por tu futuro. Debes encontrar a alguien con quien compartir la vida. Esfuérzate y verás los resultados.

¿Para qué?

Si Kike hubiera sabido que le quedaban cinco años de vida, ¿se habría metido a hacer Filología inglesa? ¿Se hubiera quedado tardes enteras frente al ordenador o la televisión? ¿No se habría arriesgado y le habría expresado sus sentimientos a la persona de la que estaba enamorado?

Nos venden la moto de la inmortalidad cuando somos tan frágiles como hojas de papel. No nos damos cuenta de que cada día que nos levantamos de la cama tenemos infinitas posibilidades.

Vete a Australia.
Compra un ferrari y condúcelo sin carné.
Experimenta con las drogas.
Acuéstate con tu vecino.
Corre desnudo por la calle.
Coge una pistola y atraca un banco.
Ve a por ella y repite todo lo anterior.

18 nov 2010

Espacios

Escribía todo seguido, sin separar los párrafos. Con frases largas, como para darle profundidad a sus reflexiones. Me ahogaba al leerlo. Para todo era así, no paraba. En la cola del cine sacaba un cuardernito y empezaba a escribir los gastos del mes. En los anuncios de la tele fregaba los platos o hacía la colada. En la cama sacaba el móvil y llamaba a su madre. No le gustaba esperar. Cuando le dije que me iba a Londres me miró con indiferencia. Cuando volví no vino a recogerme al aeropuerto. Entré en su blog, todo seguía igual. Seguía escribiendo sin espacios, sin pausas, sin dejarme respirar.

E s p e r o q u e c a m b i e s, p e ro cuandolohagasyanoestaréahíparati.

9 sept 2010

Castillos en la arena

Pasaba, el tiempo pasaba. Lenta y dolorosamente. Miraba hacia atrás y sólo deseaba poder dejar de hacerlo. Caminaba con la cabeza en alto, fijando su vista en el nebuloso horizonte donde se dibujaban las siluetas de lujosos palacios de los que había oído hablar desde pequeño. Por la cara le resbalaban gotas de sudor que iban marcando el suelo del esfuerzo acumulado. Cada paso era una pequeña victoria de la que se enorgullecía. Poco a poco aprendió a no pararse a pensar, a no mirar atrás, a no dejarse vencer por el cansancio. Pero todo era inútil. Los palacios eran sólo una vaga ilusión, un ideal quizá eternamente inalcanzable. Lo único que tenía era la tierra bajo sus pies. Su pasado, la realidad de lo accesible, su identidad. Había aprendido durante años a amar esa tierra, había construido castillos de arena y había puesto todo su empeño e ilusión en ellos. Eran inútiles, eran frágiles e incluso tontos, eran polvo que el viento se había encargado de esparcir, pero le encantaba pasar tardes, noches enteras manchándose las manos y sintiéndose un niño otra vez. El pasado, la tierra, esos castillos olvidados era lo único que tenía, y lo amaba. Él era la tierra, era polvo, era el pasado. Dejó de caminar. Se dejó caer sobre sus rodillas y besó la tierra.

7 sept 2010

Si tú no vuelves

Una cabecita se asomó de entre las sábanas y nació una sonrisa que iluminó la habitación durante unos segundos. Sus cuerpos se entrelazaron formando una extraña figura expresionista. Los dos tenían un auricular enganchado a uno de sus oídos y una suave música se transportaba hacia su interior llenando sus almas de sentimientos. Las voces hablaban de una estrella que cada noche contaba a dos enamorados que estaban separados qué tal le iba al otro.

- Esta es mi parte favorita.

La melodía de unos violines entró en la habitación desnudando sus almas y haciéndolos flotar por la ventana. Estaban cogidos de la mano y volaban. ¡Volaban!

- No me sueltes, ¿eh?

Se miraban de vez en cuando entre risas. El viento acariciaba sus cuerpos y los hacía moverse rápidamente. Sus libres cabellos bailaban sin un ritmo fijo pero constante. Ella apretó su mano con fuerza y la estrechó contra sí misma. Él le correspondió con una sonrisa tímida que decía todo. Flotaron por los cielos de la pequeña ciudad durante segundos que se hicieron minutos, que se hicieron horas, que se hicieron años, que se hicieron eternos. La música seguía siendo la protagonista, pero se iba debilitando mientras sus cuerpos caían hacia la superficie. Poco a poco iban cayendo hasta llegar a su terraza. La canción los había devuelto a su lugar de origen, había acabado, proporcionándoles un viaje mágico.

- Ponla otra vez. Porfi.

Nunca


Se encontraron en un frondoso bosque, mareados por la niebla que los rodeaba y sacudía en una fría noche de invierno.

-E… ¿eres tú?

Se acercó a él para tocarlo, pero él se apartó bruscamente.

-Pues claro que soy yo, ¿es que no me reconoces?

Detrás de su largo pelo enredado se ocultaban arañazos en su dulce rostro de niño. Estaba cubierto por una capa y apenas se le veían las manos y los pies.

- Déjame verte.

- No.

Ella se acercó más y le quiso tocar.

- ¡Basta! ¡Déjame! ¡Déjame en paz!

- Qué… ¿qué te ha pasado?

- Nada. Soy así. Siempre he sido así. Contigo me escondía, tenía miedo. Te tenía miedo.

Extendió su brazo y consiguió tocarle la cara. Él tenía la cabeza bien arriba, pero miraba hacia el fondo del paisaje, en el horizonte que se dibujaba entre los troncos de árboles. Su boca se mantenía firme y su tensa mirada tenía odio dentro. Estaba a punto de explotar.

- Mírame.

- No.

- Por favor… Mírame.

- Déjame.

- Mí…ra…

- ¡¡Basta!! ¡Déjame! No quiero saber de ti, no quiero que me toques, no quiero que me hables, no quiero que me mires, ¡no quiero nada de ti! ¡Lárgate! ¡Puta!

Ella rompió a llorar agachada entre sus rodillas mientras él se alejaba lentamente. Entendió que alguien le había arrancado el corazón y lo había lanzado lejos, muy, muy lejos.

Una voz se acercó en la noche para darle paz.

- Descansa, pequeña.

Asustada, se giró hacia la voz.

- Nunca lo tuvo.