silenciosa como el viento,
mudable como el humo de tu cigarro,
que chilla a través de tus ojos
y se escapa precipitadamente
por tus traviesos labios.
Ellos me hablan del peligro
de la noche y sus serpientes
y recuerdo que te gusta el riesgo
de la caída libre,
el bombeo imparable en tu pecho
tan caduco como intenso.
Cuando cierren los locales,
cuando apaguen las luces
algún día,
quizá algún día
ya no me quieras llevar a casa.


