4 jun 2010

Al otro lado


Son las seis de la madrugada y alguien se despierta oyendo gritos al otro lado de la puerta. Él y ella discuten acaloradamente. Unos cuantos tacos y silencios y unos pasos que corren decididos hacia la puerta. Se oye la llave girar dos veces, un portazo y otros pasos acompañando a un leve lloriqueo. Ahora son sollozos, que más tarde pasan a un gran llanto. Él corre decididamente por la calle hacia su casa airado por la conversación, y ella llora en su cama deshecha y lamentando haber dicho algunas cosas. Al otro lado alguien escucha mientras reflexiona sobre si merece la pena pasarlo tan mal por amor y rememora el pasado de esa pareja. De cuando él le hace tallarines a ella, cuando piden pizzas los martes por la noche, cuando él imita a los japoneses y ella ríe a carcajadas, cuando ella habla de él como el hombre de su vida, cuando mientras ven una película se acarician dulcemente, cuando están solos en su cuarto en silencio porque no sienten la necesidad de hablar. Al otro lado de la puerta ese alguien concluye que el amor es maravilloso, que te hace sentir cosas fascinantes, que te hace una persona viva, alguien diferente capaz de dar todo de ti por otra persona. Ella ya ha parado de llorar; sabe que volverá.

2 jun 2010

La piedra

Iba vagando por el vasto terreno buscando un cobijo donde meter a salvo su corazón —y lo que no es el corazón. Estaba herido y quería reparar todo el dolor que le causaron. Cualquier agujero le servía —para reguardarse, me refiero. Intentaba conquistar una por una las guaridas que encontraba a su paso, contando su historia en cada pueblo, era un peregrino en busca de la felicidad eterna. Le cerraban todas las puertas —literalmente, quiero decir—, le negaban su apoyo detrás de cada una. Hacía frío, estaba desesperado y no sabía ya dónde buscar.

De repente todo se iluminó, vio a lo lejos una gran fortaleza donde podría cobijarse y corrió hacia ella; era lo que estaba buscando, era perfecto. Corría y corría y corría ilusionado hasta que ¡PLAF! tropezó con una piedra del suelo. Le podía haber dado una patada, podría levantarse y seguir corriendo, pero en lugar de eso la cogió entre sus manos con cuidado y se preguntó por qué había tenido una caída tan tonta, y, mientras reflexionaba, se preguntaba también por qué no seguía corriendo. Pensó que podría cogerla y seguir avanzando hacia el castillo, pero comprobó que era demasiado pesada. No tenía ningún valor, pero para él significó algo especial el haberse topado con ella. Se sentó sobre ella a pensar mientras veía a lo lejos la gran bandera hacia la que se dirigía y pensó que el castillo estaría siempre ahí, que hay cientos de ellos repartidos por el camino y tiene tiempo de visitarlos e incluso conquistarlos todos, uno por uno. En cambio esa piedra era única, a pesar de que no le daba nada, y podría ser movida en cualquier momento así que no tenía la seguridad de poder volver allí.

Aquella noche entendió que había estado tan cegado con la idea de poder encontrar un sitio seguro que olvidó apreciar las pequeñas cosas del camino, las que realmente hacen feliz al viajero aunque no las tuviera aseguradas. Se quedó abrazado a la piedra y pasó noches enteras en ese mismo lugar. Podría moverse libremente por los alrededores durante el día, pero siempre volvía por las noches para dormir sobre ese trocito de hierba mojada por el rocío cada mañana, porque le hacía sentir vivo.

23 may 2010

Ayer

Ayer no te podías levantar de la cama, te fallaban las fuerzas y te costaba respirar. Ayer me llamaste y te odiaste, quisiste volver al pasado, quisiste reparar tus errores. Ayer te caías sobre el suelo frío y rompías a llorar como un niño. Ayer estabas solo y todo estaba oscuro. Ayer no había hoy.

Hoy sacudes mareado la cabeza y piensas en ayer como un mal sueño. Hoy te levantas y te haces un bocadillo mientras revisas las noticias del día. Hoy lo comentas con los amigos. Hoy me niegas. Hoy es un juego, es sólo diversión hasta que encuentres otra diversión. Hoy te ríes del ayer. Hoy no hay ayer.

8 may 2010

Sombras


Las decisiones que tomamos... Nuestros actos, palabras. Nuestras miradas y gestos. Todo tiene una consecuencia. Vamos tejiendo el tapiz de nuestro destino rapida e inconscientemente y llegamos al final sin darnos cuenta. ¿Por qué? Nos preguntamos entre lágrimas, pero ya es tarde. Porque no debiste..., porque ahora sólo eres... El recuerdo del pasado es tu sombra. Caminas mirando al frente, todo va bien, pero miras hacia abajo y te das cuenta de que no te puedes separar de ella. Nunca olvides que eres vulnerable, que eres una tonta, que eres una niña.

Disfruta de cada sonrisa porque quizá sea la última.

3 may 2010

Forget-it


Desde hace un mes cada día se está cayendo uno al suelo, y con esa caída también se hunde en mi cabeza un recuerdo que se pierde. Hace dos semanas se despegó aquella tarde sentados en las escaleras, tres días después el concierto, la semana pasada tu primera felicitación de cumpleaños, ayer se cayó nuestro primer beso y hoy lo ha hecho el día en que nos conocimos. Cuando se caen los recojo y me empeño en pegarlos de nuevo, tratando de que no se pierda ninguno de esos momentos, y a la vez me pregunto por qué insisto en recolocarlos. Poco a poco se van cayendo más y con más frecuencia, y con cada caída se van quedando sin pegamento. Desgastados, algún día dejarán de sostenerse sobre la pared y todo habrá pasado. La pared quedará limpia.