
Son las seis de la madrugada y alguien se despierta oyendo gritos al otro lado de la puerta. Él y ella discuten acaloradamente. Unos cuantos tacos y silencios y unos pasos que corren decididos hacia la puerta. Se oye la llave girar dos veces, un portazo y otros pasos acompañando a un leve lloriqueo. Ahora son sollozos, que más tarde pasan a un gran llanto. Él corre decididamente por la calle hacia su casa airado por la conversación, y ella llora en su cama deshecha y lamentando haber dicho algunas cosas. Al otro lado alguien escucha mientras reflexiona sobre si merece la pena pasarlo tan mal por amor y rememora el pasado de esa pareja. De cuando él le hace tallarines a ella, cuando piden pizzas los martes por la noche, cuando él imita a los japoneses y ella ríe a carcajadas, cuando ella habla de él como el hombre de su vida, cuando mientras ven una película se acarician dulcemente, cuando están solos en su cuarto en silencio porque no sienten la necesidad de hablar. Al otro lado de la puerta ese alguien concluye que el amor es maravilloso, que te hace sentir cosas fascinantes, que te hace una persona viva, alguien diferente capaz de dar todo de ti por otra persona. Ella ya ha parado de llorar; sabe que volverá.



