Nadie me quiso contar
que la vida es un terrible océano
y los latidos las olas que la empujan
hacia rocas u orillas.
Nadie quiso que supiera
que nada existe como cierto,
que todo muere y mientras
algo se crea.
Ni que los años pasan en la frente
y causan arañazos en el alma
ni que cada atardecer presiente el frío,
ni que al final uno se convierte en náufrago
aferrado a la tabla de su nombre,
perdido,
dejando barcos y botes pasar.
Y al final agua queda
rodeándonos o sumergiendo
a quienes no saben nadar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
susurros