
Tienes cara de sueño y pones los ojitos tiernos, como si fueras un niño que necesita un gran abrazo. Eres muy dulce y me dan ganas de comerte enterito. Despeinado, con una sonrisa de ojeta a oreja y con los ojos brillantes como soles. Tienes miedo, lo sé. Pero disimulas bien, no quieres que se note que es la primera vez que estás así con una chica.
Pruebo a acariciarte la mejilla, me encanta que estés así, tan sumiso, tan mío. Me acerco lentamente a tus labios y tú estallas en una carcajada. Me encanta. Me siento encima de ti. Te levanto la camiseta y subes los brazos. Sé que todo esto te encanta a ti también. Me coges de la cintura. Te da miedo, estás temblando y tienes una sonrisa nerviosa ahora.
- Shhhh...
Te pido que me quites ahora tú a mí la camiseta. Te ríes. Tus manos torpemente lo hacen, con mucho cuidado. Estás nervioso, pero yo estoy muy tranquila. Lo haremos todo despacio, para saborear cada beso, cada caricia, cada abrazo, cada susurro. Despacito.
Sé que no vas a olvidar este momento y nunca haré nada para que quieras borrar estos minutos de tu memoria. Tragas saliva y tus manos empiezan a rodear mi cintura. Sonrío. Vas tomando la iniciativa. Me muero de ganas de que me quites el sujetador, pero no quiero decírtelo. Te desabrocho un botón del pantalón con cuidado y levanto la cara para mirarte. En tu cara se refleja miedo y nerviosismo y me pides que pare, pero sabes que no lo haré. Te desabrocho el siguiente y te vuelvo a mirar. Amenazas con castigarme y te respondo con una sonrisa pícara. Seguimos besándonos. Tu lengua busca la mía desesperadamente y oímos el sonido de nuestros besos. Te bajo la cremallera, quiero hacerte temblar de verdad.