9 abr 2010

There's no place like home


De nuevo en mi cuarto. El mismo donde Puri me vestía por las mañanas. Me servía la leche ardiendo y recuerdo que me daba vergüenza decirle que pusiera la taza unos segundos menos en el microondas. Siempre íbamos al colegio con prisas por culpa de eso. Me estaba cinco minutos soplando la leche. El mismo donde lloré cuando dejé a mi exnovio una noche antes de dormir. Donde venía a mediodía cuando me escapaba del comedor porque no me gustaba ni la comida ni la compañía. Donde estudiaba incansablemente día y noche para mis exámenes de Historia del arte. Donde me senté a enseñarle fotos. Donde tantas y tantas veces he estado con mi hermana a mi lado y cualquier excusa nos servía para levantar los ojos de los apuntes y ponernos a reír. Desde donde oigo a mis padres gritar e insultarse. Desde donde lloré como una tonta porque creí que se separaban una noche en que mi hermana se acercó a mi cama y me lo susurró. El mismo donde me encierro para hablar por teléfono con mi abuela. Donde se acercó Susana a preguntarme si quería que me ayudara con mis deberes de inglés. Y el mismo desde el que hoy escribo mirando hacia atrás. Cada rincón, cada superficie, cada esquina, cada estante, cada armario me traen recuerdos indelebles. Hoy las paredes apenas tienen posters, saben que nadie vive aquí. Las mismas que un día me apretaban hasta ahogarme y hoy me abrazan cálidamente. Han pasado muchos años pero no se nota el paso del tiempo. Me pregunto si volveré a pasar mi vida entre estas cuatro paredes. Durante años he pensado que no regresaría, pero estos días me doy cuenta de que no hay nada como mi casa, mi cuna, mi reinado. E inevitablemente me pregunto qué hice mal para sentirme hoy así.

20 mar 2010

Gritar

Y gritarte que te quiero. Decirte desde el otro lado del barranco lo mucho que te necesito en mi vida, que sin ti la tierra se abre y me atrapa entre sus raíces que se me enredan por todo el cuerpo. Que quiero acariciarte, ver tu carita sonreírme sólo a mí. Mirarte a los ojos y adivinar tus pensamientos. Abro la boca y cojo aire para chillarte, pero no tengo voz. El viento sacude mi melena y tú intentas oír desde el otro lado. Finalmente se me escapa un hilo de voz y susurro que no voy a dejar de luchar. Tú me sonríes al otro lado. No me has oído, pero no te hace falta.

11 mar 2010

Mediocridad


El protagonista de esta historia no es un apuesto príncipe de un reino lejano, ni un héroe de fuerza divina y gran corazón. Es un chico normal y corriente, así es como lo describían sus amigos y allegados. No tenía un palacio, ni caballo, ni siquiera tenía dinero para ir al cine los miércoles. Era un joven no demasiado apuesto, a menudo rechazado por las mujeres a las que se acercaba. No tenía ninguna habilidad, ni destacaba por nada en concreto en el colegio. Era lo que se diría un chico mediocre que siempre pasó desapercibido.

Cierto día conoció a otra chica igualmente común, corriente y mediocre a los ojos de la sociedad. Era una chica algo más joven, de pelo rubio ondulado y una preferencia notable por el color verde. Le gustaban los pantalones pitillo, el café solo con un par de sobrecillos de azúcar, el olor a pan recién hecho, explotar las burbujas de los plásticos de embalar e irse a la cama recién duchada y con las sábanas y el pijama limpios. Para él, ella era única; se convirtió en alguien por quien luchar. A partir de ese momento él siempre estaba allí para ella ,fijándose atentamente en esos pequeños detalles que la hacían especial, ofreciéndole su apoyo , esperándola a la salida del trabajo, mandándole mensajes que no esperaban ser respondidos, compartiendo horas en silencio y quietud cuando ella se sentía sola, ingeniándoselas para conseguir dinero e invitarla a cafés solos, en interminables horas de teléfono y transporte, prestándole libros que sabía que podían ayudarla cuando se sentía decaída, robándole el sueño de noche y arropándola con su ternura de día.

De esta forma poco a poco nuestro pequeño y vulgar chico se convirtió en un gran caballero merecedor de su propio cuento. Ninguno de los dos era mediocre ya. Eran cada uno alguien incapaz de algo y de tantas cosas al mismo tiempo, nada y todo para el otro, la causa de la felicidad de otro ser humano. Héroes, al fin y al cabo, disfrazados de mediocridad.

Porque no hay personas corrientes, sino observadores mediocres.

6 mar 2010

Secretos

Se pasaba las noches escribiendo en su cuarto. A veces le daban las cinco o las seis de la madrugada en días en que se encontraba especialmente sensible, y otras se proponía quedarse para ver el amanecer desde su terracita. Escribía sobre amor, sobre celos, venganza, dudas, complicidad, inseguridad, sobre el miedo… Condensaba su vida en pequeños frasquitos de palabras que mantenían vivas sus experiencias. Nadie la leía, ni siquiera ella misma. Le gustaba sentarse frente al ordenador e ir tecleando, dejando fluir sus sentimientos hasta que no quedaba una gota de ellos para poder irse a la cama y descansar.

Una noche él encontró su ordenador encendido. Sabía que Helena se acostaba muy tarde, pero creía que era por cosas del trabajo, como ella le decía. Cuando vio la pantalla brillante en la oscuridad de la noche, como si de una aparición religiosa se tratase, se quedó petrificado unos segundos. La idea de poder acceder a sus secretos más ocultos era tan fuerte como su deseo de irse de casa para evitar violar su intimidad. Estuvo en silencio unos momentos, en tensión, hasta que por fin no pudo evitar correr hacia la mesa para saciar su curiosidad.

Se sentó y rápidamente buscó entre sus documentos. Vio cientos de archivos agrupados en carpetas: Imágenes, Trabajo, Escuela, Portfolio, Máster, Archivos recibidos, Presentaciones… ¿”Amaneceres”? Echó un vistazo allí y descubrió una gran fila de documentos. Nervioso, abrió uno de ellos y leyó las dos primeras líneas “Estoy sola en el salón, Carlos ha salido con unos amigos y me siento algo sola hoy”… Suspiró. Dudó unos instantes antes de continuar leyendo.

Siguió leyendo uno a uno los textos que desnudaban el alma de su compañera. Con cada uno se volvía un poco más débil, un poco más sabio, un poco más infeliz. Lloró mientras leía, pensó en dejar de hacerlo, pero ya estaba totalmente metido en el crimen que le estaba destruyendo. No hacía vuelta atrás. Penetró en sus secretos más profundos, sintió cosas que hasta ese día nunca había notado, reconoció sus propios errores reflejados en el estado de ánimo de Helena, lamentó no haber sabido escucharla cuando gritaba por dentro, no haber estado ahí tantas noches en que salía con sus amigos de cañas y el haber subido al piso de Patri.

Mientras leía recordó que ella siempre le había puesto buena cara cuando volvía borracho, cuando le obligaba a mantener relaciones, cuando se quejaba por la comida o cuando sus camisas no estaban limpias y planchadas. Esa noche comprendió que iba acumulando toda su tristeza durante el día, para por las noches descargar toda su rabia e infelicidad sobre el teclado.

Cuando Helena abrió la puerta le encontró temblando inclinado sobre la mesa. Estaba llorando, cubriéndose la cara. Corrió hacia él para abrazarle, pero él la apartó bruscamente y salió de casa todavía tapándose y dando un portazo. Cuando miró la pantalla del ordenador, entendió todo.

1 mar 2010

Ayer


Recuerda esos días. Una vez más, las imágenes le vienen a la cabeza.
Hay algo más
Esa cuchillada, la sangre y las lágrimas y el sentimiento de impotencia.
Lo nuestro es imposible
Se pregunta una y otra vez cómo puede haber gente así.
En cualquier circunstancia iría
Cómo le ha podido pasar a ella.
Te manipula
Cómo ha podido ser tan tonta.
No volverá a pasar
Cómo es posible que haya tan poca humanidad en un ser irónicamente humano.
Sólo quiero decirte una cosa
Si se va a volver a encontrar con personas con tanta maldad en su corazón.
Me siento liberado
Si
le
va
a volver
a pasar.

...

Vuelve la vista hacia atrás, cuando era una, sola. Limpia, con los ojos vendados, reía ignorante y feliz.

¿Te quieres casar conmigo?