
De nuevo en mi cuarto. El mismo donde Puri me vestía por las mañanas. Me servía la leche ardiendo y recuerdo que me daba vergüenza decirle que pusiera la taza unos segundos menos en el microondas. Siempre íbamos al colegio con prisas por culpa de eso. Me estaba cinco minutos soplando la leche. El mismo donde lloré cuando dejé a mi exnovio una noche antes de dormir. Donde venía a mediodía cuando me escapaba del comedor porque no me gustaba ni la comida ni la compañía. Donde estudiaba incansablemente día y noche para mis exámenes de Historia del arte. Donde me senté a enseñarle fotos. Donde tantas y tantas veces he estado con mi hermana a mi lado y cualquier excusa nos servía para levantar los ojos de los apuntes y ponernos a reír. Desde donde oigo a mis padres gritar e insultarse. Desde donde lloré como una tonta porque creí que se separaban una noche en que mi hermana se acercó a mi cama y me lo susurró. El mismo donde me encierro para hablar por teléfono con mi abuela. Donde se acercó Susana a preguntarme si quería que me ayudara con mis deberes de inglés. Y el mismo desde el que hoy escribo mirando hacia atrás. Cada rincón, cada superficie, cada esquina, cada estante, cada armario me traen recuerdos indelebles. Hoy las paredes apenas tienen posters, saben que nadie vive aquí. Las mismas que un día me apretaban hasta ahogarme y hoy me abrazan cálidamente. Han pasado muchos años pero no se nota el paso del tiempo. Me pregunto si volveré a pasar mi vida entre estas cuatro paredes. Durante años he pensado que no regresaría, pero estos días me doy cuenta de que no hay nada como mi casa, mi cuna, mi reinado. E inevitablemente me pregunto qué hice mal para sentirme hoy así.



